- Arde tu corazón donde el espanto hiela -

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29 de diciembre de 2013

Reflejo-espejo.

Ver a futuro siempre fue uno de mis peores errores. Ahora que decidiste irte para no volver, me encuentro con todos los huecos vacíos de lo que faltó esparcidos sobre la mesa a modo de reproche. Me dejaste saboreando el gusto de las promesas incumplidas, el aroma de las ilusiones deleitando y torturando mi olfato, un roce que nunca existió tamborileando nostálgico en las puntas de mis dedos. Un beso que desee y no me obsequiaste. Una canción que sonó de fondo pero no cantaste. Un análisis de personaje, un regaño que pareció sincero, una confesión que sonó confianza. Una mentira, o dos, o veinte. Una ilusa en el reflejo que se creyó todo, y yo, parada frente a ese espejo.

28 de diciembre de 2013

Quizá.

Quizá deba admitir que extraño los susurros que me presionaban el vientre contra una pared fría. Quizá deba admitir que con tu voz acompañando la situación, siempre parece que la Luna se adueña del firmamento negro. Quizá deba admitir que, quizá, esto es lo que quiero aunque esté mal. Quizá deba admitir que nunca tengo suficiente con vos, que nunca me conformo. Tampoco quiero conformarme. Quizá no deba escribir nada de todo esto acá, y lo estoy haciendo. Quizá estoy acostumbrada, y equivocada. Quizá las nubes confundan el cielo y cubran a la Luna. Quizá deteste la palabra quizá y las dudas que genera.

7 de diciembre de 2013

Te quiero a vos -

Harta de reprimir impulsos. Sofocar deseos durante tanto tiempo ha roto la moral que abunda en mi mente. Atino, con suerte, a dejarme llevar por las sensaciones. Qué bello sentir como tiembla cada músculo, como se eriza cada centímetro de esta piel que te quiere y no puede tenerte. Puede, pero no debe. Qué bueno que conozcas cada punto débil, que bueno que sepas acercarte a ellos. Qué mal que me es imposible disfrutarte en toda tu totalidad. Qué mal que tu piel oscura no puede contactarse con la mía sin que aparezca la culpa vestida de la parca.

¿Y qué importa si se malinterpreta lo que digo? ¿Y qué importa si está mal? ¿Qué pasa? No pasa nada, porque sé que no se puede, porque suelo tener auto-control. Pero te aviso, y el que avisa no traiciona, no sé si la próxima vez que tu boca alcance mi flaqueza, podré acallar al león que ruge en mi interior.

¿Quién ha creado la culpa? ¿Quién inventó la moral? Si pudiera subirme a esta montaña rusa de impulsividad, te juro que lo haría, pero sé que me va a costar caro y tengo miedo a la bancarrota. Fuiste mi error, quiero que seas mi logro. Quiero que dejes de caminar en dos andenes, quiero que camines por mi sendero, o por todos. Quiero tu libertad y mi permiso. Te quiero a vos, pero no te tengo.

6 de diciembre de 2013

Mamá naturaleza te lo da ♪

No hay nada más puro que ponerse en contacto con la naturaleza. Nada que se sienta más correcto. Nada que obsequie tanta paz.
Pensar que tantas palabras, tantas actitudes, nos borran cualquier sonrisa de la cara, imponiendo en cambio, la peor de las muecas, cuando hay tantas imágenes bellas, tantas sensaciones benignas, que podrían prolongar nuestra felicidad.
Simplezas como un amanecer, una ráfaga de viento, una luna llamativa, una espera anhelada, una risa ajena, una canción invasiva pero personal, un recuerdo imposible de reprimir.
Tantas magnificencias disfrazadas de banalidad, y nosotros acá, procurando sobrevivir en un mundo que no merece nuestra supervivencia sino nuestro regocijo.

1 de diciembre de 2013

Restaurante de la Lujuria.

Alcánzame donde la noche cubra cada rincón. Respírame en el instante en que mi piel emane lujuria en vez de transpiración. Descubre cada centímetro de esta silueta hecha por un ciego. Bájame hasta el infierno y conviérteme en un pecado más, llévame con Lucifer, y que nos convierta en sus vasallos. Quizás, en el cielo, no merecíamos un lugar. Quizás el cielo no se merezca nuestra sed de más. Rasguña desde mis pies hasta llegar a mi boca, destroza con tus uñas cada línea arrugada de mis labios y vuelve a curarlos con la sabia que se desprende de tu lengua. Destrózame y cúrame, hazme rendir cuentas. Te haré pagar al final. Una cena en el Restaurante de la Lujuria, y no me iré sin probar un plato más.