- Arde tu corazón donde el espanto hiela -

__________________________________________________

15 de febrero de 2016

Alma y las presiones

A Alma le gustaría no sentirse presionada. Ser capaz de aliviar la carga que lleva en su espalda con un fuerte soplido lobezno. Le gustaría olvidarse del orden y de los horarios. Olvidar las responsabilidades. Arrancarse entre risas los nervios que crean un hormiguero en su vientre. Poder dormir de noche con sólo apoyar la cabeza en la almohada. No enroscarse en las sábanas de tantas vueltas. Alma desearía sonreír por lo que ama y dejar de lado aquello que la perturba. Soñar un poco. Volar más. Particularmente, que no le importe lo que los demás digan de sus deseos. Aprender - realmente - cómo andar en bici y cómo nadar. Empezar a querer a la lluvia. Suspirar livianamente. Alma anhela que, algún día, los engranajes industriales de su mente que funcionan las veinticuatro horas corridas, se derritan como chocolate y ella pueda comerlo.

Aún así, Alma sigue despertando cada día a cualquier hora con una sensación de insatisfacción en el pecho y con sus ideas montadas sobre una montaña rusa. Sigue conciliando el sueño cuando ya todas las luces de la ciudad están apagadas. Pero sueña como una niña, siempre, y eso no puede cambiar.