- Arde tu corazón donde el espanto hiela -

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7 de diciembre de 2016

Oscuridad

Qué rápido que se decepciona a los demás, de hecho creo que nací con un don para hacerlo. Debo haber nacido en un mundo con expectativas muy altas, o con un talento irrefrenable para desentenderlas. ¿Esto se trata de las intenciones? ¿Debo replantear algo de eso? Porque parece que incluso cuando las intenciones son buenas, si el fracaso está destinado no hay forma de esquivarlo. Como al fin y al cabo no se puede evitar la muerte. Quizás nadie sepa "por dónde va mi vida", y una parte de mi se pregunta por qué tendrían que saberlo, cuando es mi vida y no la de ellos. 

Insisto en este punto, es fácil conseguir que la gente se enoje conmigo, ¿acaso soy tan poco comprometida? De ser así, ¿por qué luchan contra eso? ¿Por qué no me dejan en mi defectibilidad? ¿Dónde empieza la búsqueda de la armonía y dónde termina el deseo de controlar todo? Sé muy bien de eso, por lo menos mi deseo de control va hacia mi misma. Un intento fallido está claro. 

Que bendigan a la pobre persona que pueda controlarse en su plenitud, jamás conocerá la sorpresa de la espontaneidad.

¿Qué es una expectativa? ¿Es correcto tener una? ¿Hasta qué punto las expectativas generan el orden social y hasta qué punto lo alteran? ¿Por qué debemos esperar que los demás actúen de cierta forma lógica o moral? ¿Por qué mi libertad se haya tan limitada en consecuencia de los deseos ajenos? 

Y si pierdo una tarde entera con los ojos en los sueños, ¿quién se perjudica o beneficia? ¿Cuánto del tiempo propio se debe gastar en pos de los demás? ¿Por qué los fantasmas de las buenas impresiones siempre se esconden bajo la cama, o en el placard, o en la sombra misma?

Aún busco el capítulo donde empiezo a ser yo y no un borrador de alguien más. Aún pruebo mi firma para saber cuál se parece más a mi. Me identifico con nuevas enfermedades, con distintas relaciones, con sesiones de terapia que resultan más productivas que otras. Me hallo en libros, me pierdo en series. Me felicito y me castigo constantemente, aunque tengo que admitir que últimamente sirve más castigarse. Me callo la mayoría del tiempo y cuando hablo es para ocultar lo que callo. Soy un mago que distrae a su público mientras esconde otra cosa. Sólo que no sé qué escondo. Prefiero no hablar de ello. No aceptar las angustias, las significaciones donde es mejor victimizarse, donde en cada batalla que pierdo yo misma me escarifico y crucifico a mi vencedor. Por que todo eso es parte de mi oscuridad, mi hábitat más frecuentado. Y como no quiero arrastrar a nadie acá, vago entre la luz y la oscuridad, por lo que a veces soy visible y a veces me escondo. Por eso el silencio, y el aura negativa. Y este lugar se está ganando mi cariño lentamente.

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