- Arde tu corazón donde el espanto hiela -

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28 de abril de 2015

Jarrón

Hay un jarrón sobre la mesa de la cocina. Y digo cocina, y digo jarrón, porque todo se dice por algo y nada es casualidad. Ese jarrón tiene una grieta que se extiende desde el borde superior hasta el centro del objeto mismo. Es una linea marcada, que separa la porcelana en dos partes. El lado izquierdo, todavía posee su pintura delicada y original, denota un jarrón pintoresco, de características peculiares. El lado derecho, en cambio, parece estar a punto de destrozarse en mil pedazos por unas grietas más pequeñas que no importan en la narración, porque si importaran este texto no terminaría jamás. A pesar de la intensa grieta principal, el jarrón aún se sostiene y resulta en uno solo y no en dos mitades; la parte baja, de material más consistente, sujeta todo el problema del piso de arriba. Quizá los ajenos al jarrón no vean realmente el problema del mismo, quizá hasta el lado izquierdo tampoco note realmente la gravedad del asunto, pero es la derecha la que es consciente de todo, la que siente un cercano derrumbe total.
Y no, no hablo de dos personas.
Ese jarrón soy yo.

21 de abril de 2015

Memorias del lector.

Escaparse a la terraza con un libro en la mano era mi actividad favorita de cada semana. Solía pasar horas sentada en la plataforma del tanque de agua, con la espalda apoyada en el cemento y las piernas estiradas frente a mí. La primera ráfaga de viento que sacudía las copas de los árboles era la señal correcta para comenzar la lectura. 

En un principio, mi familia se desesperaba ante mi sospechosa ausencia y atinaba a buscarme por toda la casa,  hasta que se acordaban que también eran dueños de una terraza que casi nunca utilizaban y, entonces, me encontraban. Ellos gritaban mi nombre, causaban que las perras ladraran, eran capaces de dar vuelta cada habitación, pero yo nunca me enteraba. En esos momentos, lo único que me preocupaba era el caso que seguían unos jóvenes detectives en Palermo Viejo, o procuraba no morirme de miedo con los sucesos relatados en la del 11 “J”.

Al final, cuando mi papá me encontraba, con el ceño fruncido a causa del enojo y el miedo, me preguntaba con insistencia qué era lo que había estado haciendo, y cuando le señalaba el libro con suma serenidad, él suspiraba de alivio conteniendo una sonrisa, y volvía a dejarme sola.

Pero poco después, yo bajaba a mi casa también, pensando que una vez que descubrían tu escape a la diversión, una vez que perdía ese secretismo, entonces, ya no era tan divertido permanecer ahí. 

5 de abril de 2015

Aline número 1

Aline creyó que su universo se caía abajo con una sola frase. Me decepcionaste. Me decepcionaste. Me decepcionaste. Me decepcionaste. Un eco doloroso, sigilosos cuchillos clavándose en el autoestima. Hay momentos donde nada vuelve a ser igual, que marcan un antes y un después, y - si tengo derecho a decirlo - suelen causar una impresión negativa en la retina de los recuerdos. Quizá nunca se lo dijo, quizás ni pronunció esas palabras, pero ella pudo verlo en sus ojos. Sintió la frustración fluyendo fuera de la piel, la resignación repetitiva, el suspiro que habló más que mil palabras no dichas.
El final de un inicio que nunca se aventuró. El punto terminante de la historia que se siguió escribiendo sin sangre en las venas autoras, el adiós tácito que se pensó y no se dijo.
¿Cómo continuas cuando la satisfacción ha migrado y tu brújula cuyo norte es lo correcto se descompone abruptamente? Te quedas estancado en el lugar, y la quietud, colega, nunca es la mejor opción.

Que pase

¿Y qué pasará si no te encuentro al límite del abismo? La desesperación de la soledad no lleva a buenos finales. Una laguna navega en mi mente, me olvidé tu nombre y tu lugar. Todo se me hace un nudo, hilos me atan como si fuera una marioneta: una disputa bélica para no dejarme controlar. Nada te conforma y queres echar afuera todo. Queres una limpieza profunda, un vacío inalcanzable. Comprendí que mi problema de antisocialidad radica en que cada día me vuelvo más irascible. ¿El entorno social me está llevando a eso? ¿Simplemente me acoplo al mal humor que aspiro día a día? Quizá sea normal asociarse a una personalidad gruñona y dejar que el tiempo pase.