- Arde tu corazón donde el espanto hiela -

__________________________________________________

25 de agosto de 2013

Torbellino de segundas intenciones.

Cada letra que, unida a otra y conformando una palabra, se escape de mis labios de manera aparentemente inocente, carecerá por completo de absoluta ingenuidad. No existe la inocencia en mi hablar, no existe la docilidad. Aprendí a ser experta en esto de generar la intriga, la duda que te obliga a vacilar sobre una cuerda floja y si te caes o no, parecerá no importarme. Esta manipulación de palabras jamás viene acompañada con un instinto de maldad, sino más bien como un falso complejo de satisfacción personal. Mi aura no es oscura, pero no te recomiendo caminar en mi sendero. Cada frase que diré, será tan doblesentidista que te causará jaqueca, te dejará pensando en qué quise decir. No lo sabrás, no tendrás el valor de cuestionármelo directamente y la sutilidad en mis intenciones será tal que te será imposible descifrar el misterio. Es preferible que calles, que calles y no escuches. O que hables, pero si hablas, sabes que esperaras una respuesta, y volverás a entrar en el torbellino de las segundas intenciones y yo, una vez que entres, no te dejaré librarte de mi.

23 de agosto de 2013

Nudos.

Desde pequeña, siempre me gustó desenredar nudos. Enrollar los carreteles de hilo que mamá usaba para coser mis medias, desenrollar las cadenitas de fantasía que mi hermana dejaba de usar por los cruces que se hacían en ella, quitar los matojos de cabellos que se amontaban en los peines. Era una manía, veía un nudo y me abalanzaba sobre él para intentar deshacerlo. Algunos aman las sopas de letras, otro pisar las hojas secas del otoño sólo para oír ese característico crujido. Pero no, lo mío siempre fue - y ahora noto - es, desenredar los nudos. Meditando al respecto, he notado que no se trata únicamente de los nudos físicos que se forman con sogas o lazos, sino que también tiendo a los nudos imaginarios, aquellos que se tensan entre las relaciones con el único fin de perjudicar, y que por falta de comunicación crecen y crecen hasta hacerse enormes. A veces, desenredar nudos termina siendo la tarea más ardua que te pueda tocar. A veces, la imposibilidad de deshacerlo me frustra, me desespera, pero sigo. Sigo porque sé que, cuando el nudo se haya desecho y el objeto en sí - o la relación que toque desenredar - vuelva a su génesis, una luz brillará al final del camino y seré feliz. No importa que la felicidad no sea directamente mía, pero sabré que la intención ha sido buena y que la perseverancia siempre sirve con un poco de voluntad. No resulta un sacrificio, después de todo, desde pequeña, siempre me gustó desenredar nudos...

let me -

Dejame creer que la vida es sólo un sueño del que no voy a despertar. Pintando la realidad como un momento de inconsciencia, la motivación para vivirla aumenta un poco más. Dejame creer que no hay consecuencias si pienso fallar, que sola puedo detener el temblor de estas puertas que vibran a causa de la furiosa ventisca. Dejame soñar con vos, con tu inocencia a flor de piel y tus deseos sublimes.