- Arde tu corazón donde el espanto hiela -

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14 de noviembre de 2013

Árbol.

Hay un árbol, en una plaza, en la Capital de la provincia, que reza nuestros nombres enlazados, rodeados del dibujo infantil de un órgano incoloro. Ese árbol embellecía un jardín de flora hasta hoy. Ese árbol refulgente, lleno de vida, con sus flores saltando por doquier ha muerto. Murió, y morimos. ¿Morimos? ¿O sólo estamos durmiendo? ¿Puede dormir un árbol? ¿Puede morir un amor?
La tierra se llevó cada nutriente del árbol que amamos. Destilado está de vida. Igual que yo, y probablemente vos.

Escenas.

Me cae el agua en la cara y recuerdo todo lo que nos debemos. Las promesas, los planes a futuro, los "te amo" que más de una vez guardé para no derrochar y que ahora me arrepiento. Me cae el agua, caliente, quema, pero no duele. Nada duele más que nada. Todo me es indiferente. Y ahora me voy.
El pelo mojado, las mejillas saladas incluso aunque el agua siga cayendo. Y te recuerdo. Tu sonrisa, tu amor. Mi desvelo, mi sueño.
Mi deseo. Mi luz. Mi corazón.
Te recuerdo y el cabello ya no está ni seco ni mojado, sino tomado por mis dedos con uñas que lastiman la piel. Mis pies ya no se sostienen de manera torpe sobre el suelo de cerámicas húmedas. Estoy sentada en el piso, como una niña. Desnuda, desprotegida. Vulnerable a todo. Bebé de nuevo, feto sin útero protector.
Te extraño, te extraño, te extraño.
Y nada es suficiente. Me recuesto, el agua cae a mis pies. Me recuesto y me abrazo. Me abrazo como me abrazabas, o quizás no así. Me abrazo con la fuerza que tenían tus brazos, o quizás no así. Me abrazo pero no alcanza. Y lloro, y gimo. Pero ni los gritos ni la música que te trae a mi mente sonando de fondo alcanzan para nada.
Te amo y no estas.
Te amo y te fuiste.
Te amo y te eché.
Te amo, y te amo.
Y me odio.





Y a pesar de todo, no me arrepiento.

Hola.

Hola. ¿Cómo estas?
Siento que no habláramos hace añares y han pasado tres días.
Hola. Te extraño mucho.
Sé que no debería decírtelo pero lo necesito.
Se me está encogiendo el alma de guardarlo en mi interior.
Hola. ¿También lloras cuando pensas en mi?
Porque yo no puedo recordarte sin inundar mi entorno.
Te quiero en mi futuro, ¿sabes?
Y quiero que el futuro llegue ya.
Pero me cuesta tenerte en mi presente.
Hola, hola. Hola, decime hola.
Decime hola una vez más
tengo miedo de que se me olvide tu voz.
¿Miedo? ¡Miedo!
Jamás podría olvidar tu voz.
Tu voz de nene diciendo cosas tiernas
tu olor que se prendió a la cama
tu constancia, tu lealtad
tu vos, tu yo.
Hola. Hola...
No hay nadie.

10 de noviembre de 2013

M.F.C.

¿Qué voy a hacer sin vos? ¿Qué voy a hacer sin tu apoyo y tu moral, tus besos, tus abrazos, tu habilidad para hacerme sentir la mujer más querida y hermosa del mundo? ¿Qué voy a hacer sin tus llamadas, sin tu constancia, sin tu lealtad, sin tu bondad? Tengo la ligera sensación de que no podría hacer nada. Y aún así, a pesar de ello, siento que necesito transcurrir ese dolor para madurar. Estoy al límite entre querer y necesitar, abandonar o perpetuar. Te quiero a vos y me quiero a mi, nos necesito juntos, pero me necesito sola, te abandono y me abandono. ¿Puedo perpetuar esta lucha?
Algo me dice que NECESITO un tiempo sola. Un tiempo donde pueda dedicarme a mi, a conocerme por mi cuenta, a madurar en soledad, a recordar cómo era. Donde no me sienta atada, y no es que actualmente esté encarcelada, pero necesito sentirme libre de compromiso alguno. Siento que lo necesito para estar bien, pero no quiero dejarte.

¿Dónde derrocharé tantos "te amo" si te dejo ir?
¿Qué es lo mejor en este momento?
¿Por qué debe existir la duda, la indecisión?
Sería más fácil, lo juro, si no tuviera este puto corazón.