- Arde tu corazón donde el espanto hiela -

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23 de agosto de 2015

Planta oruga

Dejó que sembraran en ella la semilla del miedo: fue tierra fértil de frutos crueles, alimentó con sus proteínas al dolor, a la inseguridad, a los aberrantes celos. Atrás quedó la brisa de verano que sacudía los tallos de su rostro, creció planta mala antes de poder erradicarse a sí misma. Una espina por un lado, una hoja comida por el otro, repartió su terror en cada raíz cercana, se cubrió de un manto de mentiras y escudos, de malas experiencias, de desconfianza. Le fue imposible sentir la calidez del rayo del Sol sobre su cuerpo nuevamente, se volvió planta oscura, planta marchita. Ni los mejores tratamientos pudieron revivirla, pero ni las peores tormentas consiguieron matarla. Planta nació planta quedó, en ese estado de efervescencia interior constante, sangre que se agita pero no explota, no se muestra. Planta que prefiere que nadie se le acerque a curarla, no de nuevo, porque cualquier caricia podría ser un letal cuchillazo. Así llegan las mejores heridas, disfrazadas de cariño.

Planta sola, planta oscura. Planta que prefiere ser planta y nada más, planta que, como oruga, araña la soledad desapercibida, la anhela y la desea. Ya no los escenarios, ya no los rayos de luz apuntándola a ella. Ya no quiere ser mariposa de nadie, porque aunque viva con intensidad, como mariposa sólo vive un día. Y se pregunta si es mejor quedarse planta, quedarse tierra, quedarse oruga, creyendo que la constancia y el silencio harán su vida menos dolorosa. ¡Cómo si no hubiera dolor en las sombras! ¡Cómo si no hubiera llantos en los camerinos! ¡Cómo si la oruga no sufriera en su capullo esperando por quien no es y no sabe cuándo será!

Qué planta, que oruga tan idiota.

Fantasma

A veces siento que me jalan la mano,
o presiento la sombra de un beso
en la comisura derecha de mi boca,
y sé que es tu fantasma
merodeando cerca.

Incluso te huelo en otras pieles,
te veo en otros rostros,
te recuerdo en otras peleas.

Te llamo en otros nombres
(pero sólo en mi cabeza)
e inspecciono autos ajenos
(por si sos quien conduce).

Aconsejo en otras historias
donde alguno de los protagonistas
se te asemeja,
te maldigo cuando me invade
una nostalgia desconocida
y sin motivos.

Pero eso es solo
cuando dejo de olvidarte
y regreso a tu frecuencia,
aquella que trato de evitar.
Y parpadeo y ya no te veo,
no me acuerdo de quien sos,
y el tiempo hace un desconocido.

Eso sos, nada más.
Un pasado que murió
hace lo que pareciera un siglo atrás.

17 de agosto de 2015

El esfuerzo puede con todo.

Qué bello es el regreso. Son manos que había soltado, abrazos cuyo calor había muerto en un desierto que decidí atravesar. La soledad más dura es la que uno elige. Perfumes del pasado y perfumes nuevos, sonrisas y voces que ya estoy guardando en el cajón de memorias que durarán por mucho tiempo. Tengo clavadas sonrisas, palabras, miradas de un magnífico retorno. Hay una energía entre las personas que no se quiebra, pensamientos e ideales que no se doblegan ni aunque se los intente reprimir. Si la admiración ha de ser pecado verticalista, peco de ello porque, con suma sinceridad, admiro a este grupo de personas que, sin miramientos ni vacilaciones egoístas - cosa que a más de uno le sobra, incluso a mi - dan todo su compromiso. Como decía uno de la manada, el esfuerzo puede con todo, y esta gente esfuerzo es lo que transpira. Su manera de ver el mundo, la negación al asistencialismo como una propulsión a la horizontalidad. Codo a codo con el mundo, respirando y viviendo como uno más, sin estratos, sin calidades, sin miradas de reojo ni prejuicios. Voluntarios que toman su dedicación y la utilizan como estandarte, la voluntad es su única bandera.

No sé si es un agradecimiento lo que se les debe, después de todo no es lo que quieren recibir. Sólo sería preciso admirar un poco de esa luz que despliegan. Tomar esa luz, contagiarla como única cura a la enfermedad universal del egoísmo y la indiferencia y curar así males peores que las crisis económicas o el cáncer. Males serios, como la deshumanización.

Y acá estoy yo, una antigua o nueva voluntaria de un grupo sin nombre real ni relevante. Sólo yo, decidiendo pisar un sendero con estas luces que ojalá, algún día, puedan iluminar cada camino del mundo.

16 de agosto de 2015

¿Qué te ves haciendo en un futuro?

A todos nos preguntaron eso al menos una vez en la vida. Tal vez fue la abuela, una tía lejana que no sabe nada de nuestras vidas, o peor, por ahí fue tu vieja, tu hermano, la señora que vive al lado. Lo que importa en sí no es quién lo pregunta, sino la respuesta que, por supuesto, es siempre una mentira. Decime la verdad, ¿enserio te imaginas siendo una periodista pagada por el oficialismo o el grupo Clarín? No, peor, ¿querés ser médico, psicólogo, dentista, ingeniero, arquitecto, cocinero? ¿En serio queres eso? ¿Deseas algo tan burgués como una profesión para tu futuro? No no, ya sé, me vas a decir algo muchísimo más puro como que queres una familia, hijos, un acompañante de vida que esté para siempre. Baja de la nube, primero conseguirlo a estas alturas es muy difícil y segundo, dudo muchísimo que sea el verdadero deseo de tu alma egoísta. Todas las almas son egoístas, todos los somos, algunos tienen la poca decencia de no disimularlo, porque después de todo vivimos bajo una cultura que hasta el hecho de hacernos los buenos es algo armado. 

Me preguntaron muchas veces qué quería ser "cuando grande", qué me veía haciendo en el futuro. Uno siempre responde lo mismo, ¿viste cómo es? Aunque sabe que posiblemente no se cumpla, aunque sabe que es un discurso armado para todas esas personas curiosas y que, como también tienen su frasesita ensayada, quieren saber cuál es más habilidoso a la hora de hacerlo creíble. Suelo decir que quiero estar en una radio siendo locutora, que amaría escribir en una revista, a su vez laburar medio tiempo en una empresa donde me toque la parte de prensa o publicidad y que, claro, ya esté en proyecto la secuela de un libro que me hará muy famosa y me hará sentir satisfecha conmigo mismo.

Hoy, domingo por la noche de un fin de semana largo, vislumbro la verdad. ¿Cómo decirte, lector posible, que no es verdad que me veo rentando un departamento del centro de Capital que me cruce con toda la calidez bohemia de la Ciudad y que, entre botellas y botellas vacías de alguna bebida alcohólica, una notebook reciba mis escritos con condescencia casi lastimera? Así me veo, al menos así me veo ahora que un licor de chocolate está envenenándome las venas.

12 de agosto de 2015

Crisis no-económica

La palabra es miedo,
pero el sentimiento es bronca.
Tal vez sean los dos.
Desearía que no tuviéramos pasado,
así sería todo más fácil.
Sin huellas no hay dolores ni inseguridades,
aunque tampoco aprendizaje.
Creo que esta vez la crisis llegó
mucho más rápido que la última vez.
Lo extraño es que las causas son otras,
y donde debería existir una inflación
de recuerdos de otras bocas,
hay una caída en la inversión de mi autoestima.
Debería dejar de escuchar las conferencias
de nuestro querido ministro de economía.

8 de agosto de 2015

"No me importa perder hoy, y no me importa si nos perdemos"

Tengo una pregunta tuya en la memoria,
o quizá sean diez.
Más que preguntas afirmaciones.
Más que afirmaciones,
oraciones donde te derretís
y me derretís también,
llevándome con vos
a los aposentos de Hades.

No me importa quemarme,
y a vos tampoco.
No nos importa perder
porque pensamos que no hay mayor victoria
que mis dedos sin uñas apretándote contra mi
y tu boca haciendo un tour en la piel de mi cintura.

Son tus viajes epidérmicos
en el terreno de mi silueta
los que están desquiciando todo,
los que graban con fuego
pequeños filmes en mi psiquis.
Muero en el perfil de tu rostro iluminado
por una luz que llegó como condena y castigo
- y después como torbellino de deseo -,
también en tu par de labios carnosos y oscuros
que, abiertos, cantaban entrecortado.

Tu ceño fruncido que,
sorpresivamente,
se parece al mío,
sí, a ese mismo que hago
cuando a pesar de mis "no, no, no, no"
haces exactamente lo que te da la gana.
Ese ceño fruncido que no es de enojo,
sino de puro consentimiento frustrado,
de buen ruido reprimido por las circunstancias,
de respiraciones que podrían derribar una casa.

Nosotros preferimos derribarnos a nosotros,
sabiendo que incluso así,
seguimos ganando.