- Arde tu corazón donde el espanto hiela -

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14 de marzo de 2017

Alma y el interruptor.

Alma enciende el interruptor, pero no prende la luz. Se trata de otro tipo de interruptor, uno que bloquea la culpa. En ese momento, Alma salta, juega, ríe, besa, ama, coge, y puede hacerlo con libertad. Le atrae reflexionar sobre el concepto de libertad, sobre lo que realmente significa y la definición que se le atribuye. Alma ha aceptado que no es libre, que no lo ha sido nunca y tampoco lo será. De hecho, está segura de que nadie lo es, que la prisión puede ser externa o interna, impuesta o permisiva, ajena o propia, y que en distintos niveles somos prisioneros de distintas cosas. Alma se aprisiona en la culpa. Le da culpa ser feliz, gozar, desnudarse de todo tipo de ataduras. Se ha convencido de que es un ser triste, y que esos pequeños flashes de risas significan pecado. Una manzana prohibida que tendrá su castigo. Entonces se redime, pide disculpas a la nada misma, se autoflagela metafóricamente y, casi sin notarlo, vuelve a encender el interruptor.

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