- Arde tu corazón donde el espanto hiela -

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7 de diciembre de 2016

Las líneas de Alma

Alma tenía ocho años entonces. Caminaba sobre las uniones de baldosas rojas de gran tamaño. No pisaba el interior, sólo las líneas. Giraba hacia un lado, después al otro, había inventado un laberinto donde no había minotauro que la persiguiera pero si un hilo de Ariadna a quien seguir. Hilo que eran las líneas. Le gustaban las líneas, representaban orden, seguridad, límites claros, una ligera sensación de aventura y de intriga, pero sobre todo porque sabían guiarla, porque por ellas podía dar el siguiente paso. Lo único que la hacía dudar por las noches, cuando despertaba de sueños de líneas perfectamente dibujadas, era que esas líneas nunca las hacía ella, siempre eran confeccionadas por alguien más, de la forma en que alguien más quería. Alma sólo caminaba sobre ellas, las exploraba, las memorizaba, y hasta llegaba a quererlas. Eran su mapa y su rumbo.

Alma jamás detenía su recorrido. Pasaba de un tipo de líneas a otras, siempre pisándolas, dejando su huella en ellas. Primero eran líneas grises rodeadas de marrón, después eran negras entre baldosas plateadas, incluso una vez se encontró ante el desafío de líneas curvas, rodeadas de un empedrado. Un día, la línea que seguía terminó. Alma nunca había imaginado un mundo sin líneas. Por primera vez en mucho tiempo, en sus paseos diarios, alzó la cabeza y vio toda una superficie plana, sin líneas.

Ese día Alma lloró mucho, y no paraba de repetir que estaba perdida, a pesar de que su madre estaba a su lado tomándole una mano y su abuela la llamaba desde la entrada de su casa.


Oscuridad

Qué rápido que se decepciona a los demás, de hecho creo que nací con un don para hacerlo. Debo haber nacido en un mundo con expectativas muy altas, o con un talento irrefrenable para desentenderlas. ¿Esto se trata de las intenciones? ¿Debo replantear algo de eso? Porque parece que incluso cuando las intenciones son buenas, si el fracaso está destinado no hay forma de esquivarlo. Como al fin y al cabo no se puede evitar la muerte. Quizás nadie sepa "por dónde va mi vida", y una parte de mi se pregunta por qué tendrían que saberlo, cuando es mi vida y no la de ellos. 

Insisto en este punto, es fácil conseguir que la gente se enoje conmigo, ¿acaso soy tan poco comprometida? De ser así, ¿por qué luchan contra eso? ¿Por qué no me dejan en mi defectibilidad? ¿Dónde empieza la búsqueda de la armonía y dónde termina el deseo de controlar todo? Sé muy bien de eso, por lo menos mi deseo de control va hacia mi misma. Un intento fallido está claro. 

Que bendigan a la pobre persona que pueda controlarse en su plenitud, jamás conocerá la sorpresa de la espontaneidad.

¿Qué es una expectativa? ¿Es correcto tener una? ¿Hasta qué punto las expectativas generan el orden social y hasta qué punto lo alteran? ¿Por qué debemos esperar que los demás actúen de cierta forma lógica o moral? ¿Por qué mi libertad se haya tan limitada en consecuencia de los deseos ajenos? 

Y si pierdo una tarde entera con los ojos en los sueños, ¿quién se perjudica o beneficia? ¿Cuánto del tiempo propio se debe gastar en pos de los demás? ¿Por qué los fantasmas de las buenas impresiones siempre se esconden bajo la cama, o en el placard, o en la sombra misma?

Aún busco el capítulo donde empiezo a ser yo y no un borrador de alguien más. Aún pruebo mi firma para saber cuál se parece más a mi. Me identifico con nuevas enfermedades, con distintas relaciones, con sesiones de terapia que resultan más productivas que otras. Me hallo en libros, me pierdo en series. Me felicito y me castigo constantemente, aunque tengo que admitir que últimamente sirve más castigarse. Me callo la mayoría del tiempo y cuando hablo es para ocultar lo que callo. Soy un mago que distrae a su público mientras esconde otra cosa. Sólo que no sé qué escondo. Prefiero no hablar de ello. No aceptar las angustias, las significaciones donde es mejor victimizarse, donde en cada batalla que pierdo yo misma me escarifico y crucifico a mi vencedor. Por que todo eso es parte de mi oscuridad, mi hábitat más frecuentado. Y como no quiero arrastrar a nadie acá, vago entre la luz y la oscuridad, por lo que a veces soy visible y a veces me escondo. Por eso el silencio, y el aura negativa. Y este lugar se está ganando mi cariño lentamente.