- Arde tu corazón donde el espanto hiela -

__________________________________________________

20 de febrero de 2014

Te revivo para morir con vos.

El manto siniestro y moteado de la noche se ha ido a dormir ya, irónicamente. La moneda de oro, cual magnificencia, acude a nuestros ojos tras el llamado de los animales. El trozo de tela blancuzca colisiona insistente contra el vidrio, y entre los resquicios de sus temblores puedo observar el avance augusto de la mañana. Es sólo un momento, una situación. Una imagen tan bella, la aurora matutina besando la grama del jardín. Despido con una sonrisa aquella escena que me ilumina y giro sobre mi mismo, la cama cruje bajo el peso de mi cuerpo. Mi cuerpo, y el tuyo. Mis retinas beben de tu silueta desnuda, cubierta de a ratos por un retazo de nube lisa y suave. Te imagino en el cielo, donde la primer brisa de la mañana juguetea con el polvo, lo posee y lo libera entre sus giros vacilantes. Te ves sutilmente efímera presa de los sueños y las verdades del inconsciente, pero me basta con acariciarte una mejilla para sentirte real. Sólo un vistazo y olvido la majestuosidad del exterior. En tu rostro matinal, en tus párpados hinchados y en los remolinos de tu cabello, admiro la perfección. En la curvatura de tu boca encuentro al viento, quiero besar el viento y perderme en su olor. Me envuelvo con tu aroma y, una vez más, te revivo para morir con vos.