- Arde tu corazón donde el espanto hiela -

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31 de mayo de 2015

Ven conmigo.

Ven, vamos a sentarnos junto al fuego. Tu mano mantendrá las brazas y yo nos cubriré con una manta de lana. Ven, convierte lo externo en interno, ese calor te abrazará la garganta y se hundirá en tus entrañas. Puedo sentir el cabello erizado de tus brazos chocar contra mi piel y erizarme también a mi. Ven, que estando cerca estas lejos, lejos como a una milla de aquí, donde tus pensamientos se materializan. Los desconozco, sólo sé de tu imaginación volando porque entre locos nos entendemos. Ven, déjame traerte a la realidad de la belleza tácita y no tan tácita de las palabras. Te endulzaré el ego con elocuencia y la oreja con mi sabia. Que mi boca amaría esconderse donde las sombras alcanzan tu cuello, en ese hueco que te llevaría de ida y vuelta al cielo. Ven, sólo una noche. Abrí ligeramente los brazos en señal de paso libre y de todo lo demás me encargo yo.
Me han transformado. Han erradicado la bondad y la ingenuidad de mi antigua mirada de niña. Me han demostrado que en este mundo sólo se puede continuar de pie si pierdes la inocencia. Ya no hay ángel, ni aureola, ni alas. Estoy castigada a este mundo terrenal, pero al menos me quedan los principios hedonistas. Una vida entera guiada por la moral y lo correcto, ¿y a qué me ha llevado? Éso forma parte de otra historia, lejos de mapa que quiero trazar sobre tu piel.
Que me lleve el infierno, el cielo, la tierra, el limbo. Que me lleve quién quiera y cómo quiera, pero mientras mi par de mi pies te vislumbren como objetivo, el pecado es lo primordial.
Ven, déjame que te robe todas esas prendas que están de más. Conseguí que el calor se filtrara en nuestra sangre y es hora de dejarla bullir. Ven, déjame controlar tus manos sobre mi cuerpo y tu mirada en mi intimidad. No sabía que era capaz de ésto hasta que te encontré: ahora soy capaz de todo. Ven, entrecierra los párpados, grita piedad a quien quieras porque yo no voy a escucharte, padece como un premio este torbellino de intensidades.

Ven, sobre, bajo, junto, y todas las preposiciones que quieras, sólo ven conmigo.

23 de mayo de 2015

Amor

Caer en el intento de describir el amor y otras maneras de perder el tiempo. Maldita tendencia a intentar conceptualizarlo como si de esa manera pudiésemos entenderlo, o aún peor, controlarlo. ¿Cuándo vamos a entender que el amor es una suerte de ente externo-interno que hace con nosotros lo que se le antoja? No hablamos de un Cupido que nos flecha, ni siquiera de un rayo que cae sobre nosotros como un tal Julio decía. Es algo afuera, algo ajeno, que no tiene forma ni maneras. Algo indescriptible, y ni siquiera indescriptible porque algunas características sí se le pueden atribuir. Pero, ¿cómo definir algo tan general? ¿Todo el mundo sintió amor alguna vez? ¿Hay varios tipos de amor? ¿Qué lo causa? ¿Qué produce? ¿Las consecuencias suelen ser mayormente buenas o malas?
Imposible responder a estas interrogantes siendo objetiva, no hay objetividad que valga con el amor. Ahora, ¿hay subjetividad que le valga? Ni siquiera uno mismo puede mantenerse firme con lo que siente. Un día lloramos, al otro reímos. Pareciera que el amor es una tirada de dados, y que depende qué salga resulta en una droga depresiva o estimulante. Depende del día, del humor, de las actividades, de las miradas y las caricias.
Ay, el amor. Qué palabra tan puta.
Digo palabra y no sentimiento, cuando la palabra en sí es sólo un conjunto de cuatro letras. ¿Necesitamos el amor? ¿Qué nos lleva a unirnos con alguien? ¿Qué nos lleva a deshacernos de ese mismo alguien tiempo después? ¿Existe la eternidad en el amor? ¿Cómo identificar un principio y un final? ¿Por qué nos transformamos por completo?
Es este ente mutador el que por momentos le da sentido a todo nuestro entorno y al instante siguiente destroza todo lo que creemos lógico. Es un sin sentido, impredecible, que hiere y cura. Que araña y después lame las heridas, o que prepara a la víctima antes de acuchillarla. Es un asesino y un monje, es cariño y odio. Es amor. No hay otra manera de describirlo.

Y si bien no podemos definirlo, cuando alguien dice la palabra "amor", todos sabemos, más o menos, de qué está hablando.

Nada

Ya no brillas en el cielo como estrella ni despertas la mañana con un nuevo día. Ya no sos astro divino, estela de fuego a la que deba seguir. No estas en la sinfonía de mis canciones ni en los diales de mis radios. Navegas por otra galaxia, cruzando la nada entre otros meteoritos que te atraen más que yo. Al final de la novela, creo que sólo fue una pérdida de conexión, dos polos opuestos queriendo atraerse. ¿Cómo forzar las leyes de la física?
Un poco de tus átomos alejándose y otro poco de mis átomos acorralándote. Ni te ni me culpo. No hay culpas en el amor, ni en la física. Como tampoco hay justicia - ni ahí, ni en ningún lado -. Tampoco quiero que te confundas, que continuas en mis letras porque a pesar de todo fuiste experiencia, y la experiencia son palabras que se funden con la inspiración. Me alegra flotar en esta galaxia tan mía y tan poco tuya. Me extrañaba, y te necesitaba lejos. Quizá fueron las estrellas fugaces de tu mirada lo que me dejaron ciega, pero ahora que te fuiste y ese brillo desapareció veo con claridad.
Qué bello verte cómo eres, que bello verme a mi. Puedo todavía tener un terremoto de sentimientos y pensamientos pero ya no hay derrumbe que no pueda detener. Qué irónico volver a ser lo que anhelabas ahora que no que te tengo. Y que no quiero tenerte, tampoco.
Empecé a hacer preguntas que no te incluyen, empecé a escribir cuentos que no te cuentan - obviemos estas palabras -. He incluso lo que de vos trata, parece que hablara de alguien más. Los días, la espera, los granos de arena cayendo uno tras otro han hecho lo que todos dicen: han sanado, y me han llevado al olvido. Comprendí que nada pasa porque sí y por algo pasaste por mi vida, pero también que nada dura siempre y todo lo que lastima debe ser desechado. En eso fallé. Creo que después de todo la desechada fui yo.

Antiguo astro rey, ya no hay rencores - sí los hay, pero desaparecerán -. No hay rencores, ni perdones, ni olvidos. Ni nada. Dejaste una nada lastimera y decepcionante que he vuelto a llenar con amor propio y escritos y muchísimas pero muchísimas canciones (te sorprendería saber cuánto he mejorado, quizá debía alejarte de mi para hacerlo). No me ha quedado amor que darte, ni gestos que brindarte, todavía creo que te di todo. No tengo preguntas que hacerte, ni te amos reprimidos, ni besos, ni abrazos ni nada. Y si los tenía ya no quiero dártelos. Dejaste sólo eso, un vacío que estoy dispuesta a llenar, un vacío que ambos sabíamos que ibas a dejarme y aún así nos hicimos los tontos. Siempre fuimos buenos para mentir, vos a mi y yo a vos. Quizá mis mentiras no eran tan dolorosas. Pero, ¿por qué culparte por lo que no mereces culpas? Yo me cedí a vos, te permití lo que no debería haber permitido y ya no permitiré. No te culpo, antiguo amante, pero no te perdono.

Y así será mi camino y con eso emprenderé mis nuevas aventuras. Tu realidad actual es muy distinta a la mía, tu realidad roza estrellas rubias y visiones críticas. Me río ya de todo, de las mentiras y los gritos. Me río de la credulidad y lo ilusa que fui al creerte. Me río porque admiro mi ingenuidad y tu persuasión. Más no te culpo, y no porque no tengas la culpa, sino porque ya no me sirve engendrar en mi pecho una furia que no te mereces.

Mereces nada, y nada es lo que yo siento ahora.

20 de mayo de 2015

No llover por alguien más.

Despertó con un nubarrón de sueños entremezclados. Una imagen de coches y rostros con barbas. No sería la primera ni la última vez que se despertaba confusa y con un extraño peso inspeccionando su pecho. Al menos ahora sabía cómo disipar esa tormenta. El clima no ayudaba mucho, desde la ventana de su habitación podía sentir esa luz grisácea colándose en las grietas de las paredes: sería un día horrendo. Caminar por los recovecos familiares de su hogar hizo que pensara en que, con el tiempo, hasta las costumbres pueden perderse. Quizá el error de la contemporaneidad era seguir costumbres, ya que de lo tradicional nacía la asfixia. Notó que podía modificar su vida a su antojo y, ese día, decidió no ir al baño hasta luego de almuerzo (decisión que modificó pronto, no era capaz de soportar tanto las ganas de orinar).
Entonces, si una costumbre podía olvidarse, también las personas. Procuró recordar esas personas insignificantes que habían pasado por su vida y de las que ni siquiera se acordaba los nombres. Consiguió algunos individuos, un tal Andres y alguna Camila - porque su vida estaba repleta de Camilas -. Luego decidió inspirar profundamente con la taza de café con leche en la mano, y dedicarse a la laboriosa tarea de traer a la memoria a personas de sus capítulos pasados cuya importancia en la vida había sido notable. Comprendió que su ausencia aún dolía, pero era un dolor tácito, nada con lo que no se pudiera vivir día a día. Un dolor originado en la decepción, posiblemente, y en la frustración de lo que no había podido ser, de las fuerzas que no habían ganado.
Entonces, si había conseguido eso, podía conseguir olvidarlo. Era sólo una meta un poco más lejana que las demás, un desafío un tanto más difícil. Más no imposible. Imaginó en su mente otras experiencias, otros dolores, otras decepciones. Creyó que lo suyo era sólo un rasguño comparado con las cartas que el destino y el amor podían barajar. Suspiró, con una sonrisa en los labios, y terminó su bebida.
Se sintió cálida, y no supo si era por el café con leche o por el repentino bienestar interno que experimentó. Afuera, el cielo gris ya no era tan pesimista. Toda tormenta es transformación, es misterio.
Ella quería volverse nube, explotar, y llover, pero ya no llover por alguien más.

18 de mayo de 2015

La naturaleza del mentir

Nunca voy a entender las mentiras de la gente. "Estas más flaca", "estoy bien", "no sos vos, soy yo", "sigo amándote", "no hay otra". Quizá mi culpa es ser tan sincera que no puedo comprender las falacias de los demás, quizá por ser de esa madera que trata de no decepcionar nunca a nadie es que terminaron decepcionandome. Nadie dijo que amar es fácil. Me llevas a replantearme verdaderamente el término "mentir". Porque literalmente, jamás podré comprobar si me mentiste o no, los sentimientos son tan subjetivos e internos que, ¿cómo podría afirmar a ciencia cierta que lo que dices es verdad o no? Ahora, son tus actos los que guardan otra verdad, una verdad que jamás vas a decirme porque tu cobardía es mayor a todo. ¿Por qué no me dijiste que la querías? ¿Por qué te atreviste a disimular toda una onda de sentimientos que vienen naciendo en vos y reproduciéndose aún más rápido?

¿Cómo olvidarte cuando no sé por qué motivo debo olvidarte? No sé si dejaste de quererme, si dejaste de luchar, si la preferías a ella, si era más cómodo para tu mundo dejarme de lado. ¿Cuál era el motivo? Hubiera preferido la verdad antes que esta odisea donde cada cueva que encuentro, un nuevo cuchillo sujetado por tu mano me destroza. No sé por qué sigo buscando en tu caverna. He estado esperando tu verdad y al final mi instinto era el correcto. Decidí creer tus palabras, abandonar las ideas impulsivas y corrosivas engendradas del miedo. Y no fueron ideas, eran realidades.

Una lástima ser tan ilusa y haber ignorado la naturaleza del mentir

13 de mayo de 2015

Flower.

No es necesario tenerte junto a mi para percibir tu presencia, eres una suerte de ente omnipresente que acompaña mis pasos, pero más que ello mis puntos de vista. A veces te encuentro en mis palabras o en mis maneras de mirar a los que, por más que lo intenten, no consiguen sacarme ni una sonrisa. En mi discurso cotidiano - y particularmente en el discurso social - no haces falta ni un segundo, porque siempre te he considerado sublime en tus opiniones como para no adoptarlas un poquito en mi. Estas en las canciones que escucho, en las series que me gustan, en el humor que aprecio, en la manera de tratar a los demás, en la tendencia a vestir. En las risas, en el arco de las cejas ante un descontento, en el amor a dormir, en el regocijo de la música buena y la compañía de la familia. Te tengo adentro mío sin tenerte, te escucho en mis oídos aunque no hables, y hablamos al unísono sin previas coordinaciones. No hay otra manera de describir este lazo: qué bello es tenerte, hermana.

Siluetas.

He vuelto a cerrar los ojos
para regocijarme con la brisa,
he vuelto a sonreírle
a este mundo lleno de piedras.
Me he despojado por completo
de tus sueños e ilusiones,
de la persona que deseabas,
y a la que nunca me he acercado.
Afortunadamente encontré
a una silueta deambulando,
y me reconocí en su cara
encontré mis recuerdos.
Me corregí la postura,
me dibujé una sonrisa,
agregué brillo en mis ojos,
y me obligué a caminar.
No voy a mentirte,
cada tanto esa silueta
se detiene en la nada,
se estanca, se ahoga:
es superada por tu nombre
y consumida por fantasmas
pero me conoces bien,
y no hay susto que me detenga.
Ahora que soñas
en otras pinturas de Dalí,
y yo me inmerso
en un mundo como el de Frida,
lleno de tragedias,
dolores y penurias,
ahora que estamos lejos,
¿encontraste tu verdadera silueta?

10 de mayo de 2015

Discurso que no sucederá jamás.

- ¿Cómo has estado? -
El silencio consumía el encuentro de los transeúntes, un silencio irreal que imaginaban en sus mentes, puesto que la calle estaba repleta de bocinazos, gritos a lo lejos e incluso una construcción a la vuelta de la esquina que no escatimaba en escándalo.
- ¿Quieres que responda? - Una sonrisa irónica, aunque serena, se dibujó en el rostro suyo para luego negar repetidamente de un lado a otro y bajar la mirada. - ¿Qué haces aquí? - Sabría que vendría, lo sabía desde hacía veinte minutos o quizás hacía tres meses. En su mente parecía como si, inconscientemente, hubiera profetizado todo eso años luz atrás. Él le llevaba al menos una cabeza y media, pero a pesar de su baja altura, ella no parecía más pequeña en ningún aspecto. Su alma era gigante.
- Quería verte - Una respuesta que ambos sabían que diría, se conocían demasiado bien. Se conocían el número de pestañas, las cicatrices del rostro, las siluetas del torso. Los engranajes de sus máquinas cerebrales.
Ella se encogió de hombros en un gesto desinteresado, la habían juzgado de cruel en muchas ocasiones, de indiferente e injusta. Pero no era así. Sus actos hirientes estaban precedidos de alguna herida que no había cerrado bien, es decir todas sus heridas. Solía ocultarse detrás de esa coraza de valentía e inmutabilidad, cuando era, de seguro, la mujer más sensible que había pisado aquellas calles de por sí muy concurridas. Era un puerco espín, repleto de pinches por fuera para cubrir la debilidad interna. - No me sirve que quieras verme, no soluciona nada. - Se dignó a contestar. Por un momento tuvo un dejavú, como si aquello ya hubiera pasado, y no sólo eso sino que era como si en su cabeza, hubiera sucedido la misma escena de distintas formas, con distintas frases, en distintos escenarios. Aunque la resolución, siempre iba a ser la misma. Su debilidad accediendo.
Como si viviera en una línea atemporal, ella pasó por un flash de recuerdos dolorosos que habían sucedido o que iban a suceder. Se vio a sí misma, en un carrusel manejado por él. El mismo sólo giraba, giraba, nunca se detenía. Pedía a gritos que se detuviera, pero eso nunca sucedía, la solución era clara: ella debía tirarse. A decir verdad estaba cansada del dolor, pero a pesar de ello el dolor no era algo que la detuviera. No estaba hecha para hacerlo, pasara lo que pasara sabía que la única vía de escape era hacia adelante, pero hacía tiempo que permanecía estancada. Clavada a un crucifijo como Jesús, siendo igual de castigada. Alcanzó a finalizar esa película de recuerdos antes de que él hablara, seguramente diría alguna tontería para escaparse de la gravedad de la situación - y de asumir la culpa - pero no podía permitírselo. No otra vez.
- No. No hables. ¿Sabes? Creo que si sonreiría ante tus comentarios y me iría de tu mano creyéndome feliz, estaría haciendo todo lo posible por herirme aún más. Y si ya te tengo a ti para lastimarme, ¿por qué sería tan idiota de sumar mis propias acciones para aumentar el dolor? No. Ya basta. Nuestro destino no va a cambiar aunque lo presionemos, ¿quieres saber el motivo? No es que el futuro no sea modificable, sino que tus ganas de hacerlo son débiles. Y soy demasiado fuerte como para tenerte a mi lado. Demasiado guerrera como para que te rindas. No sé si fueron tus acciones, o tu corazón, pero has levantado la bandera de la derrota en esta lucha. Y si me toca ganar, ganaré alentando mi felicidad, y eso ya no significa estar contigo. - Un giro redondo sobre los talones y una huida que nunca se dio y nunca se dará, porque esto es una historia surrealista, un ideal de acontecimiento que no ocurrió y que le hubiera evitado demasiado dolor a esta narradora onírica. ¿Mentir? En lo absoluto, el dolor hubiera estado presente de todas maneras, sólo que la situación se prestó para que éste se elevara al máximo. Ojalá hubiera podido decirte esto. Ojalá hubiera sido más sabia, pero... y lamentablemente, no hay lógicas en el amor.
Fui yo la que cerró la puerta, la que dijo adiós, la que confirmó la despedida. Fui yo la que caminé huyendo, la que fue superada por lágrimas, la que fue consumida por impulsos. Pero fuiste vos el que se fue. ¿Qué le pasa a tu cabeza cuando la apoyas sobre la almohada? ¿Te persiguen los fantasmas del personaje en que te convertiste y nunca fuiste? Ahora que vuelas en otro rumbo, ahora que corres picadas lejos de mis calles, tengo preguntas que duelen en la confianza. ¿Cuánto de tu verdadero yo me mostraste a mi? Acepté la realidad de que ya no sos parte de mi vida, no en el presente actual, lo acepté pero es doloroso. Y aunque sé que no debería importarme, ni pensarte, ni imaginarte, ni nada que te interfiera, a pesar de eso me pregunto: ¿estás saliendo adelante? Sé que sí, no debo preguntarme eso porque es algo tonto, a decir verdad mi pregunta es otra: ¿cómo haces para salir adelante sin mi? Te conozco, sé que puedes recordarme de vez en cuando, y esbozar una expresión de dolor, pero no más que eso. Eres fuerte, sí, pero esto no pasa por fuerza, sino por algo más.
Me encantaría identificar el momento exacto dónde tu inconsciente comprendió que yo no era necesaria en tu vida, y que preferías tenerme fuera de ella.

No voy a victimizar porque, sabemos, no es lo correcto. También yo comprendo que estoy mejor sin ti, ya que afortunadamente nos queremos a nosotros mismos para notarlo. Ahora, ¿qué sientes cuando piensas en mi? ¿O acaso tu cabeza ya está en otra mujer, en otras palabras, en otras piernas?El deducir que te es fácil todo esto es lo que duele más, armar toda una teoría donde cada abrazo y beso no tenía sabor a nada para vos. ¿Y qué puedo hacer ante eso? Qué furia escalar la montaña con sonrisas y caerte veinte metros hacia abajo de un segundo a otro, en un segundo de debilidad. ¿No sentis dolor, culpa, tristeza, nada? ¿No extrañas nada?

¿Por qué te hago preguntas? Ya no soy quien para exigirte respuestas y sé que no las responderás. No quiero que lo hagas tampoco. No me serviría de nada, de hecho te agradezco esta ausencia porque ha logrado que me recupere. Es sólo que el dolor que causaste fue tan directo, tan falto de disimulo. Si me preguntas, te he buscado en otros rostros, en otras palabras: a veces creo encontrarte, pero es una alucinación momentánea.

Extraño lo que éramos, lo que eras. Lo que vivimos, la felicidad que nos hicimos vivir. Más no soy idiota, sé que no volverá a existir, sé que lo nuestro nació para morir (siempre lo supimos). Sé que no somos lo mejor para el otro - vos no sos lo mejor para mi -. Y aún así, mis comisuras hacen una mueca de doloroso recuerdo de vez en cuando. Imágenes donde vos estas. Imágenes como sueños. Imágenes donde, de la manera que sea, ya no te importa nada.

6 de mayo de 2015

Mirándome

Lo que me gustaba de ella era la sutileza con la que sabía mirar. Digo sabía, porque sus miradas eran intencionales, hecho que descubrí muchos infinitos de reflexión después. Conseguía pasar por natural un gesto que estaba de sobras calculado, perfeccionado para seducirme. Me escuchaba atentamente, entornaba los ojos, y ladeaba lentamente el cuello. Todo sin quitarme un segundo la vista de encima. Era deleitoso, y sofocante a la vez. No cualquier día encontrabas una sirena que prestaba atención a cada una de las palabras que decías, era eso mismo lo que generaba presión. En mi cabeza meditaba cientos de veces mis discursos antes de decirlos, he de admitir que a veces los pensaba con días de anterioridad. En vano, por al verla no había perorata que pudiera recordar. De todas maneras, era esa misma sutileza la que hacía que junto a ella pudiera sentirme cómodo. No me juzgaba cuando tropezaba en medio de una frase con balbuceos o errores, sólo sonreía de lado y arqueaba las cejas, en una tácita pregunta. Tampoco se reía cuando me acaparaba el silencio, un silencio causado por la curvatura de sus finos labios, o el danzar de sus pestañas. Todavía me pregunto si sabía qué pasaba por mi cabeza cuando callaba. No quiero admitirlo, pero creo que estaba al tanto. Siempre fue una mujer muy inteligente y yo un hombre incapaz de disimular.
Cuando la recuerdo, no puedo evitar sonreír. Incluso aunque ahora esté muy lejos, incluso aunque sus majestuosas miradas se dirijan a otro tipo, incluso aunque hace tiempo que en mi reloj de muñeca he perdido las agujas que me llevaban a verla. A pesar de eso, sonrío, y al sonreír la encuentro dentro de mi imaginación como siempre la he recordar: mirándome.

5 de mayo de 2015

Boletín de confidencias.

Prólogo.
No se puede empezar una historia que ya tiene su "había una vez", sólo se puede describirla de ese momento en adelante. Quizás aterrorice en un pasado reciente para explicar cuestiones del presente, y quizás me estacione en ilusiones a futuro que sonarán reales. Quizás. Sólo escribiré lo que me venga a la mente, escribiré de una voz escrita con s.

Confidencia Nº 1.
No sé en qué momento dejé de sentir miedo o inseguridad. No voy a negar que esos fantasmas me visitan alguna que otra noche, pero tengo mis trucos para espantarlos. Recordarte es todo lo que necesito. Espero no descubras la existencia de estas memorias, ni que creas que su único fin es transformarte en palabras para mi propio deleite - serías capaz, tu naturaleza medianamente engreída podría adjudicarse esta cuestión -. Es sólo que necesito no olvidar nada, y ambos sabemos que mi memoria es vaga y volátil. Nunca una memoria fue tan similar a su dueña.

Deberías dejar de pedirme que duerma con vos, a sabiendas de que no podemos, de que cuestiones de la vida - y de nuestra relación tan neófita que no puede madurar por más que la forcemos - nos los impiden. Deberías dejar de besarme como si se te fuera la vida en ello, con la misma curiosidad de siempre, como si redescubrieras mi boca cada vez que expones tu lengua a la aventura. Deberías dejar de mirarme esperando encontrar mis ojos, y al encontrarlos, bajar la vista. Deberías, además, dejar de ser tan vos y tan único, tan terco y atento, con la tendencia a revolear los ojos cuando alguna cursilería se te escapa de la boca. Deberías dejar de hacer muchas cosas pero, pensándolo mejor, no dejes de hacerlas nunca

Confidencia N° 2.
Encontré una pequeña anotación, escondida entre millones y millones de apuntes inútiles que rezaba: "Azul y perfume". Juraría que ese cuaderno no presenció tu aparición, y aún así esas dos palabras solo me recuerdan a vos. No me recuerdo a mi misma escribiéndolas, ni pensándolas. ¿Te conocía mi inspiración antes de que aparecieras? ¿O sólo es un mal juego que me está haciendo la mente?

Cual sea que sea la respuesta, perdóname por el desganado interés de hoy, no siempre decido a qué le presta atención mi mente.

Confidencia N° 3.
¿Te cuento un secreto? Nunca odié tanto las despedidas hasta que me tocó despedirte.

Confidencia N° 4.
La forma en que batalla tu lengua invasiva, y la mirada atenta y comprensiva que se posa en tus ojos cuando comienzo a hablar. Tus deseos tan ansiados, tu filosofía determinada. Tu curiosidad que te hace tener esa sed constante de más. Tus cláusulas con trasfondo, tus cuentos anecdóticos. Tu risa, tus pucheros infantiles - e inútiles -. Tu habilidad para halagar en una crítica, el brillo de tus ojos, y la cicatriz horizontal bajo tu mejilla. Algunas de las pocas razones por las que me duerma pensando en vos, y me despierte con el recuerdo de tu presencia en mis sueños.

Confidencia N° 5.
Es martes y te extraño,
o quizá sea un error de cálculo
o una pérdida total de control
porque el domingo te despedí con un beso.

Confidencia N° 6.
"Me gustan las cosas difíciles, siempre y cuando sean claras. Por ejemplo, me gustaría que vengas y me presentes un laberinto e intentar encontrar la salida. No me gustaría, en cambio, estar buscando por mucho tiempo para que llegues y me digas que no tenía salida."

Confidencia N° 7.
Siento tus ojos en mi mientras mis dedos escriben nuestra biblia en el vidrio empañado de tu auto. Afuera, las estrellas lloran con lágrimas gruesas y dejan escapar suspiros helados. Me tiembla el alma, pero aquí dentro no hace frío. Es el miedo, y fácilmente lo puedes percibir. Es tan fuerte que casi se huele en el aire.
"No me dejes ir, porque estoy cansada de dormir sola", escribo, citando un canción que recuerda a nosotros. Vos dibujas un nudo cíclico y lo dialectizas con tu vida. Sé que sabes que te observo y sé que mi silueta queda marcada en el asiento del acompañante cuando emprendes el viaje de regreso, en soledad.
Compartimos el ferviente deseo de pasar la noche juntos bajo las mismas frazadas y que mis manos le hagan el amor a tu barba y tus brazos se vuelvan íntimos en mi cintura. Tengo la esperanza de evitarte el sonambulismo, de ocuparte con algo más.
¿Realmente crees que será difícil romper esta coraza que alguna noche me adjudicaste de tener? Quizás la veas inquebrantable, y yo sólo siento que me desnudaré de ella con cada palabra honesta tuya.
Haz conseguido que fotografíe momentos completos, que los guarde en mi memoria a la perfección cuando nunca he sido una buena fotógrafa - creo que ese sos vos -. Tengo risas, miradas, besos, suspiros contenidos, frases, caricias acomodadas perfectamente en el cajón que lleva tu nombre.
Sos mi karma, una ilusión, un desencuentro inesperado, una sonrisa cuando me voy a dormir por la noche, un aliciente a saber más, un deseo al cambio, sos hambre de lo nuevo.
Me presenté con mi nombre, mi edad y mi miedo. Fui egoísta. Luchas con mi marea y también con la tuya propia. ¿Qué puede hace un solo hombre para atravesar un océano de desesperanzas y decepciones?
Es el miedo el que consume todo, y cuando creo tenerlo bajo control, llegas vos con tus filosofías y todo se me derrumba. Me autodescribo como alguien valiente, pero valiente no significa inconsciencia.
Quizás creas que no estoy interesada en lanzarme al abismo y ver qué encuentro al final, cuando en realidad ese misterio me interesa tanto que pretendo asegurarme antes de saltar con la finalidad de llegar sana y salva para no perderme nada.
¿Tu determinación me esperará?
¿Y si mejor no lo hablamos? ¿Y si mejor me lanzo cuando lo crea conveniente?
Sólo te pediré un favor: "No me dejes ir, porque estoy cansada de dormir sola".

Confidencia N° 8.
- Te quiero. -
- Estas loco. -
- Es cierto eso de que en las parejas no hay reciprocidad -

Confidencia N° 9.
Y te odio por eclipsarme la mente así. Por este insomnio detestable, por esta sed de tus besos.

Confidencia N° 10.
El día que veas todo lo bueno que naturalmente veo en vos, vas a dejar de querer demostrarme constantemente todas tus virtudes. Y entonces, sólo entonces, voy a encandilarme aún más. Mientras tanto, y mientras tu inseguridad siga preocupándote, vas a conseguir que aflore de mi este drama que me jacto de no tener - como acaba de pasar -, y que lamentablemente, cada tanto, rebasa de mi. ¿Sabes qué es lo peor? Que seguis teniendo esa habilidad de halagar incluso en la crítica, y que, por lo tanto, enfurecerme termina siendo imposible.

Confidencia Nº 11.
Intenté al menos cuatro veces escribir algo que sea decente. Fue un fracaso.
Sólo voy a decir dos cosas:
No dudes más, y menos de mi.
No me creas cuando te digo que estoy bien, o que no importa, o finjo sonreír entre palabras.

Te lo dije ya, soy demasiado buena mintiendo.

Confidencia N° 12.
Hoy es Julio, y me duele un pie. No, no un pie, el tobillo. No, ni siquiera, no es el tobillo, sino esos lazos de músculos que se tensan bajo la piel. De cualquier manera, no es el qué lo que importa, sino el motivo de la consecuencia.
Qué mal noche tuve ayer (y antes de ayer, vale aclarar). Si mi intención era no pensar, todo lo que eludí durante dos meses cayó como una tormenta en dos noches. No consiguió arruinar nada de lo que pienso. Ahora es Julio, pero parece Abril. Anoche, parecía que nuestros meses no existían.
La culpa que se transforma en nervios, tu enojo transformado en sutileza. Somos dos transformaciones constantes que se resisten a ceder.
Me rasqué el lóbulo de la oreja y casi pierdo el rayo (y la cordura, por los recuerdos que me llegan).
Quiero hacer funcionar esta máquina, pero con cada maniobra pierdo una herramienta más. Del otro lado, me la juego de que a vos te pasa lo mismo. Al menos eso me aliviaría.
A pesar de eso, me aseguraste que esa máquina iba a funcionar (creo que tus palabras verdaderas fueron "te vas a quedar conmigo", y después agregaste una amenaza sutil que me arrimó a las risas, algo como "o sino te ato").
Tenías razón, somos idénticos en muchas cosas, en particular en esta verborrágica y ruda manera de escupir la verdad. No pude no explicarte lo que me pasaba, aunque calculo que es lógico considerando que nos estamos conociendo. Verdades, crudas verdades: pensé que dormido ibas a ser un destartalado, y resultaste ser todos menos eso.
Me acuerdo de tus risas y de la calidez de las mismas, como me acuerdo de la distancia abrumadora que aplicas cuando me paralizo. Sos tu propio polo opuesto, el mellizo de tu mellizo. Nunca conocí a un geminiano tan jodido como vos. Amo la palabra jodido, y amo que lo seas - no te subas al caballo, por momentos me exaspera -. ¿Qué tenes, que a pesar de todas las cóleras contenidas, no puedo sacarte de mis pensamientos? Seguro que si te lo preguntara y realmente exigiera una respuesta, tenderías a sonreír, a presumir de algún modo, y terminarías en mi boca. Y justamente ahí deberías quedarte.

Confidencia Nº 13.
Sin presión, sin furias. Dando espacio a los tiempos. Como un juego de niños.
No sé si lo vamos a lograr.
No soy convencional ni busco que lo seas.
Vamos a dormir, pero sin soñar.

Confidencia Nº 14.
"Incluso cuando pierdo, estoy ganando."

Con vos siempre va a ser así.

Confidencia Nº 15.
- ¿Vos te ves los ojos? -
- ¿Por qué? ¿Qué tienen? -
- Estas perdida. -

Confidencia N° 16.
Y yo pedía tiempo, yo pedía falta de presiones. Ahora siento que prácticamente acabo de empujarte hacia un muro contra el que no querías chocar - no chocaste, por suerte, lo esquivaste a último momento -. Te dije que te entendía, que realmente lo hacía, y a pesar de que no te mentí, siento un excesivo vacío. La tarde nos brindó tanta comodidad, y repentinamente la noche nos puso en el campo de batalla de nuevo, un campo con soldados cansados de pelear. Voy a seguir luchando, y no hay expectativas que no se cumplan, deberías entenderlo.

Confidencia N° 17.
Me derrumbas cuando te plantas en tu carácter genuino. Todo el resto de tus máscaras podes desecharlas. Hablame de tus miedos, tus furias, tus alegrías, tus sentimientos, tus pensamientos, tus filosofías. Habla de lo que quieras, pero no dejes de hablar. Los silencios pueden quebrar cualquier cosa. Entende de una vez que no necesitas ser nada más de lo que sos para hacerme caer, entende que no quiero otra cosa que tu naturalidad, y que conozco cuando sos vos y cuando fingís algo más. Te entiendo. Siempre voy a intentar hacerlo. Todavía no me explico el efecto que tenes en mi, cómo haces para tenerme de esta manera, tan entregada en alma. ¿Si tengo miedos? Obviamente que los tengo, pero la valentía no está en no tenerlos, sino en afrontarlos. Una vez me escribiste en algún lado que yo tengo el coraje para superar cualquier miedo, y ojalá pueda con esa descripción. No me voy a cansar de pelear por nosotros, porque tenes algo que nadie más tiene, y conseguiste algo que nadie más consiguió: el que no me reconozca a mi misma cuando te reconozco a vos.

Nunca quise tanto algo como ésto, y tampoco tuve nunca tanto miedo. Nunca una pelea me preocupó tanto, ni deseé tanto el calor de un abrazo. Nunca dediqué tantas confidencias a una sola persona.

Confidencia N° 18.
Tal vez te siga usando así, robándote mi inspiración.

Confidencia Nº 19.
Soñame despierto de la manera que quieras, las veces que quieras. Creo que muchas veces no sos consciente de la magnitud de tu efecto en mi. Yo no te sueño, quizá cuando duermo es el único momento en que no pienso en vos.
Hablame al oído, siempre con la naturalidad y la sinceridad en tu tono y en tus palabras.
Es eso lo que me enciende.
Adueñate de ese lugarcito bajo el lóbulo de mi oreja, desquiciame la cordura, arrancame los sonidos más profundos.
Cuidame, cuidame siempre, porque la fiereza es sólo una fachada, una máscara que puede caerse en cualquier momento.
Quiero necesitarte. Ambos sabemos que nadie necesita realmente de otro, y aún así me quiero en tus brazos, en tu boca, en tus reflexiones y en tus memorias.
Y te quiero conmigo.

Confidencia Nº 20.
¿Cuántas veces acudirá a mi visión intracraneal la imagen de tus ojos indefensos, de la risa que te empequeñece los ojos, y de la ansiedad que te obliga a apretarme entre tus manos?
Veo en tus ojos nuestra realidad y la ilusión no me entra en el pecho. Se me extravía la sensación, se me filtra por los poros. Necesita hacerse notar, y aquí estoy descargándome.

(Me gustó quedarme con la duda acerca de tus ideas "hogareñas", y este temblor en las entrañas que no hace más que quemar).

Confidencia Nº 21.
Ver cómo manejas tu Renault bajo la oscuridad del manto nocturno, envuelto en un halo de música aleatoria, tu voz y mi voz, y una buena conversación, siempre va a ser una de mis actividades preferidas.

Confidencia Nº 22.
"¿Cuál es tu villano preferido de Disney?"
"Mmh, no tengo, no me gusta mucho Disney."
"¿Cómo que no te gusta? A mi novio no puede no gustarle Disney."

Supiste, con sólo un comentario, cuánto amaba Hércules. Ahora, te pregunto, ¿tan obvia/redundante soy que descubrís todo lo que amo, o es que vos sos muy atento?

Confidencia N° 23.
Somos intensidad en carne, ideales que se han apoderado de cada una de nuestras neuronas, cólera que no se apiada del tono de voz o de las expresiones faciales. Es esa intensidad la que nos une y nos separa, nos acerca y nos aleja.

Confidencia N° 24.
Perdona si hace días no te escribo, he estado más ocupada viviéndote. Sabes muy bien que ya te apoderaste de una partecita de mi cabeza, ¿no? Ja ja ja, tendencia a utilizar diminutivos para borrar, como evidencias en la escena del crimen, el porcentaje de la real importancia. Me estoy volviendo loca. Conforme la máquina a vapor - transformado en sonrisas o muecas desagradables - que descansa en el interior de mi cráneo va accionando y superándose constantemente - este sistema capitalista se filtra hasta en la sinapsis - voy generando conclusiones nuevas, hipótesis incapaces de comprobar. O no, no estoy segura.
Perdí el hilo, y perdí la conclusión.
Ah sí, ahí está de nuevo.
Suspiro al re-aceptar que esto es real. ¿Cómo sé que lo es? Porque, aunque suene negativo, desde un principio supimos admitir qué era lo que nos desagradaba. No hay realidad en una relación donde todo es color de rosa, donde todo es perfección. Nadie es perfecto, y como dijiste vos alguna vez, qué bueno que así sea. Desde el inicio de toda esta vorágine de palabras y sensaciones comprendimos que el otro no era perfecto, y hoy en día seguimos mirándonos a los ojos cuando nos confesamos, con paz o sin ella.
Veo la sinceridad de todo esto cuando llega la noche y me señalas con tono de voz crítico que te he pasado por alto durante todo el día, o mismo cuando te admito que no me gustó bailar aquella vez, o al menos que no es uno de los recuerdos que me dibujan una sonrisa en la cara antes de regalarme a la propiedad de mi almohada de plumas. No hay enamoramiento que pueda con nuestros genios, y prefiero que sea crudeza desde el principio, blancos y negros, y no un rosa de atardecer que anochezca y nos envuelva en lo desconocido.
Me han dicho que me porto como una estúpida, que mi sonrisa ha renacido, que mis ojos son un laberinto. Creo que una parte de mi lo sabe, pero odia admitirlo. ¿Para qué decírtelo? Siempre me pedis que te hable de mis sentimientos, me haces preguntas sobre qué sucede en mi mente o en mi cuerpo cuando estas conmigo. Y yo no dejo de preguntarme cómo es que no te das cuenta, como es que no ves el metafórico cartel que llevo colgado del cuello y que se bambolea de un lado al otro como mi mirada, siguiéndote como una idiota. ¿Cómo no ves que con lo que sos tengo el mundo a mis pies?
"¿Qué te pasa conmigo?"
"Simplemente, estoy siendo feliz".

Confidencia N° 25.
"¿Crees en el amor a primera vista?"
"No, pero esto es lo más cerca que estaré de ello."

Confidencia Nº 26.
Quiero que sepas que no me importa lo que digan las voces que nos rodean, que sus opiniones son efímeras, tienen sabor a nada. La única opinión que me vale es la de nosotros, y que a las impresiones ajenas les hago oídos sordos. No me saco el escudo, pero tampoco bajo la espada. Si hoy en día peleo por algo, está seguro, peleo por vos.

Confidencia N° 27.
No te alarmes, el hielo en mis palabras no es consecuencia de nada. Corazón, es tan fácil quererte. No suspires buscando lo que no encontrarás cada vez que lo busques.

Confidencia N° 28.
Nunca me voy a cansar de apoderarme de tus recuerdos, y sonreír en el medio de la nada del tiempo, y que todos me pregunten por qué me río y entorpecerme al rememorarlo.

Confidencia N° 29.
Can I keep you in my left pocket?
Can I have your smile in a portrait?
I know, maybe i'm being
a little bit freaky
and I should get out
of my own mind.
Even then, with or without
that armoniuous darkness,
I just can't stop
to think about you
and all the conversations
that we have in your car,
all the shinning laughts.
I'm silly, and tiny,
and i'm in love.
I will love to say
"please, love,
kiss me under the moonlight"
but you know that
I'm not that type
I gonna tell you the truth
If I could, I'll write you
the most beautiful song
in the whole world.
But I can't,
I'm here just to say
I miss you.

Confidencia N° 30.
Su día no tenía por qué iniciar al despertarse, ella despertaba al menos cinco veces al día de los sueños de la realidad. Esas palabras que su visión había administrado tenían un tanto de encanto, un tanto de olor a cara larga y una tendencia a carraspear. Tu elocuencia, tu inconformismo, y eso de que había desaparecido. Suspiró y sonrió, nada bueno viene sin algo malo detrás.
Yo no quiero que tu rutina alimente ese monstruo grotesco que se alimenta de tus risas, quiero ser la lluvia positiva que rompa con tu cotidianidad, la tormenta que no esperabas, el tornado que arrasara con todo lo malo. Tenes que saber que, aunque no soy ni seré la razón entera de tu felicidad, quiero estar ahí cuando sientas infortunio y necesites una palabra de cariño para elevar las comisuras de tu boca.
Quiero ser la causa de tu risa, y nada más.

Confidencia N° 31.
Quiero serte y que me seas, quiero tu boca en la mía, y tu lengua demandándome. Los días que se suceden sin tu presencia sólo me enfrían el alma. Necesito del contacto de tu piel, de tus manos descubriendo este cuerpo que ya conocen.
Me da terror la idea de que si ella viviera en otra realidad preferirías sus besos a los mios, sus furias antes que las mías. Su apellido, su inteligencia, su manera de halagarte.
Creo que ese es el miedo, el de no ser suficiente.

Confidencia N° 32.
Extrañarte se divide en dos circunstancias: Recordar cuán enamorada estoy de vos, y temer que me cambies por cualquier par de piernas que te seduzcan al caminarte por al lado.
No se trata de que no me brindes la confianza suficiente, sino que cualquiera puede querer robarte un diamante en bruto, o aún peor, el mismo diamante puede aburrirse de la vulgaridad de su dueño.
¿Acaso te cuido lo suficiente? ¿Soy suficiente risa, suficiente oído? ¿Suficientemente interesante o cariñosa?
¿Soy una experiencia nueva o una unión de antiguos amores? No quiero ser el rompecabezas formado con piezas viejas.
Creo que ese es el miedo, el de no ser suficiente.

Confidencia N° 33.
Let me love you, and I will love you untill you learn to love yourself.
Let me love you, a heart of numbness, comes back to light, I'll take you there.
I can see the pain behind your eyes, it's been there for some while.
I just wanna be the one to remind you what it is to smile.

Confidencia N° 34.
Nunca una mirada de cinco segundos se tradujo en tantos lenguajes diferentes, nunca evocó a tantos recuerdos, nunca produjo tal torbellino de sensaciones.

Confidencia N° 35.
Ya las confidencias me saben a poco, no alcanzan. Al igual que tus besos.

Confidencia N° 36.
Sos canción de cuna y rock and roll.

Confidencia N° 37.
Me pedis que te entienda, como si fuera posible entender ese campo de concentración que es tu mente, que aniquila y da esperanzas a ideas constantemente, que tortura y que exige. Tenes la mente hecha un nudo aún cuando te jactas de ser determinado - aunque yo misma te diga determinado -. ¿Cómo no serlo? Te dominan dos lunas diferentes, mi amor.

Confidencia N° 38.
En el segundo en que te vas, mi cuerpo convulsiona como si perdiera una extensión del mismo. Una parte de mi. ¿Eso sos? No me atrevería a decirlo, y sin embargo, eso parece. Siento tu aroma sobre mi piel y mi boca, la huella de tus caricias en mi nuca, la sombra de un rasguño en las piernas. Un primer beso en el contorno de la boca. Un adiós que nunca se desea. Una foto, un sillón, un abrazo por los hombros.
Que me falten miles de cosas, pero nunca el eco de tu respiración bajo el lóbulo de mi oreja.

Confidencia N° 39. 
Qué bella la constancia de la montaña rusa en donde terminamos de comprender todas las sensaciones. Somos dos pequeños saltamontes, descubriendo el jardín de nuestra vida. Juntos. Qué placer ir de tu mano, sonreír a tu lado, escucharte mirarme - y sí, te escucho, porque al mirarme hablas -. Qué regocijo besarte y alimentarme de tus labios y tu sabia, tus brazos envolviéndome más cálido que el mejor de mis suéters. No lo dudes ni un segundo, mi camino te trae junto a mi. Ahuyentaré a cualquier fantasma, incluso si es casi decapitado, que pretenda alejarme de vos. Sos mi sol, y giro en torno a vos, sos mi órbita, mi constelación, el cielo que imagino de noche detrás de este techo de cemento. Soñamos con disfrutar el firmamento estrellado carente de contaminación lumínica, y lo vamos a hacer, en un mes, en dos, en un año, pero esas estrellas vas a verlas conmigo. Sol, mi sol, sos sol, sos mio. Y yo tuya, Y me voy, siendo ésta la misma promesa callada de cada día.

Confidencia N° 40.
Tiendo a contener los tontos impulsos que me llevan a capturar tu boca con la mía, suelo callar toda palabra que pretenda escaparse de mis cuerdas vocales y que se dirija hacia vos con algún matiz de confesión. Sos una ilusión, sos la plenitud que me permite conciliar el sueño. Sos la inhalación que se lleva la tristeza, a conexión que pretendo eternizar.
Me congelaría con vos en este sendero de descubrimientos y me ahogaría en el mar de tus ojos. Me enterraría en tus brazos y contaría las sonrisas de tu boca. Pero me conoces, y mi miedo a tropezar me lleva a vivir sentada en la oscuridad. Por favor, Sol, no dejes de brillar.

Confidencia N° 41.
La sala iluminada, demasiado para la intención de nuestra mirada. Una conexión de iris marrón con iris marrón, ese lazo inexistente que no puedes romper y que genera mil y un sentimientos: amor, confianza, pasión, desenfreno. Dos pasos hacia adelante y un par de bocas que se unen encajando perfectamente la una con la otra, la silueta de los labios acomodándose entre las sombras de los otros. Un suspiro apenas audible que se escapa del núcleo de los pulmones, prolongado y lento, cargado de todas esas sensaciones que no pueden entrar en un solo cuerpo. Y cuando nos separamos, y te miro, sé que queres volver a besarme, sé que queres fundirte en otro beso como ese, con el sonido de un largo suspiro como el anterior de fondo. Querrías olvidarte de que estamos en medio de un dígalo con mímica y aún peor, en una casa ajena rodeados de tus amigos. Te consuela saber que dos días después - es decir ayer - ese suspiro contenido tendrá sus frutos.

Confidencia N° 42.
- ¿Me amas?
- Sí, te amo.
- ¿Mucho?
- Sí, demasiado.

Y esas palabras dejan de ser tiernas cuando casi muero por dentro, y vos sólo mordes tu boca sin poder hacer algo más.

Confidencia N° 43.
Te despertaste en un instante, abriste un ojo, luego el otro, y te incorporaste abruptamente, como haces siempre que te despertas. Te escuché decir "qué bien dormi", y no necesité otra cosa para esbozar una gran sonrisa. Te canté mientras dormías, te canté cuantas canciones me vinieron a la cabeza.

Confidencia N° 44.
Sleep sound, sleep tight
here in my mind
here in my mind
waiting
Come close my dear
you don't have to fear
you don't have to fear
waiting
i'll see you soon
i'll see you soon.

Confidencia N° 45.
Te amo por tu mirada, por tus pestañas, por la curva de tu nariz, por la sombra de tu espalda, por tus sonrisas, y tus risas, te amo cuando susurras y cuando gritas. Te amo en el afecto y en el odio. Te amo en tus palabras, en tu inteligencia, en los actos impulsivos donde se refleja quien eres, te amo en tu presunción y en tu terquedad. Incluso, te amo en las peleas.

Confidencia N° 46.
En otro momento, tu reacción hubiera sido distinta, o al menos eso creo. En otras circunstancias, te hubiera persuadido para quedarte. ¿Debo pensar que estoy perdiendo la influencia sobre vos? ¿Acaso debería tenerla? ¿Dónde, exactamente, comienza mi libertad y termina la tuya? Hablo de libertad, pero esto huele a encierro. Prisión a mis miedos para que no me dominen, jaula a los verdaderos pensamientos que nos pueden llevar a un mal camino.

Confidencia N° 47.
Decime si no crees, como yo, que no hay distancia alguna que valga la pena. Que el tiempo y la ausencia sólo nos enfriarán los corazones dolidos. Frío y dolor son mala combinación. Me dijiste que hiciera lo quisiera, sin comprender que eso es estar con vos. Me diste un tiempo - un siglo de kilómetros - para curar nuestras heridas. Yo sólo siento que aplico hielo en mi corazón, y ese hielo nada desinflama. Me da vértigo esa sensación de estar perdiéndote al borde del abismo, pero sin caer. ¿Cómo entender si no me lo explicas? Y si al final decidís no amar igual, ¿qué hago con todo el amor que me faltó darte?

Confidencia N° 48.
No, no estoy bien, Es deprimente comenzar escribiendo así pero es la verdad. A vos te siento tan calmo, y no, no te das cuenta de nada. Quizá es error mío tomármelo así, pero, ¿cómo puedo tomarme la posibilidad de perderte, de otra manera que no sea esta? Me cuestiono como sería estar sin ti, borrarte totalmente de mi vida, procurar exterminar cada recuerdo. No sentirte bajo mi piel, no nombrarte más. No quiero vivir en un mundo sin vos, pero a su vez, ¿cómo estar con vos? La puta madre, te extraño todo el tiempo. Pareciera que el cielo se volvió gris desde el domingo a la noche. ¿Cómo podemos volver a estar juntos con este dolor en las entrañas? No creo que estas sean las bases que quiera tener.

Confidencia N° 49.
¿Por qué hoy? Necesitaba verte.
Voy a tu encuentro sin encontrarme a mí misma. Comenzamos con el pie izquierdo. Acordamos esperar un tiempo más prolongado, pero no lo soporto. Deseo verte hoy, deseo verte y amainar esta sensación de extrañeza y olvido. No sé si lo conseguiré, ni siquiera sé si es la manera correcta de actuar. Hasta es posible que me encuentre en un acto de egoísmo, pero, ¿no lo merecemos? ¿No merecemos satisfacer nuestros caprichos? Mi intención no es perjudicarte, lo sabes desde siempre. Sólo salvaguardar esta ansiedad de tus besos.

Confidencia N° 50.
El final de nuestro capítulo ha llegado. No habrá más confidencias porque no tengo ningún secreto que contarte que no sepas ya, no tengo alegrías que transmitirte, ni tristeza que no conozcas a estas alturas. Hubo algo que no funcionó y lo lamento, hubo algo que se quebró, vaya uno a sacar cuando, o quizá estaba quebrado desde siempre. Me despedido de todo lo que te acercaba, he guardado tus cartas, los tickets de compra, me he quitado tu pulsera, y he sacado tus fotos del corcho de la pared. Ya no quiero verte. Ya nos hemos hecho demasiado daño. No te odio, aunque quizá sí te culpe un poco. Pero, ¿qué voy a hacer con eso? Tengo que seguir adelante, y odiarte no me serviría para nada. No podría lograr la paz. Realmente te deseo una buena vida, y en particular, un buen desenlace, aunque algo me dice que no necesitas que yo te bendiga ni mucho menos. Sabes bendecirte solo, al igual que yo tiempo atrás. Todavía tengo dudas, me pregunto hasta qué punto seguiste sintiendo afecto por mi, hasta qué punto sólo actuaste mal y hasta qué punto era exactamente lo que quisiste hacer. Espero disipar esas dudas con noches de largo sueño, porque sé que no habrá otra manera. Vos nunca vas a responderlas, o al menos no con ese toque que parezca sinceridad. Saldremos adelante, mi amor, dejaremos atrás lo que sentimos, conseguiremos a alguien más que nos abrace en las noches. Aunque no sé si conseguiremos una complicidad como la tuya y la mía, y tampoco sé si la querré de venir acompañada con todo lo negativo detrás. 

Buenas noches, y hasta nada.