- Arde tu corazón donde el espanto hiela -

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20 de diciembre de 2015

Alma y sus quince minutos

Quince minutos es el tiempo pronosticado para muchas cosas: para una ducha, para hacer zapping hasta que encontrás algo que te guste realmente, para escuchar algo de música antes de salir, para preparar fideos. Quince minutos para una conversación de teléfono, para desayunar, para reír, para cantar.
Los que más le gustan a Alma son esos quince minutos que tarda León en llegar hasta ella, minutos donde la ansiedad aprieta la mandíbula y hace repiquetear el pie derecho, donde la imaginación crea decenas de propuestas que terminan en sonrisas. Quince minutos de "avisame cuando salis" y "no toques el tiempo porque está durmiendo".

El tiempo suele jugar el papel de enemigo, pero no es así para Alma. Ella agradece al reloj, al que observa detenidamente hasta que la aguja llega a donde se espera y corre a la puerta con las llaves en la mano y alguna canción sonando en la garganta. Del otro lado de la puerta, su león le ruge.