- Arde tu corazón donde el espanto hiela -

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27 de octubre de 2014

Introspección en letras altas.

Hacía tiempo que no me sentía así, si es que alguna vez lo hice. Como un caminante en medio de un desierto, solo y seco. Sin verdadero oído, sin verdadera mano allí afuera. Sin abrazos calurosos, constantes, sin palabras de interés. Extraño la confidencialidad. Introspecciono y no hay nada, es ese el signo de exclamación que me asusta. Creo que he dejado que el sistema se apodere de mi y me conduzca a su antojo. No es divertida la sumisión cuando se es consciente de ella. Liberarme, no sé hacerlo. Al menos podría desatarme y huir - soy muy buena deshaciendo nudos, no tanto corriendo -. ¿Por qué he dejado que una única impresión me lleve contra las rocas? Gracias por sostenerme, pero tu sustento siempre es extraño. Quizá sigo esperando cosas de la gente. Qué error. Quizá es un fin de semana digno del Mayo francés y yo acá dejándome arrastrar por él. Una revolución sin meta se sacude dentro mío. Una guerra pacífica y dolorosa, como si en mi pecho se armara una partida de naipes prendidos fuego. Quema, destruye, pero en silencio.
El cambio de rumbo, o mejor dicho la conciencia de mismo, me ha llevado por pensamientos que no sirven. Sé que de todos necesitan ayuda a veces, el problema es que nunca voy a recibir la que busco. Son mis palabras los propios mejores consejos. La solución siempre está sofocada en algún rincón de mi mente, escarbar y encontrarla puede ser dificultoso. ¿Qué me llena? ¿Qué me da plenitud? ¿Acaso el éxito, la victoria, la perfección, los halagos? Cuan errada. ¿Por qué ya no soy feliz con la brisa de la tarde? Noto que ya no hay tiempo para oírla, o es que el tiempo que tengo para ello lo utilizo en algo más. Tengo la cabeza quemada pero desconozco por qué. Me siento atrapada en una rueda, corriendo, desgastada mentalmente. Y sólo yo corro en ella, sólo yo y mi auto-exigencia.

Brandon Lewis

Brandon Jude Lewis - 18 años - Géminis - Melómano - Tyler Posey

Crudo. Muchas veces lo han descrito como negativo, pero él se considera realista. Le gusta creer que sólo abre los ojos a la verdad. Sabiondo, tiene una opinión de todo. Aficionado a la historia, apasionado de las conversaciones profundas. Suele estar de buen humor, es jocoso y siempre remata los momentos incómodos. Aquello que le quita la alegría también le quita la paz. Es gruñón, y poco paciente. Las cosas son a su manera, o no son. Su misión imposible es disculparse. Detesta que no lo tomen enserio o que lo menosprecien. Frecuencia la superficialidad como un modo de analizar y profundizar más sus ideologías. Cristiano y pecador, con una filosofía única que puede deslumbrar o fastidiar. Vive para acomodarse el cabello y morderse la lengua en medio de una sonrisa.
Ingenioso, de buenas ideas. Arrogante, ligeramente materialista, y de buen aspecto. Le han llegado a decir metrosexual. Amante de la buena música, toca la guitarra y el teclado.
Encantador, elocuente, educado, soñador, filósofo, ágil, melómano, sonámbulo, negro y blanco.

9 de octubre de 2014

Cannábica exageración

El escritor que termina escribiendo lo que quiere, carece de arte alguna. Está en la sangre la tendencia a que las letras y palabras te lleven por caminos que no tenías en mente. Somos una suerte de Alicia en el país de las maravillas, impulsados por el deseo de perseguir algo ajeno todo el tiempo. Sin razón ni lógica, así funcionamos.
¿Qué hago hablando de C.S. Lewis y su mundo cannabico? La intención original era otra totalmente distinta. ¿Cómo se sigue un camino que se borra enfrente tuyo? ¿Cuál es la técnica para crear senderos que lleven a la victoria? Apuesto que el temor en lo desconocido está dado por la ausencia de un final predecible. Distinguir entre relevante e irrelevante, entre oportuno o no, entre la voz de la conciencia o la voz de la destrucción. ¿Cómo saber cuál es el equilibrio adecuado para no caer en la rutina, ni recibir las críticas constantes que conducen a la locura más masoquista?
No me identifico en lo absoluto con esta mirada débil y dependiente que aquí se lee. Sí, reflexiono hasta la médula, sí, soy un drama hecho carne y hueso. Pero, ¿vulnerable? Creo que aceptaría todo menos carecer de fuerza. Llevo la fuerza en mi nombre, la victoria en el apellido. Y la perseverancia en todas partes. Ya me he familiarizado con las piedras burlonas, que ya parecen hienas por sus risas humillantes. No me satisface la idea de dormir día y noche empostrada y llorando en mi mente. ¿Quién necesita de eso? ¿Quién sigue adelante así?
¿Quién ha hablado de una caída primera? ¿Por qué siempre termino deseando hablar al revés?
Es sólo escribiendo que puedo ver la magnitud real de mis conflictos, observarlo, reírme de mi exageración inicial, y serenarme.
Aún desconozco la habilidad para colocar las manecillas del reloj en su lugar, y posiblemente nunca sepa hacerlo. Después de todo, el tiempo se controla a sí mismo, no hay nada en nosotros que pueda con ello. Sostenete, respira profundo, ejercita el diafragma, y canta.

Clock

Quizás el tiempo sea nuestro carcelero en esta prisión de granos de arena, manecillas y números. El tiempo nos acecha. El problema está en tomarlo como un enemigo agresivo, asfixiante. Yo diría más que es un mal necesario. Hay miedos a que el tiempo recuerde, miedos a que el tiempo olvide. Deseos de que el tiempo nunca pase, o de que el tiempo pase ya. Existen miedos a que el tiempo nos controle, y miedo a que lo desconozcamos. Miedo a estar desperdiciándolo, a que nuestro deseo no llegue.
Puros prejuicios humanos orientados a martillarnos la cabeza como bien sabemos hacerlo. Toma al tiempo de una vez como un buen amigo, y él sabrá beneficiarte.