- Arde tu corazón donde el espanto hiela -

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20 de diciembre de 2015

Alma y sus quince minutos

Quince minutos es el tiempo pronosticado para muchas cosas: para una ducha, para hacer zapping hasta que encontrás algo que te guste realmente, para escuchar algo de música antes de salir, para preparar fideos. Quince minutos para una conversación de teléfono, para desayunar, para reír, para cantar.
Los que más le gustan a Alma son esos quince minutos que tarda León en llegar hasta ella, minutos donde la ansiedad aprieta la mandíbula y hace repiquetear el pie derecho, donde la imaginación crea decenas de propuestas que terminan en sonrisas. Quince minutos de "avisame cuando salis" y "no toques el tiempo porque está durmiendo".

El tiempo suele jugar el papel de enemigo, pero no es así para Alma. Ella agradece al reloj, al que observa detenidamente hasta que la aguja llega a donde se espera y corre a la puerta con las llaves en la mano y alguna canción sonando en la garganta. Del otro lado de la puerta, su león le ruge.

5 de noviembre de 2015

Una canción distinta cada vez

Te sentas sobre la mesa como si fuera una silla más, como si fuera suelo, como si no te importara nada de tu entorno, solo lo que vas a hacer. Analizo la paciencia y la determinación con la que te moves, y te juro no comprendo cómo es que te consideras inseguro. Recuerdo que me dijiste que tu reciente determinación era a causa mía, pero yo no puedo adjudicarme tal responsabilidad.
Me miras. Creo que no sos consciente del poder de tu mirada. Moves los dedos, la música comienza, y te sigo en ese mar de impulsos en el que la vergüenza se fuga y quedamos nosotros, nuestros verdaderos nosotros, con las acciones que nos gustan y solemos limitar. Tu guitarra suena y sobre ella también se oye mi voz. Y no nos miramos, y no nos tocamos, pero pareciera que sí. Y luego nos miramos, y nos tocamos, y la sensación explota.

Tu música y tu arte se me adentran y soy capaz de sonreírle a cualquier tempestad. Cada vez que apareces dejas con tu estela el sabor a besos, un cosquilleo en la lengua, y una canción distinta cada vez.

29 de octubre de 2015

Eso que se enciende cuando nos miramos

Hay algo que se enciende cuando nos miramos. Un interruptor que ignoramos hasta que me miras, o te miro, y el otro es devorado por ese anzuelo. En ese entonces, ya no hay buen perdedor. Un lazo se tiende entre vos y yo, y aunque nos hagamos los idiotas, no hay como cortarlo. Ya no hay nada más que tu mirada detrás de mis párpados, nada que no se vuelva arte en este sitio mitad físico y mitad abstracto al que llamo mente. Me hipnotiza algo del conjunto que forman tus ojos y tu boca.
Con el pasar de los días - los besos y los escritos - empiezo a comprender por qué a veces prefiero callarme las preguntas cuando se trata de vos: la respuesta está en tus ojos, que dicen mucho más de lo que tu boca jamás podría llegar a traducir en palabras.

26 de octubre de 2015

Tus pestañas

Tus pestañas techan el mundo. Un mundo sin límites ni cielo, a menos que sea ese que materializas con tus acuarelas. Te debo eso que dibujas, ese cielo, ese infinito. El mismo espacio indefinido en el que tu mirada encuentra la mía y se abrazan a la distancia. Te abrazan mis ojos marrones y respira mi boca al rozarse con la tuya. No existen las casualidades, no por azar cada una de tus palabras inunda mi sueño. Tus respuestas son todo lo que mi hambre de filosofía espera, tus risas están clavadas en el blanco de mi memoria.
Si te pido que te pierdas de tu rutina y aparezcas en la mía, ¿qué respondes? ¿Cumplirías tus apuestas? ¿Me persuadirías para que realice las mías? ¿Perderías el juicio de que existen las casualidades con tal de creer que ésto es puramente voluntad nuestra?

Somos guionistas de nuestros destinos, productores de cada paso a dar.

Ya no sé ni cómo se camina sobre la cuerda floja de nuestra calesita. ¿Y si tu pedido de captura se completa? Me inquietan los sentidos que dominan cualquier tipo de raciocinio con aquello que perciben: la tensión de tu boca en mi mejilla, mis brazos enroscando tu abdomen, tus canciones sonando de fondo, mis manos explorando tu oreja. Dialéctica donde vos viajas y yo me quemo, vos obedeces a tus impulsos y yo me dedico a conocerte, a conocer tu arte, tus pestañas, tus miradas, y todo eso que vos me quieras obsequiar.

Palacio árabe

Una infraestructura que imita a un palacio árabe, pero muy pero muy colorido, oculta el horizonte a sus espaldas. Pegados a él, otros edificios intentan darle batalla en ese juego de captar la atención de los transeúntes. No suelen conseguirlo, a menos que hablemos de alguien fuera de lo común. Alguien como esta observadora a quien siempre le llama la atención lo inusual.
Mi punto de partida, mi mirador, son las escaleras de peldaños altos y estructura rocosa del célebre Parque Lezama. El astro rey se esconde detrás del palacio árabe, le brinda una majestuosidad que en el resto de los edificios revela discordancia. Menos para mi, como dije antes: no puedo dejar de admirar los departamentos consecutivos, pintado uno de verde viejo y otro de rojo cadmio. Gemelos son, solo que en el primero una ventana abierta deja que la cortina se escape y se bese con la brisa.
Yo te beso a vos, y el atardecer termina en una noche ruidosa y concurrida. Nuestros brazos nos atan, suspiramos en medio del nudo que nos sofoca con satisfacción ante esta prisión voluntaria. Pienso - en el mayor silencio de mi mente - que desearía morir en esos abrazos eternos.

O en una mirada tuya.
O tal vez en un roce de manos.
Aunque al final, muero en esta conjunta observación del horizonte, donde el palacio árabe ya es velado por la tenue luz de la Luna, y el cielo se ha vuelto negro como el carbón, y como tus pupilas.

11 de octubre de 2015

Los ojos tristes y la mirada musgo

Hay muchos asientos acomodados para formar un círculo irregular. Una guitarra ambienta el momento, la vista captura guirnaldas y globos rotos, botellas de cerveza por doquier y mucha pero mucha basura. La luz de un Sol tapado por las nubes matutinas se filtra por un flanco de la galería. Es de día, la fiesta ha terminado. Aún así la alegría y las risas no pueden detenerse.
Hay alguien sacando fotos y alguien buscando su celular en el interior de su cabeza. Otros dos se reparten la viola y dan color a ese final que lentamente se aproxima. Por último - y resulta el foco de atención en nuestro relato - otras dos personas, una mujer y un hombre, participan ajenamente de la situación. Hablan, sí. Ríen, sí. Pero son sus cuerpos quienes parecen salir de sus propias fronteras y entablar una conversación muda.
Una mirada del color de musgo acechando un rostro alargado y una boca de labios finos. Sus ojos son tristes pero su sonrisa inmensa -y no por el tamaño sino por lo que genera-. Los ojos tristes se encuentran con el musgo, lo deja en evidencia pero no consigue echarlo para atrás. No es fácil acobardarlo.
El musgo sonríe, y no se sabe si lo que sonríe es su boca, sus ojos, o las dos cosas. En ese encuentro, los cuerpos parecen hablar entre ellos en voz alta por demás. Sus cuerpos gritan pero se esfuerzan en acallarlos. Los ojos tristes - que vale aclarar, rara vez lloran - piden un voto de silencio, demandan un descanso a esa mirada insistente, esa mirada musgo capaz de decir muchas cosas sin hablar. Pero el musgo, como era sabido, no se echa hacia atrás.
Escapan los ojos tristes, escape desesperado pero jocoso. El musgo parpadea e intenta distraerse. Unas voces en su cabeza se preguntan en silencio: ¿Hasta cuándo se tratará de huir y postergar? ¿Hasta cuándo tendrán que hacerse los tontos? ¿Hasta cuándo la distancia será barrera? Un pensamiento los consuela: la Luna es siempre la misma, acá o en el otro rincón del mundo.

29 de septiembre de 2015

Saludos y RS

"Mi papá era ingeniero, y físico. Pero tenía un problema: tenía el peronismo acá", Jorge se toca el entrecejo con el dedo índice. Ha contado esa historia decenas de veces, pero cada vez que lo hace la relata como si fuera la primera vez. Se le nota en los ojos que es un hombre de convicciones, cuya vida se basó en luchar contra la marea establecida. Nunca fue uno más, siempre fue distinto: un incomprendido, un marginado. Ahora también lo es, pero por otras cuestiones que a nadie le interesan. Maldigo a quienes creen conocerlo sólo por haberlo escuchado decir un "gracias". Es su amabilidad y agradecimiento la capa más superficial. Me pregunto si está bien lo que digo, maldigo a quienes creen conocerlo como si yo lo hiciera. ¿Realmente lo conozco? ¿Es Jorge este hombre que se pone a la defensiva cuando le tocamos la llaga con un poquito más de fuerza que lo usual? ¿Es Jorge este hombre de dos hijos cuyos nombres representan de algún modo las luchas de su vida? ¿Es Jorge este hombre que fue editor de libros, que trabajó en Clarín y piensa que es una mierda? ¿Quién es Jorge?

Hay algo de lo que estoy segura: Jorge no es un extraño escondido en la penumbra. Es más, estoy segura de que si se lo describo con sumo detalle a varias personas, alguna de ellas recordará haber visto su silueta debajo de una manta en el anden del tren de la estación Lanús. Así lo conocen, como una sombra nada más. ¿Y quién quiere ayudar a una sombra? ¿Qué? ¿No era parte del paisaje? A veces no sé si es peor la indiferencia, o la negación, que es la completa paralización del sentido del oído. Ahora más de uno está cenando en familia con el uniforme colgado de una silla, abrigado con el refugio de un techo. No es el caso de Jorge, que no puede ni ponerse de pie porque las piernas le fallan y la cintura le duele, que soporta el invierno con una frazadita de mierda y la inseguridad la camufla con su demencia senil.

Y además de escudo, su demencia es la manera de lavarse las manos de más de uno de esos uniformados que dan un beso a sus hijos y se van a dormir, creyendo que hicieron bien su labor. Con la cabeza en la almohada, ¿alguien repasa críticamente el contenido de su día? ¿Recuerdan que desayunaron un café muy negro, que putearon a un par de transeúntes irresponsables, que hicieron unas cuantas multas y que pelotudearon a una pibita de 19 años sólo porque creen que su corta edad le quita valor a sus palabras? ¿Lo piensan?

Mientras tanto, Jorge cuenta por décima vez a un grupo de iglesia acerca de su huida a Uruguay, donde terminó su primaria, donde se escondió de un peronismo que lo perseguía por anarquista. Tal vez recuerda fugazmente a quien alguna vez fue su esposa y a quien hizo infiel, aunque ahora no sepa ni dónde está, ni siquiera si vive. Vuelve a decir gracias y a ofrecer lo poco que tiene, hablará de su hijo y su inteligencia, dirá que esos rasgos se saltan una generación. Sonreirá, y no sólo desde la boca sino con los ojos, cuyos iris tienen una aureola gris que - ruego - no sea un principio de cataratas. Jorge se despide y las comisuras le alcanzan la línea donde comienza su prominente nariz, y sólo cuando la estación comienza a hundirse en silencio el cansancio de sus 77 años lo deja dormir. Y yo también me despido - aunque prefiero creer que es un hasta luego -, como Jorge me enseñó, como se despiden los anarquistas:

Saludos, y revolución social, compañero.

26 de septiembre de 2015

Pinos franceses

El cielo está vestido de nubes. La Luna que tanto estuvieron buscando prefiere hacerse rogar y ocultarse para ser anhelada en su escondite. Afuera la música está eclipsada, un poco por la distancia, un poco por la cercanía entre ambos. Las flores del árbol sobre sus cabezas aromatiza la escena, recortada por la silueta de unos pinos franceses que no son más que árboles sin nombre. "¿Sabes de árboles?" pregunta desde la inocencia. Él ríe, como toda la noche, separando los labios y echando la cabeza ligeramente hacia atrás, y su respuesta se pierde entre miradas que buscan besarse. Están sumergidos en un abrazo que los retiene, o quizás sea la complicidad de sus ojos que brillan. "Es que me da el farol, por eso brillan". Y sonríen, porque saben que el farol es inocente.

El frío pasó a ser un cuento que ya nadie relata. Hay un par de manos que se enredan detrás de una espalda y una boca que hace su telaraña de besos sobre otra piel. La soledad del lugar les da empujoncitos, y a pesar de todo los corroe la inocencia de punta a punta, en cada vena. "Tenes rico olor en el pelo", y las mejillas arden en un infierno demasiado dulce. Frases que como una séptima generan tensión, que están a la expectativa, que ponen a prueba. "¿Por qué te reís?", porque su curiosidad es su virtud número cuatro y a la vez su defecto número nueve. "Es que mi cabeza piensa muchas cosas, y me estoy aguantando decirlas", y la inseguridad es lo único que quebranta su mente apasionada.

Se les vuelve oro la memoria, los recuerdos adquieren un valor que sólo las sonrisas posteriores y espontáneas podrían entender. Fluye con ellos sus filosofías y su arte, y los pinos franceses tiemblan con el viento, aunque en realidad, conmovidos, están riendo.

15 de septiembre de 2015

Te brillaban los ojos

Un escarabajo en la noche no se ve, la oscuridad lo cubre. Vos, aún así, haya luna o no, sos capaz de ver todo. Incluso mi fondo, incluso mi escarabajo más sucio, más coleccionista de mierda.  Al cielo lo decoran unas treinta estrellas que resaltan y que vencen la contaminación lumínica, que le ganan a todas las demás en una batalla darwinista.
Este escarabajo se alimenta de cerveza y de palabras bonitas, de panoramas del cielo y del regocijo de tu guitarra sonando.

Y paralelamente, a vos te brillaban los ojos. El alma se te hacía música.

8 de septiembre de 2015

Soñar con arañas en la panza

Un domingo por la tarde, entre jaulas despintadas, plantas de aloe vera y otras más a las que llamó como quiso a causa de falta de conocimiento, repentinamente dejó de reír. Es que uno nunca sabe cuándo va a llegar esa puñalada por la espalda, ese balde de agua fría, ese golpe en la boca del estómago, que despelleja cada ilusión armada como castillo de arena. Esa confesión cayó sobre el césped como caía el Sol sobre la fina e imprecisa línea del horizonte, consiguiendo que el cajón de sueños de que se alimentaba fuera profanado.

Su respuesta, una vez más, fue el silencio. ¿Qué otra cosa le quedaba? Días después comprendería que quizás no hubiese sido la mejor decisión si tomaba en cuenta sus ambiciones, pero al menos sí la más honorable. Acababan de asesinar sus metas, pero no por eso debía hacer lo mismo. Repentinamente la inocencia de las jaulas se transformó en prisión, y la compañía amena se hizo tortuosa. Su vientre fue punto turístico de miles de insectos que con sus pequeñas patitas arañaron todo a su paso. La culpa vino justo después de eso. El miedo fue testigo de todo, y la desesperanza la última vista.

Después, cuando dicen que nunca hay que dejar de soñar, yo les digo que no se puede soñar con arañas en la panza.

Somos cíclopes

Juguemos a que es posible no perderse en tus ojos, a que la estrategia del cíclope a distancia no nos destroza a los dos. Juguemos a que no te sueño, a que no te pienso. Juguemos a que no vas a romper mis esquemas, a que no vas a atacar cada principio referido al amor que mi conciencia haya armado alguna vez. Juguemos a que no me miras y no te miro, a que no hay conexión alguna. Juguemos a que no te busco como se busca un tesoro y a que vos no esperas que te encuentre. Que no haya rapidez ni lentitud, paremos el tiempo. Juguemos a que me arrepiento de todo esto anteriormente dicho y a que, en un segundo, somos cíclopes y tus ojos sobre mis ojos significan mi boca sobre la tuya, y ahí si vamos a parar el tiempo, ahí sí nuestra guerra terminará en paz.

5 de septiembre de 2015

Callarme las preguntas y vivir a tu sombra

Había más luz en el cuarto de la que hubiera deseado en un primer momento, pero después de dar algunos pasos hasta vos y entornar la mirada, me alegré de que la luz natural que se filtraba por las ventanas iluminara particularmente tus manos. Era la primera vez que las veía en movimiento, y así como lo había imaginado, de ellas emanaba magia. A decir verdad, ya no sé si era magia o música, pero veía flotar sobre ellas algo así como una hilera de notas musicales invisibles mezcladas con un arcoiris de colores. Jamás había visto algo así. No supe si ese hechizo era elaborado por tus manos dedicadas o por la intensidad con que tus ojos oscuros miraban lo que hacías. Tu concentración te impedía sentirme, incluso aunque nuestra distancia se resumía a dos pasos. Yo era sólo una sombra, pero vos brillabas en medio de la blancura.
Brillabas con la pasión de los movimientos ágiles de tu muñeca. Aparecías y desaparecías cada vez que parpadeabas para imaginar en tu mente lo que después plasmarías en lo material. Casi podía ver la imagen destornillándose dentro de tu cabeza, a través de tu cráneo, y vos casi que podías acompañar esa visión con todos los sentidos. Olías, sentías, escuchabas, olfateabas cada retazo, cada pequeño centímetro cuadrado. Deseé ser color, línea, tinta, pero continúe siendo sombra. Había algo en la manera en que tus hombros se acomodaban ligeramente, en cómo los labios se te entreabrían de a ratos, en la presión de tus globos oculares, que traducía cada sentimiento que te cruzaba por el cuerpo. Desde la sombra noté cuán afortunada era por presenciarte así.
¿Cómo quejarme? ¿Cómo pedirte atención cuando estabas exactamente en tu lugar feliz en el mundo? ¿Cómo pretender otra cosa con semejante acto de devoción desinteresado y puro?
Entonces comprendí que vos eras mi obra de arte anhelada, aquel pedazo de infinito que jamás podría alcanzar y tampoco quería hacerlo, porque era esa lejanía la que te daba el carácter de mágico.

Y como es tu misterio lo que me gusta, prefiero callarme las preguntas y vivir a tu sombra.

23 de agosto de 2015

Planta oruga

Dejó que sembraran en ella la semilla del miedo: fue tierra fértil de frutos crueles, alimentó con sus proteínas al dolor, a la inseguridad, a los aberrantes celos. Atrás quedó la brisa de verano que sacudía los tallos de su rostro, creció planta mala antes de poder erradicarse a sí misma. Una espina por un lado, una hoja comida por el otro, repartió su terror en cada raíz cercana, se cubrió de un manto de mentiras y escudos, de malas experiencias, de desconfianza. Le fue imposible sentir la calidez del rayo del Sol sobre su cuerpo nuevamente, se volvió planta oscura, planta marchita. Ni los mejores tratamientos pudieron revivirla, pero ni las peores tormentas consiguieron matarla. Planta nació planta quedó, en ese estado de efervescencia interior constante, sangre que se agita pero no explota, no se muestra. Planta que prefiere que nadie se le acerque a curarla, no de nuevo, porque cualquier caricia podría ser un letal cuchillazo. Así llegan las mejores heridas, disfrazadas de cariño.

Planta sola, planta oscura. Planta que prefiere ser planta y nada más, planta que, como oruga, araña la soledad desapercibida, la anhela y la desea. Ya no los escenarios, ya no los rayos de luz apuntándola a ella. Ya no quiere ser mariposa de nadie, porque aunque viva con intensidad, como mariposa sólo vive un día. Y se pregunta si es mejor quedarse planta, quedarse tierra, quedarse oruga, creyendo que la constancia y el silencio harán su vida menos dolorosa. ¡Cómo si no hubiera dolor en las sombras! ¡Cómo si no hubiera llantos en los camerinos! ¡Cómo si la oruga no sufriera en su capullo esperando por quien no es y no sabe cuándo será!

Qué planta, que oruga tan idiota.

Fantasma

A veces siento que me jalan la mano,
o presiento la sombra de un beso
en la comisura derecha de mi boca,
y sé que es tu fantasma
merodeando cerca.

Incluso te huelo en otras pieles,
te veo en otros rostros,
te recuerdo en otras peleas.

Te llamo en otros nombres
(pero sólo en mi cabeza)
e inspecciono autos ajenos
(por si sos quien conduce).

Aconsejo en otras historias
donde alguno de los protagonistas
se te asemeja,
te maldigo cuando me invade
una nostalgia desconocida
y sin motivos.

Pero eso es solo
cuando dejo de olvidarte
y regreso a tu frecuencia,
aquella que trato de evitar.
Y parpadeo y ya no te veo,
no me acuerdo de quien sos,
y el tiempo hace un desconocido.

Eso sos, nada más.
Un pasado que murió
hace lo que pareciera un siglo atrás.

17 de agosto de 2015

El esfuerzo puede con todo.

Qué bello es el regreso. Son manos que había soltado, abrazos cuyo calor había muerto en un desierto que decidí atravesar. La soledad más dura es la que uno elige. Perfumes del pasado y perfumes nuevos, sonrisas y voces que ya estoy guardando en el cajón de memorias que durarán por mucho tiempo. Tengo clavadas sonrisas, palabras, miradas de un magnífico retorno. Hay una energía entre las personas que no se quiebra, pensamientos e ideales que no se doblegan ni aunque se los intente reprimir. Si la admiración ha de ser pecado verticalista, peco de ello porque, con suma sinceridad, admiro a este grupo de personas que, sin miramientos ni vacilaciones egoístas - cosa que a más de uno le sobra, incluso a mi - dan todo su compromiso. Como decía uno de la manada, el esfuerzo puede con todo, y esta gente esfuerzo es lo que transpira. Su manera de ver el mundo, la negación al asistencialismo como una propulsión a la horizontalidad. Codo a codo con el mundo, respirando y viviendo como uno más, sin estratos, sin calidades, sin miradas de reojo ni prejuicios. Voluntarios que toman su dedicación y la utilizan como estandarte, la voluntad es su única bandera.

No sé si es un agradecimiento lo que se les debe, después de todo no es lo que quieren recibir. Sólo sería preciso admirar un poco de esa luz que despliegan. Tomar esa luz, contagiarla como única cura a la enfermedad universal del egoísmo y la indiferencia y curar así males peores que las crisis económicas o el cáncer. Males serios, como la deshumanización.

Y acá estoy yo, una antigua o nueva voluntaria de un grupo sin nombre real ni relevante. Sólo yo, decidiendo pisar un sendero con estas luces que ojalá, algún día, puedan iluminar cada camino del mundo.

16 de agosto de 2015

¿Qué te ves haciendo en un futuro?

A todos nos preguntaron eso al menos una vez en la vida. Tal vez fue la abuela, una tía lejana que no sabe nada de nuestras vidas, o peor, por ahí fue tu vieja, tu hermano, la señora que vive al lado. Lo que importa en sí no es quién lo pregunta, sino la respuesta que, por supuesto, es siempre una mentira. Decime la verdad, ¿enserio te imaginas siendo una periodista pagada por el oficialismo o el grupo Clarín? No, peor, ¿querés ser médico, psicólogo, dentista, ingeniero, arquitecto, cocinero? ¿En serio queres eso? ¿Deseas algo tan burgués como una profesión para tu futuro? No no, ya sé, me vas a decir algo muchísimo más puro como que queres una familia, hijos, un acompañante de vida que esté para siempre. Baja de la nube, primero conseguirlo a estas alturas es muy difícil y segundo, dudo muchísimo que sea el verdadero deseo de tu alma egoísta. Todas las almas son egoístas, todos los somos, algunos tienen la poca decencia de no disimularlo, porque después de todo vivimos bajo una cultura que hasta el hecho de hacernos los buenos es algo armado. 

Me preguntaron muchas veces qué quería ser "cuando grande", qué me veía haciendo en el futuro. Uno siempre responde lo mismo, ¿viste cómo es? Aunque sabe que posiblemente no se cumpla, aunque sabe que es un discurso armado para todas esas personas curiosas y que, como también tienen su frasesita ensayada, quieren saber cuál es más habilidoso a la hora de hacerlo creíble. Suelo decir que quiero estar en una radio siendo locutora, que amaría escribir en una revista, a su vez laburar medio tiempo en una empresa donde me toque la parte de prensa o publicidad y que, claro, ya esté en proyecto la secuela de un libro que me hará muy famosa y me hará sentir satisfecha conmigo mismo.

Hoy, domingo por la noche de un fin de semana largo, vislumbro la verdad. ¿Cómo decirte, lector posible, que no es verdad que me veo rentando un departamento del centro de Capital que me cruce con toda la calidez bohemia de la Ciudad y que, entre botellas y botellas vacías de alguna bebida alcohólica, una notebook reciba mis escritos con condescencia casi lastimera? Así me veo, al menos así me veo ahora que un licor de chocolate está envenenándome las venas.

12 de agosto de 2015

Crisis no-económica

La palabra es miedo,
pero el sentimiento es bronca.
Tal vez sean los dos.
Desearía que no tuviéramos pasado,
así sería todo más fácil.
Sin huellas no hay dolores ni inseguridades,
aunque tampoco aprendizaje.
Creo que esta vez la crisis llegó
mucho más rápido que la última vez.
Lo extraño es que las causas son otras,
y donde debería existir una inflación
de recuerdos de otras bocas,
hay una caída en la inversión de mi autoestima.
Debería dejar de escuchar las conferencias
de nuestro querido ministro de economía.

8 de agosto de 2015

"No me importa perder hoy, y no me importa si nos perdemos"

Tengo una pregunta tuya en la memoria,
o quizá sean diez.
Más que preguntas afirmaciones.
Más que afirmaciones,
oraciones donde te derretís
y me derretís también,
llevándome con vos
a los aposentos de Hades.

No me importa quemarme,
y a vos tampoco.
No nos importa perder
porque pensamos que no hay mayor victoria
que mis dedos sin uñas apretándote contra mi
y tu boca haciendo un tour en la piel de mi cintura.

Son tus viajes epidérmicos
en el terreno de mi silueta
los que están desquiciando todo,
los que graban con fuego
pequeños filmes en mi psiquis.
Muero en el perfil de tu rostro iluminado
por una luz que llegó como condena y castigo
- y después como torbellino de deseo -,
también en tu par de labios carnosos y oscuros
que, abiertos, cantaban entrecortado.

Tu ceño fruncido que,
sorpresivamente,
se parece al mío,
sí, a ese mismo que hago
cuando a pesar de mis "no, no, no, no"
haces exactamente lo que te da la gana.
Ese ceño fruncido que no es de enojo,
sino de puro consentimiento frustrado,
de buen ruido reprimido por las circunstancias,
de respiraciones que podrían derribar una casa.

Nosotros preferimos derribarnos a nosotros,
sabiendo que incluso así,
seguimos ganando.

27 de julio de 2015

Cubito de hielo

El mundo afuera se descose,
mientras mi preocupación mayor
es si tomo una segunda sopa
o mejor no lo hago.
Te chocas así de golpe
con el egoísmo personal.
Que la Primavera en Arabia
no termina más,
mientras vos pensas
cuándo va a terminar esa serie que seguís.
El tipo que te cruzaste
en esa esquina de tu barrio
vestía andrajoso porque, sí,
como pensaste es un linyera.
A vos te molesta no pintar tu cuarto,
el tipo no tiene paredes.
Dudé diez minutos
acerca del asunto de la sopa,
ese mismo linyera
tomaría un pedazo de pan sin dudarlo.
Por supuesto que las prioridades
no son las mismas para todos.
Mañana por la mañana,
van a llamar a cientos
para darles un nuevo trabajo,
también mañana por la mañana
despedirán a cientos
que van a caer en la desgracia.

Y yo tengo miedo
de qué me voy a sacar mañana
- hoy - en el examen,
cuando hay gente prendiéndose fuego
en las calles musulmanas
porque el gobierno les roba todo.

Lo peor es que a pesar de la globalización y la tecnología, vivimos metidos en un cubito de hielo que no es hueco, que su interior es sólido y congelado, y vos formás parte de eso también.

23 de julio de 2015

Solucionarte

Que la sinceridad me juzgue si estoy equivocada, si ésto es tan sólo una ilusión. Que la realidad me golpee si tus besos son un sueño, que se me acuse de loca pero no puedo dejar de sonreír esta noche (y la causa sos vos). Que me quiten la vista, el olfato, el gusto, el oído, pero jamás el tacto, ese glorioso sentido que me encuentra con el calor de tu piel, que me obsequia esas cosquillas en el vientre y esa presión que logran tus labios contra los míos. Todo lo demás no importa mientras pueda explorar el mundo de tu corteza.
Perder la cordura bajo tus caricias, olvidarme de todo lo cruel que el mundo ha creado alguna vez. Sólo reírme de tus comentarios, de aquellos que no entendés ni vos mismo y de aquellos que decís con claros objetivos. Que el hecho de que nos cubra la noche o el día sea algo de segundo plano, que sólo importe tu cuello torcido y mi tendencia a saltar sobre él.
Vos lo dijiste, ésto es un problema, pero por extraño que suene es un problema con el que sí quiero lidiar, siempre y cuando venga acompañado de besos en paradas de colectivos y miradas sobre la mesa de algún restó de comida rápida. Si el problema viene con tu compañía, lo recibo con los brazos abiertos. Si el problema sos vos, me ofrezco a solucionarte.

Espero que te agrade mi solución: está llena de besos en la oreja y mordidas de espalda.
Y si el remedio es tan placentero que preferís que la enfermedad se quede, que así sea. No puedo oponerme a la idea de solucionarte.

20 de julio de 2015

Carta a un extraño.

Querido extraño:
Te escribo ahora porque recordé que existís y me dio curiosidad cómo sos. Sé que nunca lo sabré y eso despierta mi inspiración a la hora de escribirte. Posiblemente ni siquiera te gusten las cartas, o aún peor, quizás ni te guste leer. Más no importa. Espero generar suficiente intriga como para que leas hasta el final de este escrito.
Voy a contarte algo de mi, extraño. Ahora mismo estoy recostada sobre una manta, disfrutando de la belleza de un parque, un domingo por la tarde. En lo más hondo de mi inconsciente, estoy esperando que se presente alguien que se que no se va a presentar. Aún así, el día es hermoso y la calma que siento lo es aún más.
Me gustaría preguntarte tantas cosas, intrigante desconocido. ¿Cuáles son tus sueños? ¿Qué pensas cada mañana después de abrir los ojos? ¿Qué crees que mueve el mundo? ¿Cuánto tiempo pasa desde que notas que tenes ganas de orinar hasta que efectivamente te levantas y vas al baño? ¿Desayunas? ¿Te gusta viajar? ¿Cómo curarías un corazón roto? Disculpa si hago preguntas muy personales, soy así, desde siempre.
Voy a guardarme las preguntas que sé que jamás conoceré sus respuestas. Ahora, y por lo tanto, opto por contarte algo más de mi vida. Llevo tanto tiempo quieta, vagando entre letras, que se me durmieron los pies. Acaba de pasar un hombre vendiendo facturas y se me hizo agua la boca (¡No sabes la pinta que tenían!). El diario al lado mío está abierto en una noticia de Maradona que no llama mi atención para nada. No soy fanática de aquellos grandes que echan su carrera a la basura, quizás por eso Charly Garcia no me obsesiona - aunque su música es inmensa, eso sí -. Sé que todos somos humanos y cometemos errores, y eso está perfecto. Ahora, cuando Charly o Maradona aparecen merqueados en algún medio de comunicación no faltan quienes dicen que siguen siendo ídolos, grandes, genios. Pero si aparece algún pibe drogado o dado vuelta, ese es chorro o villero. No hay tutía.
Acabo de ver que en la hoja siguiente a la nota de Maradona, unas palabras blancas y grandes anuncian un químico que aumentan el volúmen del pene. Mi instintiva respuesta fue un "já" sin sonrisas ni muecas de asco. Cada día se descubre algo nuevo. No voy a criticar al diario que subió esa nota ni a los periodistas y editores que se encargaron de redactarla y encuadrarlo. Tiempo atrás criticaba mucho a tales profesionales, ahora que estudio Ciencias de la Comunicación aflojé un poco. El periodismo puede ser tan subjetivo como la literatura porque, al fin y al cabo, siempre va a tratar de opiniones.
Volvió a pasar el vendedor de facturas y el estómago me suena. Está comenzando a hacer frío, el Sol ya se está escondiendo. Como te dije, la persona que esperaba no apareció - de hecho, nunca le llegó el mensaje que le envié -. Atardece muy temprano en invierno, el día se vuelve tan corto. Detesto el invierno, extraño, lo detesto fervientemente. Odio el frío, mi nariz roja, viajar a todos lados con tanta ropa que parezco un iglú con patas, los temblores que soy incapaz de controlar, esas noches que el frío arma todo un complot para que recuerdes cuán sola estas y tengas que recurrir, como último recurso, a veinte frazadas que te hagan de pareja. El frío es, simplemente, una mierda.
Creo que tengo que dejarte, acaba de llamarme una amiga diciéndome que ya está en camino a mi casa y yo estoy lejos de estar allí. De todas formas la huida del Sol ya estaba desanimándome, y escribir con frío es algo que jamás podré hacer - al menos frío externo, con el interno he creado algunos de mis mejores escritos -.
Así que me despido, extraño. Espero que algún día tenga el placer de conocerte y saber quién eres, aunque hoy por hoy podrías ser cualquier persona del mundo.

Te deseo el mejor paso por la vida - nadie desea eso, no sé por qué -.
Hasta nunca, posible,ente.

Otra extraña más.

15 de julio de 2015

Carcelero

Lo peor de todo es que me entiende; a veces preferiría que sólo se diera vuelta y me abandonara con un insulto en la boca. Sería más sencillo de esa manera. Tomaría ese tren que nos separa y allí permanecería, en la distancia. No se confundan, no es su partida lo que deseo. Quisiera que me despierte cada mañana con un mate en mano y un beso que desde su boca se haga reclamar. Pero a veces - un a veces mentiroso que se está volviendo siempre - los deseos no son lo que prioriza en la cabeza de las personas. Al menos a mí, eso no me pasa. Estoy haciendo un viaje en el que, desde mi punto de vista, las esperanzas son el barro que se junta en el cordón. Un barro denso y sobre todo pegajoso, que una vez que atrapa tus pies no te da nada más que cárcel. Soy prisionero en el medio de la libertad, y vos, mi amor, mi dulce carcelero.

27 de junio de 2015

Que la libertad me de las respuestas

No recuerdo cuándo me enredé con la primer soga. Quizá fue imperceptible o quizá yo misma la busqué con el objetivo de no moverme de mi lugar, de no dar pasos arriesgados. En esta sociedad de prejuicios y etiquetas todo es arriesgado. En algún momento que no noté, otra soga me clausuró el movimiento de los brazos y las piernas. La tercer soga sí la percibí, pero ya era tarde. Ésta fue violenta y represiva, y fue cómplice de las primeras dos que, como matones, sólo la ayudaron a apriosionarme. Llegué a tener sogas en cada parte del cuerpo, tapando cada retazo de mi piel. Me cubrían la boca, los ojos, los oídos, me clausuraban los brazos, las piernas, las manos, los dedos. Me cubrieron el sexo y la garganta, con tal fiereza que me dolía respirar. He pasado años preguntándome quién soy y cómo liberarme, me he estado cuestionando cosas que creía claras y ahora son sólo un mar de dudas.

Pero tu beso me desató, nena, y en el torbellino de mi búsqueda encontraré las respuestas.

Café

Cuando la dejé, todavía tenía olor a café en sus labios. También yo lo tenía cuando él me dejó ese domingo por la noche. Incluso ese otro, que iba a venir por mi con inocentes intenciones, cargaba de por medio con la excusa de un café. Creo fervientemente que esa bebida comienza a atar cabos sueltos en mi vida, que se manifestará para unirme con otras personas.
Tenía aliento a café a pesar de que no lo había tomado, quizá mis ganas de que no se fuera y que se quedara a merendar conmigo toda la tarde, hicieron que lo imaginara. Antes de irse me pidió que me cuidara y se marchó dejando la estela de la lejanía que la caracteriza. Cuando cruzó la calle, pensé que incluso si un auto la chocaba sería incapaz de dañarla: creí que pasaría a través de ella y ya.
No fue lo mismo que pensé de él, a quien en cambio hubiese deseado que lo chocaran con fuerza (sólo en un instante de furia, no en mi verdadero yo). El café nunca fue un punto de unión para nosotros, creo que debía haberme dado cuenta desde entonces sobre cómo sería el final. Su boca nunca fue café, y de serlo, era el café amargo con el que jamás podría simpatizar. Su lengua era edulcorante, falso y dañino.
A ese otro quería tenerlo dentro de un auto, sólo nosotros, por primera y única vez, sin que me importara el sabor de su lengua ni sus preferencias, pero eso ya es otra cosa.
Recuerdo que a mi amor de verano no le gustaba el café, seguramente por eso fue sólo de verano. ¿Cómo no desear un placer tan exquisito? Lo contrario me pasaba con aquella, cuya adicción al café era tan obscena que sentí que lo profanaba. Siendo sagrado, siendo algo sublime, calificarse de adicta al mismo me parecía un ultraje. Una adicción es algo negativo, y no debería considerarse nada negativo en cuanto al café.
Y ya sé qué busco, y sé que no lo voy a encontrar: esa persona enteramente café, que respire, mire, toque y bese café.
Sólo café.
Que café sea.

19 de junio de 2015

Ernesto Perez Vallejo

"Porque si te quedas,
no sabrás que pienso cuando pienso tanto,
ni oirás un yo también después de un te amo,
porque jamás supe forzar una palabra
y ya es tarde para contradecir mi abecedario.
Y no sabré decir nunca que te quedes,
ni aunque sea mi deseo primordial
porque si yo pudiera irme de mi mismo,
también lo haría.

Ni siquiera si decides quedarte
podré escribir algún verso decente en tu nombre
porque sería demasiado feliz
para ser poeta."

Silencio. Respiro. Aplausos.

"
Tú sembrarás en cada duda un adjetivo bonito,
en cada complejo tu boca
le hará el amor a mi ego,
en cada herida otra herida,
en cada luz otro eclipse,
en cada ron dos de besos.
Y dirás con voz de eternamente
que nadie se interpondrá entre nosotros,
que nadie te ha besado como yo,
que nadie te ha follado como yo.

Y esta vez "nadie" quizás sea rubio
y tenga dragones tatuados en la espalda,
o un moreno de esos con ático en los ojos
y boca de cuento de hadas
y comieron perdices.


Diecisiete, dieciocho,diecinueve y veinte.
- Voy. Dije.

Pero ya no estabas.

Y yo claro, he empezado a contar otra vez.
Por si acaso."

16 de junio de 2015

El beso y se va.

Sabe despeinarme los suspiros cuando no lo espero. No sé si lo ignora o simplemente lo que está ignorando es a mi. Me involucro en un viaje hasta sus labios que mis remos nunca alcanzan, en cambio ella con un sólo parpadeo ya me dejó el saludo de un roce de bocas. Un beso y me deja ir, o se va ella, o nos vamos juntas pero siempre por caminos distintos. Después del contacto, encontrarla es una odisea. Busco una manera de acercarme en sus palabras pero siempre es distante, dibuja esa barrera que no sé si imagino o si ella la deja caer sutilmente. Está allí, intangible, entre las dos.
La distancia me hace olvidar cuánto la deseo, me canso de la lucha, los brazos se me desmayan a cada lado del cuerpo. Es tan salvaje y tan dulce, tan lisa y enigmática. Un enigma que no cierra en sus labios, que se expande hasta su mente. Una mente que está lejos, y siempre pero siempre me sujeta desde un hilo tan fino que a veces nos olvidamos de él.
Y cuando me canso, pequeña estrella, volves en un suspiro, en un roce, en una palabra, en un abrazo, en una canción al oído. Entonces vuelvo al bote, pero cuando calzo los remos ya estas lejos nuevamente.

El buen ruido.

No entiendo por qué es así conmigo. No entiendo por qué me besa en la mañana a pesar de mi posible mal aliento y por qué me acaricia el pelo hasta que duermo. No lo entiendo, de veras. Mi terapeuta dice que debo dejar de buscar una explicación a todo, que tengo que empezar a aprender que no todo tiene justificación y que muchas veces los motivos se desconocen. Eso tampoco lo entiendo. ¿Cómo no morirme de intriga al desconocer el origen que confecciona sus impulsos?
El contraste de sus párpados negros y ojos penetrantes con su boca roja me desespera, siento que si no la beso estaría cometiendo un pecado. Besarla también lo es, porque me lleva a pensamientos indebidos que deberían estar prohibidos en el cielo al que, sabemos, ninguna de las dos va a ir. Ni queremos hacerlo tampoco, el cielo es para ineptos. Mi cielo es mi boca en su cuello y un gemido en su garganta. Mi cielo es el abrazo entre la muchedumbre que nos traslada a a una falsa realidad, donde sólo estamos las dos y un sin fin de caricias. No necesito otra cosa que su menuda figura entre mis brazos, a la que pueda amar y corromper.
Ella dice que su felicidad está en mi voz leyéndole a Bukowski, que contra lo único que vale la pena luchar en esta vida es contra la cortina negra que hace mi pelo entre su rostro y mi rostro. Dice que no le importa atravesarla, romperla, despeinarla, si del otro lado está mi boca.
Sé que me gustaría derretirme bajo su cuerpo y sé que a ella le gustaría, y que no le molestaría que The Cure suene de fondo. Sé que piensa lo que yo pienso en el mismo momento, sé que seríamos perfectas actrices en alguna película de asesinas seriales - y que actuaríamos desde lo más profundo -. Sé por qué la amo, y es porque no es una mujer corriente. Sé que no busca lo común y que entiende la soledad, y que Bukowski la utilizaría como musa para miles de poemas que me pondrían celosa. Me ha dicho que, por momentos, soy capaz de robarle el alma, que adora los puntos en mi cara que ella llama pecas y yo llamo desgracias, que por mis palabras es capaz de creer cualquier cosa.

Me ha dicho que quiere curarme el alma, porque ha visto los agujeros negros que hay en ella y no se ha acobardado. Dice que me cicatrizará con abrazos, besos, y muchísimo sexo. Yo sólo pienso que es perfecta. Y sigo sin entender cómo la vida, que es tan puta y nos acribilla constantemente, decidió tener un acto de bondad y cruzarla en mi camino.

- ¿Por qué yo? - le he preguntado.
- Porque no esperas que te ame, sólo estas ahí para darme lo mismo que yo a vos. Sin esperar nada a cambio. Porque al final del día, todo es igual excepto verte, excepto hablarte. Sos de otro mundo. -

No es necesario decir qué hice con ella después de esa respuesta, sólo diré que The Cure dejó de escucharse camuflado por los ruidos de algo más. Nuestros ruidos, el buen ruido.

13 de junio de 2015

Estoy segura de que has vuelto al cigarrillo.
En realidad creo que nunca lo dejaste.
Su perniciosa presencia continuaba
en tus sueños más placenteros,
en los deseos frustrados
y en las mentiras que me decías.

10 de junio de 2015

No quiere amor.

Él no quiere amor,
y es eso lo que me gusta.
No quiere corazones,
ni fidelidades,
ni cariño incondicional.
Eso me lo grita.
No siente nada,
no le preocupa tampoco.
Él no dibuja mundos
repletos de caricias dulces.
Él quiere placer,
placer del más crudo.
No me ha vendido
una imagen de película.
Me ha dicho que es sucio,
que los besos son lo suyo,
y que disfruta de la cama
sólo si hay alguien más.

Eso último me sacó un suspiro.

En algún punto mi curiosidad
pregunta cómo es posible
que seamos tan diferentes,
y que aún así conectemos
como si mi lengua fuera suya
y sus dedos míos.
Nunca me había desvelado
una noche entera
pensando en una segunda luna,
nunca había viajado
con esta sonrisa en la boca,
que carga un origen tan perverso.

Yo no sé cómo haces, pero me volves tormenta.

Y sé que te quiero ahora
porque todavía no caigo
en que en realidad no te quiero.
Que te quiero porque creo querer
eso que ofreces pero que es impuro
y que a la larga me dejará vacía.
No demandas nada,
a cambio me regalas todo:
tu sexo, tu boca y tus manos.
¿Hasta cuándo será suficiente?
Sabemos que sos como témpano,
y yo sólo sólo necesito calor.

Ojalá fuese el superficial calor de tus besos húmedos.

Nuevamente insisto
con el pesimismo que cargo,
y que en gran parte compartís.
Digo que no hay amor que valga,
que he dejado de creer en eso,
pero inocentemente todavía espero.
Vos no decís nada,
por eso amo tus silencios.
Preferís callar a mentirme.
Eso no te impide ser sugerente
y decirme que en una cama
sos capaz de hacerme olvidar todo.

Y te lo creo, te lo creo y lo deseo.

Sólo que cuando el dolor
golpea la ventana de la realidad,
ambos sabemos una cosa:
que puede ser satisfactorio
pero que no es suficiente para mi
y que el placer no dura toda la vida.
Tampoco el amor,
pero me esfuerzo mas en creer eso,
porque no me cierra
que lo sexual sea más eficiente
que lo que siente el corazón
Aunque el día a día lo demuestra.

Y puede llegar el día en que un café sea lo mismo que sexo.

Él no quiere amor
y por eso escribo esto.
Creo que me excita la idea
de su sinceridad abrupta.
De saber que sueña conmigo,
pero son siempre sueños mojados.
Y a decir verdad no me importa,
me halaga saber que me manifiesto
en algún inmundo inconsciente.
Y que aunque su dueño
no sea el amor de mi vida
siempre podrá hacerme reír un poco.

Hacerme reír después de un orgasmo, porque son esas las mejores risas.

31 de mayo de 2015

Ven conmigo.

Ven, vamos a sentarnos junto al fuego. Tu mano mantendrá las brazas y yo nos cubriré con una manta de lana. Ven, convierte lo externo en interno, ese calor te abrazará la garganta y se hundirá en tus entrañas. Puedo sentir el cabello erizado de tus brazos chocar contra mi piel y erizarme también a mi. Ven, que estando cerca estas lejos, lejos como a una milla de aquí, donde tus pensamientos se materializan. Los desconozco, sólo sé de tu imaginación volando porque entre locos nos entendemos. Ven, déjame traerte a la realidad de la belleza tácita y no tan tácita de las palabras. Te endulzaré el ego con elocuencia y la oreja con mi sabia. Que mi boca amaría esconderse donde las sombras alcanzan tu cuello, en ese hueco que te llevaría de ida y vuelta al cielo. Ven, sólo una noche. Abrí ligeramente los brazos en señal de paso libre y de todo lo demás me encargo yo.
Me han transformado. Han erradicado la bondad y la ingenuidad de mi antigua mirada de niña. Me han demostrado que en este mundo sólo se puede continuar de pie si pierdes la inocencia. Ya no hay ángel, ni aureola, ni alas. Estoy castigada a este mundo terrenal, pero al menos me quedan los principios hedonistas. Una vida entera guiada por la moral y lo correcto, ¿y a qué me ha llevado? Éso forma parte de otra historia, lejos de mapa que quiero trazar sobre tu piel.
Que me lleve el infierno, el cielo, la tierra, el limbo. Que me lleve quién quiera y cómo quiera, pero mientras mi par de mi pies te vislumbren como objetivo, el pecado es lo primordial.
Ven, déjame que te robe todas esas prendas que están de más. Conseguí que el calor se filtrara en nuestra sangre y es hora de dejarla bullir. Ven, déjame controlar tus manos sobre mi cuerpo y tu mirada en mi intimidad. No sabía que era capaz de ésto hasta que te encontré: ahora soy capaz de todo. Ven, entrecierra los párpados, grita piedad a quien quieras porque yo no voy a escucharte, padece como un premio este torbellino de intensidades.

Ven, sobre, bajo, junto, y todas las preposiciones que quieras, sólo ven conmigo.

23 de mayo de 2015

Amor

Caer en el intento de describir el amor y otras maneras de perder el tiempo. Maldita tendencia a intentar conceptualizarlo como si de esa manera pudiésemos entenderlo, o aún peor, controlarlo. ¿Cuándo vamos a entender que el amor es una suerte de ente externo-interno que hace con nosotros lo que se le antoja? No hablamos de un Cupido que nos flecha, ni siquiera de un rayo que cae sobre nosotros como un tal Julio decía. Es algo afuera, algo ajeno, que no tiene forma ni maneras. Algo indescriptible, y ni siquiera indescriptible porque algunas características sí se le pueden atribuir. Pero, ¿cómo definir algo tan general? ¿Todo el mundo sintió amor alguna vez? ¿Hay varios tipos de amor? ¿Qué lo causa? ¿Qué produce? ¿Las consecuencias suelen ser mayormente buenas o malas?
Imposible responder a estas interrogantes siendo objetiva, no hay objetividad que valga con el amor. Ahora, ¿hay subjetividad que le valga? Ni siquiera uno mismo puede mantenerse firme con lo que siente. Un día lloramos, al otro reímos. Pareciera que el amor es una tirada de dados, y que depende qué salga resulta en una droga depresiva o estimulante. Depende del día, del humor, de las actividades, de las miradas y las caricias.
Ay, el amor. Qué palabra tan puta.
Digo palabra y no sentimiento, cuando la palabra en sí es sólo un conjunto de cuatro letras. ¿Necesitamos el amor? ¿Qué nos lleva a unirnos con alguien? ¿Qué nos lleva a deshacernos de ese mismo alguien tiempo después? ¿Existe la eternidad en el amor? ¿Cómo identificar un principio y un final? ¿Por qué nos transformamos por completo?
Es este ente mutador el que por momentos le da sentido a todo nuestro entorno y al instante siguiente destroza todo lo que creemos lógico. Es un sin sentido, impredecible, que hiere y cura. Que araña y después lame las heridas, o que prepara a la víctima antes de acuchillarla. Es un asesino y un monje, es cariño y odio. Es amor. No hay otra manera de describirlo.

Y si bien no podemos definirlo, cuando alguien dice la palabra "amor", todos sabemos, más o menos, de qué está hablando.

Nada

Ya no brillas en el cielo como estrella ni despertas la mañana con un nuevo día. Ya no sos astro divino, estela de fuego a la que deba seguir. No estas en la sinfonía de mis canciones ni en los diales de mis radios. Navegas por otra galaxia, cruzando la nada entre otros meteoritos que te atraen más que yo. Al final de la novela, creo que sólo fue una pérdida de conexión, dos polos opuestos queriendo atraerse. ¿Cómo forzar las leyes de la física?
Un poco de tus átomos alejándose y otro poco de mis átomos acorralándote. Ni te ni me culpo. No hay culpas en el amor, ni en la física. Como tampoco hay justicia - ni ahí, ni en ningún lado -. Tampoco quiero que te confundas, que continuas en mis letras porque a pesar de todo fuiste experiencia, y la experiencia son palabras que se funden con la inspiración. Me alegra flotar en esta galaxia tan mía y tan poco tuya. Me extrañaba, y te necesitaba lejos. Quizá fueron las estrellas fugaces de tu mirada lo que me dejaron ciega, pero ahora que te fuiste y ese brillo desapareció veo con claridad.
Qué bello verte cómo eres, que bello verme a mi. Puedo todavía tener un terremoto de sentimientos y pensamientos pero ya no hay derrumbe que no pueda detener. Qué irónico volver a ser lo que anhelabas ahora que no que te tengo. Y que no quiero tenerte, tampoco.
Empecé a hacer preguntas que no te incluyen, empecé a escribir cuentos que no te cuentan - obviemos estas palabras -. He incluso lo que de vos trata, parece que hablara de alguien más. Los días, la espera, los granos de arena cayendo uno tras otro han hecho lo que todos dicen: han sanado, y me han llevado al olvido. Comprendí que nada pasa porque sí y por algo pasaste por mi vida, pero también que nada dura siempre y todo lo que lastima debe ser desechado. En eso fallé. Creo que después de todo la desechada fui yo.

Antiguo astro rey, ya no hay rencores - sí los hay, pero desaparecerán -. No hay rencores, ni perdones, ni olvidos. Ni nada. Dejaste una nada lastimera y decepcionante que he vuelto a llenar con amor propio y escritos y muchísimas pero muchísimas canciones (te sorprendería saber cuánto he mejorado, quizá debía alejarte de mi para hacerlo). No me ha quedado amor que darte, ni gestos que brindarte, todavía creo que te di todo. No tengo preguntas que hacerte, ni te amos reprimidos, ni besos, ni abrazos ni nada. Y si los tenía ya no quiero dártelos. Dejaste sólo eso, un vacío que estoy dispuesta a llenar, un vacío que ambos sabíamos que ibas a dejarme y aún así nos hicimos los tontos. Siempre fuimos buenos para mentir, vos a mi y yo a vos. Quizá mis mentiras no eran tan dolorosas. Pero, ¿por qué culparte por lo que no mereces culpas? Yo me cedí a vos, te permití lo que no debería haber permitido y ya no permitiré. No te culpo, antiguo amante, pero no te perdono.

Y así será mi camino y con eso emprenderé mis nuevas aventuras. Tu realidad actual es muy distinta a la mía, tu realidad roza estrellas rubias y visiones críticas. Me río ya de todo, de las mentiras y los gritos. Me río de la credulidad y lo ilusa que fui al creerte. Me río porque admiro mi ingenuidad y tu persuasión. Más no te culpo, y no porque no tengas la culpa, sino porque ya no me sirve engendrar en mi pecho una furia que no te mereces.

Mereces nada, y nada es lo que yo siento ahora.

20 de mayo de 2015

No llover por alguien más.

Despertó con un nubarrón de sueños entremezclados. Una imagen de coches y rostros con barbas. No sería la primera ni la última vez que se despertaba confusa y con un extraño peso inspeccionando su pecho. Al menos ahora sabía cómo disipar esa tormenta. El clima no ayudaba mucho, desde la ventana de su habitación podía sentir esa luz grisácea colándose en las grietas de las paredes: sería un día horrendo. Caminar por los recovecos familiares de su hogar hizo que pensara en que, con el tiempo, hasta las costumbres pueden perderse. Quizá el error de la contemporaneidad era seguir costumbres, ya que de lo tradicional nacía la asfixia. Notó que podía modificar su vida a su antojo y, ese día, decidió no ir al baño hasta luego de almuerzo (decisión que modificó pronto, no era capaz de soportar tanto las ganas de orinar).
Entonces, si una costumbre podía olvidarse, también las personas. Procuró recordar esas personas insignificantes que habían pasado por su vida y de las que ni siquiera se acordaba los nombres. Consiguió algunos individuos, un tal Andres y alguna Camila - porque su vida estaba repleta de Camilas -. Luego decidió inspirar profundamente con la taza de café con leche en la mano, y dedicarse a la laboriosa tarea de traer a la memoria a personas de sus capítulos pasados cuya importancia en la vida había sido notable. Comprendió que su ausencia aún dolía, pero era un dolor tácito, nada con lo que no se pudiera vivir día a día. Un dolor originado en la decepción, posiblemente, y en la frustración de lo que no había podido ser, de las fuerzas que no habían ganado.
Entonces, si había conseguido eso, podía conseguir olvidarlo. Era sólo una meta un poco más lejana que las demás, un desafío un tanto más difícil. Más no imposible. Imaginó en su mente otras experiencias, otros dolores, otras decepciones. Creyó que lo suyo era sólo un rasguño comparado con las cartas que el destino y el amor podían barajar. Suspiró, con una sonrisa en los labios, y terminó su bebida.
Se sintió cálida, y no supo si era por el café con leche o por el repentino bienestar interno que experimentó. Afuera, el cielo gris ya no era tan pesimista. Toda tormenta es transformación, es misterio.
Ella quería volverse nube, explotar, y llover, pero ya no llover por alguien más.

18 de mayo de 2015

La naturaleza del mentir

Nunca voy a entender las mentiras de la gente. "Estas más flaca", "estoy bien", "no sos vos, soy yo", "sigo amándote", "no hay otra". Quizá mi culpa es ser tan sincera que no puedo comprender las falacias de los demás, quizá por ser de esa madera que trata de no decepcionar nunca a nadie es que terminaron decepcionandome. Nadie dijo que amar es fácil. Me llevas a replantearme verdaderamente el término "mentir". Porque literalmente, jamás podré comprobar si me mentiste o no, los sentimientos son tan subjetivos e internos que, ¿cómo podría afirmar a ciencia cierta que lo que dices es verdad o no? Ahora, son tus actos los que guardan otra verdad, una verdad que jamás vas a decirme porque tu cobardía es mayor a todo. ¿Por qué no me dijiste que la querías? ¿Por qué te atreviste a disimular toda una onda de sentimientos que vienen naciendo en vos y reproduciéndose aún más rápido?

¿Cómo olvidarte cuando no sé por qué motivo debo olvidarte? No sé si dejaste de quererme, si dejaste de luchar, si la preferías a ella, si era más cómodo para tu mundo dejarme de lado. ¿Cuál era el motivo? Hubiera preferido la verdad antes que esta odisea donde cada cueva que encuentro, un nuevo cuchillo sujetado por tu mano me destroza. No sé por qué sigo buscando en tu caverna. He estado esperando tu verdad y al final mi instinto era el correcto. Decidí creer tus palabras, abandonar las ideas impulsivas y corrosivas engendradas del miedo. Y no fueron ideas, eran realidades.

Una lástima ser tan ilusa y haber ignorado la naturaleza del mentir

13 de mayo de 2015

Flower.

No es necesario tenerte junto a mi para percibir tu presencia, eres una suerte de ente omnipresente que acompaña mis pasos, pero más que ello mis puntos de vista. A veces te encuentro en mis palabras o en mis maneras de mirar a los que, por más que lo intenten, no consiguen sacarme ni una sonrisa. En mi discurso cotidiano - y particularmente en el discurso social - no haces falta ni un segundo, porque siempre te he considerado sublime en tus opiniones como para no adoptarlas un poquito en mi. Estas en las canciones que escucho, en las series que me gustan, en el humor que aprecio, en la manera de tratar a los demás, en la tendencia a vestir. En las risas, en el arco de las cejas ante un descontento, en el amor a dormir, en el regocijo de la música buena y la compañía de la familia. Te tengo adentro mío sin tenerte, te escucho en mis oídos aunque no hables, y hablamos al unísono sin previas coordinaciones. No hay otra manera de describir este lazo: qué bello es tenerte, hermana.

Siluetas.

He vuelto a cerrar los ojos
para regocijarme con la brisa,
he vuelto a sonreírle
a este mundo lleno de piedras.
Me he despojado por completo
de tus sueños e ilusiones,
de la persona que deseabas,
y a la que nunca me he acercado.
Afortunadamente encontré
a una silueta deambulando,
y me reconocí en su cara
encontré mis recuerdos.
Me corregí la postura,
me dibujé una sonrisa,
agregué brillo en mis ojos,
y me obligué a caminar.
No voy a mentirte,
cada tanto esa silueta
se detiene en la nada,
se estanca, se ahoga:
es superada por tu nombre
y consumida por fantasmas
pero me conoces bien,
y no hay susto que me detenga.
Ahora que soñas
en otras pinturas de Dalí,
y yo me inmerso
en un mundo como el de Frida,
lleno de tragedias,
dolores y penurias,
ahora que estamos lejos,
¿encontraste tu verdadera silueta?

10 de mayo de 2015

Discurso que no sucederá jamás.

- ¿Cómo has estado? -
El silencio consumía el encuentro de los transeúntes, un silencio irreal que imaginaban en sus mentes, puesto que la calle estaba repleta de bocinazos, gritos a lo lejos e incluso una construcción a la vuelta de la esquina que no escatimaba en escándalo.
- ¿Quieres que responda? - Una sonrisa irónica, aunque serena, se dibujó en el rostro suyo para luego negar repetidamente de un lado a otro y bajar la mirada. - ¿Qué haces aquí? - Sabría que vendría, lo sabía desde hacía veinte minutos o quizás hacía tres meses. En su mente parecía como si, inconscientemente, hubiera profetizado todo eso años luz atrás. Él le llevaba al menos una cabeza y media, pero a pesar de su baja altura, ella no parecía más pequeña en ningún aspecto. Su alma era gigante.
- Quería verte - Una respuesta que ambos sabían que diría, se conocían demasiado bien. Se conocían el número de pestañas, las cicatrices del rostro, las siluetas del torso. Los engranajes de sus máquinas cerebrales.
Ella se encogió de hombros en un gesto desinteresado, la habían juzgado de cruel en muchas ocasiones, de indiferente e injusta. Pero no era así. Sus actos hirientes estaban precedidos de alguna herida que no había cerrado bien, es decir todas sus heridas. Solía ocultarse detrás de esa coraza de valentía e inmutabilidad, cuando era, de seguro, la mujer más sensible que había pisado aquellas calles de por sí muy concurridas. Era un puerco espín, repleto de pinches por fuera para cubrir la debilidad interna. - No me sirve que quieras verme, no soluciona nada. - Se dignó a contestar. Por un momento tuvo un dejavú, como si aquello ya hubiera pasado, y no sólo eso sino que era como si en su cabeza, hubiera sucedido la misma escena de distintas formas, con distintas frases, en distintos escenarios. Aunque la resolución, siempre iba a ser la misma. Su debilidad accediendo.
Como si viviera en una línea atemporal, ella pasó por un flash de recuerdos dolorosos que habían sucedido o que iban a suceder. Se vio a sí misma, en un carrusel manejado por él. El mismo sólo giraba, giraba, nunca se detenía. Pedía a gritos que se detuviera, pero eso nunca sucedía, la solución era clara: ella debía tirarse. A decir verdad estaba cansada del dolor, pero a pesar de ello el dolor no era algo que la detuviera. No estaba hecha para hacerlo, pasara lo que pasara sabía que la única vía de escape era hacia adelante, pero hacía tiempo que permanecía estancada. Clavada a un crucifijo como Jesús, siendo igual de castigada. Alcanzó a finalizar esa película de recuerdos antes de que él hablara, seguramente diría alguna tontería para escaparse de la gravedad de la situación - y de asumir la culpa - pero no podía permitírselo. No otra vez.
- No. No hables. ¿Sabes? Creo que si sonreiría ante tus comentarios y me iría de tu mano creyéndome feliz, estaría haciendo todo lo posible por herirme aún más. Y si ya te tengo a ti para lastimarme, ¿por qué sería tan idiota de sumar mis propias acciones para aumentar el dolor? No. Ya basta. Nuestro destino no va a cambiar aunque lo presionemos, ¿quieres saber el motivo? No es que el futuro no sea modificable, sino que tus ganas de hacerlo son débiles. Y soy demasiado fuerte como para tenerte a mi lado. Demasiado guerrera como para que te rindas. No sé si fueron tus acciones, o tu corazón, pero has levantado la bandera de la derrota en esta lucha. Y si me toca ganar, ganaré alentando mi felicidad, y eso ya no significa estar contigo. - Un giro redondo sobre los talones y una huida que nunca se dio y nunca se dará, porque esto es una historia surrealista, un ideal de acontecimiento que no ocurrió y que le hubiera evitado demasiado dolor a esta narradora onírica. ¿Mentir? En lo absoluto, el dolor hubiera estado presente de todas maneras, sólo que la situación se prestó para que éste se elevara al máximo. Ojalá hubiera podido decirte esto. Ojalá hubiera sido más sabia, pero... y lamentablemente, no hay lógicas en el amor.
Fui yo la que cerró la puerta, la que dijo adiós, la que confirmó la despedida. Fui yo la que caminé huyendo, la que fue superada por lágrimas, la que fue consumida por impulsos. Pero fuiste vos el que se fue. ¿Qué le pasa a tu cabeza cuando la apoyas sobre la almohada? ¿Te persiguen los fantasmas del personaje en que te convertiste y nunca fuiste? Ahora que vuelas en otro rumbo, ahora que corres picadas lejos de mis calles, tengo preguntas que duelen en la confianza. ¿Cuánto de tu verdadero yo me mostraste a mi? Acepté la realidad de que ya no sos parte de mi vida, no en el presente actual, lo acepté pero es doloroso. Y aunque sé que no debería importarme, ni pensarte, ni imaginarte, ni nada que te interfiera, a pesar de eso me pregunto: ¿estás saliendo adelante? Sé que sí, no debo preguntarme eso porque es algo tonto, a decir verdad mi pregunta es otra: ¿cómo haces para salir adelante sin mi? Te conozco, sé que puedes recordarme de vez en cuando, y esbozar una expresión de dolor, pero no más que eso. Eres fuerte, sí, pero esto no pasa por fuerza, sino por algo más.
Me encantaría identificar el momento exacto dónde tu inconsciente comprendió que yo no era necesaria en tu vida, y que preferías tenerme fuera de ella.

No voy a victimizar porque, sabemos, no es lo correcto. También yo comprendo que estoy mejor sin ti, ya que afortunadamente nos queremos a nosotros mismos para notarlo. Ahora, ¿qué sientes cuando piensas en mi? ¿O acaso tu cabeza ya está en otra mujer, en otras palabras, en otras piernas?El deducir que te es fácil todo esto es lo que duele más, armar toda una teoría donde cada abrazo y beso no tenía sabor a nada para vos. ¿Y qué puedo hacer ante eso? Qué furia escalar la montaña con sonrisas y caerte veinte metros hacia abajo de un segundo a otro, en un segundo de debilidad. ¿No sentis dolor, culpa, tristeza, nada? ¿No extrañas nada?

¿Por qué te hago preguntas? Ya no soy quien para exigirte respuestas y sé que no las responderás. No quiero que lo hagas tampoco. No me serviría de nada, de hecho te agradezco esta ausencia porque ha logrado que me recupere. Es sólo que el dolor que causaste fue tan directo, tan falto de disimulo. Si me preguntas, te he buscado en otros rostros, en otras palabras: a veces creo encontrarte, pero es una alucinación momentánea.

Extraño lo que éramos, lo que eras. Lo que vivimos, la felicidad que nos hicimos vivir. Más no soy idiota, sé que no volverá a existir, sé que lo nuestro nació para morir (siempre lo supimos). Sé que no somos lo mejor para el otro - vos no sos lo mejor para mi -. Y aún así, mis comisuras hacen una mueca de doloroso recuerdo de vez en cuando. Imágenes donde vos estas. Imágenes como sueños. Imágenes donde, de la manera que sea, ya no te importa nada.

6 de mayo de 2015

Mirándome

Lo que me gustaba de ella era la sutileza con la que sabía mirar. Digo sabía, porque sus miradas eran intencionales, hecho que descubrí muchos infinitos de reflexión después. Conseguía pasar por natural un gesto que estaba de sobras calculado, perfeccionado para seducirme. Me escuchaba atentamente, entornaba los ojos, y ladeaba lentamente el cuello. Todo sin quitarme un segundo la vista de encima. Era deleitoso, y sofocante a la vez. No cualquier día encontrabas una sirena que prestaba atención a cada una de las palabras que decías, era eso mismo lo que generaba presión. En mi cabeza meditaba cientos de veces mis discursos antes de decirlos, he de admitir que a veces los pensaba con días de anterioridad. En vano, por al verla no había perorata que pudiera recordar. De todas maneras, era esa misma sutileza la que hacía que junto a ella pudiera sentirme cómodo. No me juzgaba cuando tropezaba en medio de una frase con balbuceos o errores, sólo sonreía de lado y arqueaba las cejas, en una tácita pregunta. Tampoco se reía cuando me acaparaba el silencio, un silencio causado por la curvatura de sus finos labios, o el danzar de sus pestañas. Todavía me pregunto si sabía qué pasaba por mi cabeza cuando callaba. No quiero admitirlo, pero creo que estaba al tanto. Siempre fue una mujer muy inteligente y yo un hombre incapaz de disimular.
Cuando la recuerdo, no puedo evitar sonreír. Incluso aunque ahora esté muy lejos, incluso aunque sus majestuosas miradas se dirijan a otro tipo, incluso aunque hace tiempo que en mi reloj de muñeca he perdido las agujas que me llevaban a verla. A pesar de eso, sonrío, y al sonreír la encuentro dentro de mi imaginación como siempre la he recordar: mirándome.

5 de mayo de 2015

Boletín de confidencias.

Prólogo.
No se puede empezar una historia que ya tiene su "había una vez", sólo se puede describirla de ese momento en adelante. Quizás aterrorice en un pasado reciente para explicar cuestiones del presente, y quizás me estacione en ilusiones a futuro que sonarán reales. Quizás. Sólo escribiré lo que me venga a la mente, escribiré de una voz escrita con s.

Confidencia Nº 1.
No sé en qué momento dejé de sentir miedo o inseguridad. No voy a negar que esos fantasmas me visitan alguna que otra noche, pero tengo mis trucos para espantarlos. Recordarte es todo lo que necesito. Espero no descubras la existencia de estas memorias, ni que creas que su único fin es transformarte en palabras para mi propio deleite - serías capaz, tu naturaleza medianamente engreída podría adjudicarse esta cuestión -. Es sólo que necesito no olvidar nada, y ambos sabemos que mi memoria es vaga y volátil. Nunca una memoria fue tan similar a su dueña.

Deberías dejar de pedirme que duerma con vos, a sabiendas de que no podemos, de que cuestiones de la vida - y de nuestra relación tan neófita que no puede madurar por más que la forcemos - nos los impiden. Deberías dejar de besarme como si se te fuera la vida en ello, con la misma curiosidad de siempre, como si redescubrieras mi boca cada vez que expones tu lengua a la aventura. Deberías dejar de mirarme esperando encontrar mis ojos, y al encontrarlos, bajar la vista. Deberías, además, dejar de ser tan vos y tan único, tan terco y atento, con la tendencia a revolear los ojos cuando alguna cursilería se te escapa de la boca. Deberías dejar de hacer muchas cosas pero, pensándolo mejor, no dejes de hacerlas nunca

Confidencia N° 2.
Encontré una pequeña anotación, escondida entre millones y millones de apuntes inútiles que rezaba: "Azul y perfume". Juraría que ese cuaderno no presenció tu aparición, y aún así esas dos palabras solo me recuerdan a vos. No me recuerdo a mi misma escribiéndolas, ni pensándolas. ¿Te conocía mi inspiración antes de que aparecieras? ¿O sólo es un mal juego que me está haciendo la mente?

Cual sea que sea la respuesta, perdóname por el desganado interés de hoy, no siempre decido a qué le presta atención mi mente.

Confidencia N° 3.
¿Te cuento un secreto? Nunca odié tanto las despedidas hasta que me tocó despedirte.

Confidencia N° 4.
La forma en que batalla tu lengua invasiva, y la mirada atenta y comprensiva que se posa en tus ojos cuando comienzo a hablar. Tus deseos tan ansiados, tu filosofía determinada. Tu curiosidad que te hace tener esa sed constante de más. Tus cláusulas con trasfondo, tus cuentos anecdóticos. Tu risa, tus pucheros infantiles - e inútiles -. Tu habilidad para halagar en una crítica, el brillo de tus ojos, y la cicatriz horizontal bajo tu mejilla. Algunas de las pocas razones por las que me duerma pensando en vos, y me despierte con el recuerdo de tu presencia en mis sueños.

Confidencia N° 5.
Es martes y te extraño,
o quizá sea un error de cálculo
o una pérdida total de control
porque el domingo te despedí con un beso.

Confidencia N° 6.
"Me gustan las cosas difíciles, siempre y cuando sean claras. Por ejemplo, me gustaría que vengas y me presentes un laberinto e intentar encontrar la salida. No me gustaría, en cambio, estar buscando por mucho tiempo para que llegues y me digas que no tenía salida."

Confidencia N° 7.
Siento tus ojos en mi mientras mis dedos escriben nuestra biblia en el vidrio empañado de tu auto. Afuera, las estrellas lloran con lágrimas gruesas y dejan escapar suspiros helados. Me tiembla el alma, pero aquí dentro no hace frío. Es el miedo, y fácilmente lo puedes percibir. Es tan fuerte que casi se huele en el aire.
"No me dejes ir, porque estoy cansada de dormir sola", escribo, citando un canción que recuerda a nosotros. Vos dibujas un nudo cíclico y lo dialectizas con tu vida. Sé que sabes que te observo y sé que mi silueta queda marcada en el asiento del acompañante cuando emprendes el viaje de regreso, en soledad.
Compartimos el ferviente deseo de pasar la noche juntos bajo las mismas frazadas y que mis manos le hagan el amor a tu barba y tus brazos se vuelvan íntimos en mi cintura. Tengo la esperanza de evitarte el sonambulismo, de ocuparte con algo más.
¿Realmente crees que será difícil romper esta coraza que alguna noche me adjudicaste de tener? Quizás la veas inquebrantable, y yo sólo siento que me desnudaré de ella con cada palabra honesta tuya.
Haz conseguido que fotografíe momentos completos, que los guarde en mi memoria a la perfección cuando nunca he sido una buena fotógrafa - creo que ese sos vos -. Tengo risas, miradas, besos, suspiros contenidos, frases, caricias acomodadas perfectamente en el cajón que lleva tu nombre.
Sos mi karma, una ilusión, un desencuentro inesperado, una sonrisa cuando me voy a dormir por la noche, un aliciente a saber más, un deseo al cambio, sos hambre de lo nuevo.
Me presenté con mi nombre, mi edad y mi miedo. Fui egoísta. Luchas con mi marea y también con la tuya propia. ¿Qué puede hace un solo hombre para atravesar un océano de desesperanzas y decepciones?
Es el miedo el que consume todo, y cuando creo tenerlo bajo control, llegas vos con tus filosofías y todo se me derrumba. Me autodescribo como alguien valiente, pero valiente no significa inconsciencia.
Quizás creas que no estoy interesada en lanzarme al abismo y ver qué encuentro al final, cuando en realidad ese misterio me interesa tanto que pretendo asegurarme antes de saltar con la finalidad de llegar sana y salva para no perderme nada.
¿Tu determinación me esperará?
¿Y si mejor no lo hablamos? ¿Y si mejor me lanzo cuando lo crea conveniente?
Sólo te pediré un favor: "No me dejes ir, porque estoy cansada de dormir sola".

Confidencia N° 8.
- Te quiero. -
- Estas loco. -
- Es cierto eso de que en las parejas no hay reciprocidad -

Confidencia N° 9.
Y te odio por eclipsarme la mente así. Por este insomnio detestable, por esta sed de tus besos.

Confidencia N° 10.
El día que veas todo lo bueno que naturalmente veo en vos, vas a dejar de querer demostrarme constantemente todas tus virtudes. Y entonces, sólo entonces, voy a encandilarme aún más. Mientras tanto, y mientras tu inseguridad siga preocupándote, vas a conseguir que aflore de mi este drama que me jacto de no tener - como acaba de pasar -, y que lamentablemente, cada tanto, rebasa de mi. ¿Sabes qué es lo peor? Que seguis teniendo esa habilidad de halagar incluso en la crítica, y que, por lo tanto, enfurecerme termina siendo imposible.

Confidencia Nº 11.
Intenté al menos cuatro veces escribir algo que sea decente. Fue un fracaso.
Sólo voy a decir dos cosas:
No dudes más, y menos de mi.
No me creas cuando te digo que estoy bien, o que no importa, o finjo sonreír entre palabras.

Te lo dije ya, soy demasiado buena mintiendo.

Confidencia N° 12.
Hoy es Julio, y me duele un pie. No, no un pie, el tobillo. No, ni siquiera, no es el tobillo, sino esos lazos de músculos que se tensan bajo la piel. De cualquier manera, no es el qué lo que importa, sino el motivo de la consecuencia.
Qué mal noche tuve ayer (y antes de ayer, vale aclarar). Si mi intención era no pensar, todo lo que eludí durante dos meses cayó como una tormenta en dos noches. No consiguió arruinar nada de lo que pienso. Ahora es Julio, pero parece Abril. Anoche, parecía que nuestros meses no existían.
La culpa que se transforma en nervios, tu enojo transformado en sutileza. Somos dos transformaciones constantes que se resisten a ceder.
Me rasqué el lóbulo de la oreja y casi pierdo el rayo (y la cordura, por los recuerdos que me llegan).
Quiero hacer funcionar esta máquina, pero con cada maniobra pierdo una herramienta más. Del otro lado, me la juego de que a vos te pasa lo mismo. Al menos eso me aliviaría.
A pesar de eso, me aseguraste que esa máquina iba a funcionar (creo que tus palabras verdaderas fueron "te vas a quedar conmigo", y después agregaste una amenaza sutil que me arrimó a las risas, algo como "o sino te ato").
Tenías razón, somos idénticos en muchas cosas, en particular en esta verborrágica y ruda manera de escupir la verdad. No pude no explicarte lo que me pasaba, aunque calculo que es lógico considerando que nos estamos conociendo. Verdades, crudas verdades: pensé que dormido ibas a ser un destartalado, y resultaste ser todos menos eso.
Me acuerdo de tus risas y de la calidez de las mismas, como me acuerdo de la distancia abrumadora que aplicas cuando me paralizo. Sos tu propio polo opuesto, el mellizo de tu mellizo. Nunca conocí a un geminiano tan jodido como vos. Amo la palabra jodido, y amo que lo seas - no te subas al caballo, por momentos me exaspera -. ¿Qué tenes, que a pesar de todas las cóleras contenidas, no puedo sacarte de mis pensamientos? Seguro que si te lo preguntara y realmente exigiera una respuesta, tenderías a sonreír, a presumir de algún modo, y terminarías en mi boca. Y justamente ahí deberías quedarte.

Confidencia Nº 13.
Sin presión, sin furias. Dando espacio a los tiempos. Como un juego de niños.
No sé si lo vamos a lograr.
No soy convencional ni busco que lo seas.
Vamos a dormir, pero sin soñar.

Confidencia Nº 14.
"Incluso cuando pierdo, estoy ganando."

Con vos siempre va a ser así.

Confidencia Nº 15.
- ¿Vos te ves los ojos? -
- ¿Por qué? ¿Qué tienen? -
- Estas perdida. -

Confidencia N° 16.
Y yo pedía tiempo, yo pedía falta de presiones. Ahora siento que prácticamente acabo de empujarte hacia un muro contra el que no querías chocar - no chocaste, por suerte, lo esquivaste a último momento -. Te dije que te entendía, que realmente lo hacía, y a pesar de que no te mentí, siento un excesivo vacío. La tarde nos brindó tanta comodidad, y repentinamente la noche nos puso en el campo de batalla de nuevo, un campo con soldados cansados de pelear. Voy a seguir luchando, y no hay expectativas que no se cumplan, deberías entenderlo.

Confidencia N° 17.
Me derrumbas cuando te plantas en tu carácter genuino. Todo el resto de tus máscaras podes desecharlas. Hablame de tus miedos, tus furias, tus alegrías, tus sentimientos, tus pensamientos, tus filosofías. Habla de lo que quieras, pero no dejes de hablar. Los silencios pueden quebrar cualquier cosa. Entende de una vez que no necesitas ser nada más de lo que sos para hacerme caer, entende que no quiero otra cosa que tu naturalidad, y que conozco cuando sos vos y cuando fingís algo más. Te entiendo. Siempre voy a intentar hacerlo. Todavía no me explico el efecto que tenes en mi, cómo haces para tenerme de esta manera, tan entregada en alma. ¿Si tengo miedos? Obviamente que los tengo, pero la valentía no está en no tenerlos, sino en afrontarlos. Una vez me escribiste en algún lado que yo tengo el coraje para superar cualquier miedo, y ojalá pueda con esa descripción. No me voy a cansar de pelear por nosotros, porque tenes algo que nadie más tiene, y conseguiste algo que nadie más consiguió: el que no me reconozca a mi misma cuando te reconozco a vos.

Nunca quise tanto algo como ésto, y tampoco tuve nunca tanto miedo. Nunca una pelea me preocupó tanto, ni deseé tanto el calor de un abrazo. Nunca dediqué tantas confidencias a una sola persona.

Confidencia N° 18.
Tal vez te siga usando así, robándote mi inspiración.

Confidencia Nº 19.
Soñame despierto de la manera que quieras, las veces que quieras. Creo que muchas veces no sos consciente de la magnitud de tu efecto en mi. Yo no te sueño, quizá cuando duermo es el único momento en que no pienso en vos.
Hablame al oído, siempre con la naturalidad y la sinceridad en tu tono y en tus palabras.
Es eso lo que me enciende.
Adueñate de ese lugarcito bajo el lóbulo de mi oreja, desquiciame la cordura, arrancame los sonidos más profundos.
Cuidame, cuidame siempre, porque la fiereza es sólo una fachada, una máscara que puede caerse en cualquier momento.
Quiero necesitarte. Ambos sabemos que nadie necesita realmente de otro, y aún así me quiero en tus brazos, en tu boca, en tus reflexiones y en tus memorias.
Y te quiero conmigo.

Confidencia Nº 20.
¿Cuántas veces acudirá a mi visión intracraneal la imagen de tus ojos indefensos, de la risa que te empequeñece los ojos, y de la ansiedad que te obliga a apretarme entre tus manos?
Veo en tus ojos nuestra realidad y la ilusión no me entra en el pecho. Se me extravía la sensación, se me filtra por los poros. Necesita hacerse notar, y aquí estoy descargándome.

(Me gustó quedarme con la duda acerca de tus ideas "hogareñas", y este temblor en las entrañas que no hace más que quemar).

Confidencia Nº 21.
Ver cómo manejas tu Renault bajo la oscuridad del manto nocturno, envuelto en un halo de música aleatoria, tu voz y mi voz, y una buena conversación, siempre va a ser una de mis actividades preferidas.

Confidencia Nº 22.
"¿Cuál es tu villano preferido de Disney?"
"Mmh, no tengo, no me gusta mucho Disney."
"¿Cómo que no te gusta? A mi novio no puede no gustarle Disney."

Supiste, con sólo un comentario, cuánto amaba Hércules. Ahora, te pregunto, ¿tan obvia/redundante soy que descubrís todo lo que amo, o es que vos sos muy atento?

Confidencia N° 23.
Somos intensidad en carne, ideales que se han apoderado de cada una de nuestras neuronas, cólera que no se apiada del tono de voz o de las expresiones faciales. Es esa intensidad la que nos une y nos separa, nos acerca y nos aleja.

Confidencia N° 24.
Perdona si hace días no te escribo, he estado más ocupada viviéndote. Sabes muy bien que ya te apoderaste de una partecita de mi cabeza, ¿no? Ja ja ja, tendencia a utilizar diminutivos para borrar, como evidencias en la escena del crimen, el porcentaje de la real importancia. Me estoy volviendo loca. Conforme la máquina a vapor - transformado en sonrisas o muecas desagradables - que descansa en el interior de mi cráneo va accionando y superándose constantemente - este sistema capitalista se filtra hasta en la sinapsis - voy generando conclusiones nuevas, hipótesis incapaces de comprobar. O no, no estoy segura.
Perdí el hilo, y perdí la conclusión.
Ah sí, ahí está de nuevo.
Suspiro al re-aceptar que esto es real. ¿Cómo sé que lo es? Porque, aunque suene negativo, desde un principio supimos admitir qué era lo que nos desagradaba. No hay realidad en una relación donde todo es color de rosa, donde todo es perfección. Nadie es perfecto, y como dijiste vos alguna vez, qué bueno que así sea. Desde el inicio de toda esta vorágine de palabras y sensaciones comprendimos que el otro no era perfecto, y hoy en día seguimos mirándonos a los ojos cuando nos confesamos, con paz o sin ella.
Veo la sinceridad de todo esto cuando llega la noche y me señalas con tono de voz crítico que te he pasado por alto durante todo el día, o mismo cuando te admito que no me gustó bailar aquella vez, o al menos que no es uno de los recuerdos que me dibujan una sonrisa en la cara antes de regalarme a la propiedad de mi almohada de plumas. No hay enamoramiento que pueda con nuestros genios, y prefiero que sea crudeza desde el principio, blancos y negros, y no un rosa de atardecer que anochezca y nos envuelva en lo desconocido.
Me han dicho que me porto como una estúpida, que mi sonrisa ha renacido, que mis ojos son un laberinto. Creo que una parte de mi lo sabe, pero odia admitirlo. ¿Para qué decírtelo? Siempre me pedis que te hable de mis sentimientos, me haces preguntas sobre qué sucede en mi mente o en mi cuerpo cuando estas conmigo. Y yo no dejo de preguntarme cómo es que no te das cuenta, como es que no ves el metafórico cartel que llevo colgado del cuello y que se bambolea de un lado al otro como mi mirada, siguiéndote como una idiota. ¿Cómo no ves que con lo que sos tengo el mundo a mis pies?
"¿Qué te pasa conmigo?"
"Simplemente, estoy siendo feliz".

Confidencia N° 25.
"¿Crees en el amor a primera vista?"
"No, pero esto es lo más cerca que estaré de ello."

Confidencia Nº 26.
Quiero que sepas que no me importa lo que digan las voces que nos rodean, que sus opiniones son efímeras, tienen sabor a nada. La única opinión que me vale es la de nosotros, y que a las impresiones ajenas les hago oídos sordos. No me saco el escudo, pero tampoco bajo la espada. Si hoy en día peleo por algo, está seguro, peleo por vos.

Confidencia N° 27.
No te alarmes, el hielo en mis palabras no es consecuencia de nada. Corazón, es tan fácil quererte. No suspires buscando lo que no encontrarás cada vez que lo busques.

Confidencia N° 28.
Nunca me voy a cansar de apoderarme de tus recuerdos, y sonreír en el medio de la nada del tiempo, y que todos me pregunten por qué me río y entorpecerme al rememorarlo.

Confidencia N° 29.
Can I keep you in my left pocket?
Can I have your smile in a portrait?
I know, maybe i'm being
a little bit freaky
and I should get out
of my own mind.
Even then, with or without
that armoniuous darkness,
I just can't stop
to think about you
and all the conversations
that we have in your car,
all the shinning laughts.
I'm silly, and tiny,
and i'm in love.
I will love to say
"please, love,
kiss me under the moonlight"
but you know that
I'm not that type
I gonna tell you the truth
If I could, I'll write you
the most beautiful song
in the whole world.
But I can't,
I'm here just to say
I miss you.

Confidencia N° 30.
Su día no tenía por qué iniciar al despertarse, ella despertaba al menos cinco veces al día de los sueños de la realidad. Esas palabras que su visión había administrado tenían un tanto de encanto, un tanto de olor a cara larga y una tendencia a carraspear. Tu elocuencia, tu inconformismo, y eso de que había desaparecido. Suspiró y sonrió, nada bueno viene sin algo malo detrás.
Yo no quiero que tu rutina alimente ese monstruo grotesco que se alimenta de tus risas, quiero ser la lluvia positiva que rompa con tu cotidianidad, la tormenta que no esperabas, el tornado que arrasara con todo lo malo. Tenes que saber que, aunque no soy ni seré la razón entera de tu felicidad, quiero estar ahí cuando sientas infortunio y necesites una palabra de cariño para elevar las comisuras de tu boca.
Quiero ser la causa de tu risa, y nada más.

Confidencia N° 31.
Quiero serte y que me seas, quiero tu boca en la mía, y tu lengua demandándome. Los días que se suceden sin tu presencia sólo me enfrían el alma. Necesito del contacto de tu piel, de tus manos descubriendo este cuerpo que ya conocen.
Me da terror la idea de que si ella viviera en otra realidad preferirías sus besos a los mios, sus furias antes que las mías. Su apellido, su inteligencia, su manera de halagarte.
Creo que ese es el miedo, el de no ser suficiente.

Confidencia N° 32.
Extrañarte se divide en dos circunstancias: Recordar cuán enamorada estoy de vos, y temer que me cambies por cualquier par de piernas que te seduzcan al caminarte por al lado.
No se trata de que no me brindes la confianza suficiente, sino que cualquiera puede querer robarte un diamante en bruto, o aún peor, el mismo diamante puede aburrirse de la vulgaridad de su dueño.
¿Acaso te cuido lo suficiente? ¿Soy suficiente risa, suficiente oído? ¿Suficientemente interesante o cariñosa?
¿Soy una experiencia nueva o una unión de antiguos amores? No quiero ser el rompecabezas formado con piezas viejas.
Creo que ese es el miedo, el de no ser suficiente.

Confidencia N° 33.
Let me love you, and I will love you untill you learn to love yourself.
Let me love you, a heart of numbness, comes back to light, I'll take you there.
I can see the pain behind your eyes, it's been there for some while.
I just wanna be the one to remind you what it is to smile.

Confidencia N° 34.
Nunca una mirada de cinco segundos se tradujo en tantos lenguajes diferentes, nunca evocó a tantos recuerdos, nunca produjo tal torbellino de sensaciones.

Confidencia N° 35.
Ya las confidencias me saben a poco, no alcanzan. Al igual que tus besos.

Confidencia N° 36.
Sos canción de cuna y rock and roll.

Confidencia N° 37.
Me pedis que te entienda, como si fuera posible entender ese campo de concentración que es tu mente, que aniquila y da esperanzas a ideas constantemente, que tortura y que exige. Tenes la mente hecha un nudo aún cuando te jactas de ser determinado - aunque yo misma te diga determinado -. ¿Cómo no serlo? Te dominan dos lunas diferentes, mi amor.

Confidencia N° 38.
En el segundo en que te vas, mi cuerpo convulsiona como si perdiera una extensión del mismo. Una parte de mi. ¿Eso sos? No me atrevería a decirlo, y sin embargo, eso parece. Siento tu aroma sobre mi piel y mi boca, la huella de tus caricias en mi nuca, la sombra de un rasguño en las piernas. Un primer beso en el contorno de la boca. Un adiós que nunca se desea. Una foto, un sillón, un abrazo por los hombros.
Que me falten miles de cosas, pero nunca el eco de tu respiración bajo el lóbulo de mi oreja.

Confidencia N° 39. 
Qué bella la constancia de la montaña rusa en donde terminamos de comprender todas las sensaciones. Somos dos pequeños saltamontes, descubriendo el jardín de nuestra vida. Juntos. Qué placer ir de tu mano, sonreír a tu lado, escucharte mirarme - y sí, te escucho, porque al mirarme hablas -. Qué regocijo besarte y alimentarme de tus labios y tu sabia, tus brazos envolviéndome más cálido que el mejor de mis suéters. No lo dudes ni un segundo, mi camino te trae junto a mi. Ahuyentaré a cualquier fantasma, incluso si es casi decapitado, que pretenda alejarme de vos. Sos mi sol, y giro en torno a vos, sos mi órbita, mi constelación, el cielo que imagino de noche detrás de este techo de cemento. Soñamos con disfrutar el firmamento estrellado carente de contaminación lumínica, y lo vamos a hacer, en un mes, en dos, en un año, pero esas estrellas vas a verlas conmigo. Sol, mi sol, sos sol, sos mio. Y yo tuya, Y me voy, siendo ésta la misma promesa callada de cada día.

Confidencia N° 40.
Tiendo a contener los tontos impulsos que me llevan a capturar tu boca con la mía, suelo callar toda palabra que pretenda escaparse de mis cuerdas vocales y que se dirija hacia vos con algún matiz de confesión. Sos una ilusión, sos la plenitud que me permite conciliar el sueño. Sos la inhalación que se lleva la tristeza, a conexión que pretendo eternizar.
Me congelaría con vos en este sendero de descubrimientos y me ahogaría en el mar de tus ojos. Me enterraría en tus brazos y contaría las sonrisas de tu boca. Pero me conoces, y mi miedo a tropezar me lleva a vivir sentada en la oscuridad. Por favor, Sol, no dejes de brillar.

Confidencia N° 41.
La sala iluminada, demasiado para la intención de nuestra mirada. Una conexión de iris marrón con iris marrón, ese lazo inexistente que no puedes romper y que genera mil y un sentimientos: amor, confianza, pasión, desenfreno. Dos pasos hacia adelante y un par de bocas que se unen encajando perfectamente la una con la otra, la silueta de los labios acomodándose entre las sombras de los otros. Un suspiro apenas audible que se escapa del núcleo de los pulmones, prolongado y lento, cargado de todas esas sensaciones que no pueden entrar en un solo cuerpo. Y cuando nos separamos, y te miro, sé que queres volver a besarme, sé que queres fundirte en otro beso como ese, con el sonido de un largo suspiro como el anterior de fondo. Querrías olvidarte de que estamos en medio de un dígalo con mímica y aún peor, en una casa ajena rodeados de tus amigos. Te consuela saber que dos días después - es decir ayer - ese suspiro contenido tendrá sus frutos.

Confidencia N° 42.
- ¿Me amas?
- Sí, te amo.
- ¿Mucho?
- Sí, demasiado.

Y esas palabras dejan de ser tiernas cuando casi muero por dentro, y vos sólo mordes tu boca sin poder hacer algo más.

Confidencia N° 43.
Te despertaste en un instante, abriste un ojo, luego el otro, y te incorporaste abruptamente, como haces siempre que te despertas. Te escuché decir "qué bien dormi", y no necesité otra cosa para esbozar una gran sonrisa. Te canté mientras dormías, te canté cuantas canciones me vinieron a la cabeza.

Confidencia N° 44.
Sleep sound, sleep tight
here in my mind
here in my mind
waiting
Come close my dear
you don't have to fear
you don't have to fear
waiting
i'll see you soon
i'll see you soon.

Confidencia N° 45.
Te amo por tu mirada, por tus pestañas, por la curva de tu nariz, por la sombra de tu espalda, por tus sonrisas, y tus risas, te amo cuando susurras y cuando gritas. Te amo en el afecto y en el odio. Te amo en tus palabras, en tu inteligencia, en los actos impulsivos donde se refleja quien eres, te amo en tu presunción y en tu terquedad. Incluso, te amo en las peleas.

Confidencia N° 46.
En otro momento, tu reacción hubiera sido distinta, o al menos eso creo. En otras circunstancias, te hubiera persuadido para quedarte. ¿Debo pensar que estoy perdiendo la influencia sobre vos? ¿Acaso debería tenerla? ¿Dónde, exactamente, comienza mi libertad y termina la tuya? Hablo de libertad, pero esto huele a encierro. Prisión a mis miedos para que no me dominen, jaula a los verdaderos pensamientos que nos pueden llevar a un mal camino.

Confidencia N° 47.
Decime si no crees, como yo, que no hay distancia alguna que valga la pena. Que el tiempo y la ausencia sólo nos enfriarán los corazones dolidos. Frío y dolor son mala combinación. Me dijiste que hiciera lo quisiera, sin comprender que eso es estar con vos. Me diste un tiempo - un siglo de kilómetros - para curar nuestras heridas. Yo sólo siento que aplico hielo en mi corazón, y ese hielo nada desinflama. Me da vértigo esa sensación de estar perdiéndote al borde del abismo, pero sin caer. ¿Cómo entender si no me lo explicas? Y si al final decidís no amar igual, ¿qué hago con todo el amor que me faltó darte?

Confidencia N° 48.
No, no estoy bien, Es deprimente comenzar escribiendo así pero es la verdad. A vos te siento tan calmo, y no, no te das cuenta de nada. Quizá es error mío tomármelo así, pero, ¿cómo puedo tomarme la posibilidad de perderte, de otra manera que no sea esta? Me cuestiono como sería estar sin ti, borrarte totalmente de mi vida, procurar exterminar cada recuerdo. No sentirte bajo mi piel, no nombrarte más. No quiero vivir en un mundo sin vos, pero a su vez, ¿cómo estar con vos? La puta madre, te extraño todo el tiempo. Pareciera que el cielo se volvió gris desde el domingo a la noche. ¿Cómo podemos volver a estar juntos con este dolor en las entrañas? No creo que estas sean las bases que quiera tener.

Confidencia N° 49.
¿Por qué hoy? Necesitaba verte.
Voy a tu encuentro sin encontrarme a mí misma. Comenzamos con el pie izquierdo. Acordamos esperar un tiempo más prolongado, pero no lo soporto. Deseo verte hoy, deseo verte y amainar esta sensación de extrañeza y olvido. No sé si lo conseguiré, ni siquiera sé si es la manera correcta de actuar. Hasta es posible que me encuentre en un acto de egoísmo, pero, ¿no lo merecemos? ¿No merecemos satisfacer nuestros caprichos? Mi intención no es perjudicarte, lo sabes desde siempre. Sólo salvaguardar esta ansiedad de tus besos.

Confidencia N° 50.
El final de nuestro capítulo ha llegado. No habrá más confidencias porque no tengo ningún secreto que contarte que no sepas ya, no tengo alegrías que transmitirte, ni tristeza que no conozcas a estas alturas. Hubo algo que no funcionó y lo lamento, hubo algo que se quebró, vaya uno a sacar cuando, o quizá estaba quebrado desde siempre. Me despedido de todo lo que te acercaba, he guardado tus cartas, los tickets de compra, me he quitado tu pulsera, y he sacado tus fotos del corcho de la pared. Ya no quiero verte. Ya nos hemos hecho demasiado daño. No te odio, aunque quizá sí te culpe un poco. Pero, ¿qué voy a hacer con eso? Tengo que seguir adelante, y odiarte no me serviría para nada. No podría lograr la paz. Realmente te deseo una buena vida, y en particular, un buen desenlace, aunque algo me dice que no necesitas que yo te bendiga ni mucho menos. Sabes bendecirte solo, al igual que yo tiempo atrás. Todavía tengo dudas, me pregunto hasta qué punto seguiste sintiendo afecto por mi, hasta qué punto sólo actuaste mal y hasta qué punto era exactamente lo que quisiste hacer. Espero disipar esas dudas con noches de largo sueño, porque sé que no habrá otra manera. Vos nunca vas a responderlas, o al menos no con ese toque que parezca sinceridad. Saldremos adelante, mi amor, dejaremos atrás lo que sentimos, conseguiremos a alguien más que nos abrace en las noches. Aunque no sé si conseguiremos una complicidad como la tuya y la mía, y tampoco sé si la querré de venir acompañada con todo lo negativo detrás. 

Buenas noches, y hasta nada.