- Arde tu corazón donde el espanto hiela -

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20 de junio de 2013

Combate de sueño.

Abandonaré cualquier resistencia a la noche, con los minutos una presión proveniente del cielo va descendiendo y ejerce fuerza sobre mis párpados. En una batalla feroz, mis ojos luchan por mantenerse en pie, atentos a su entorno, pero esta presión celestial, asunto horario dominado por los astros, parece tener la victoria esta ocasión. La guerra acaba de comenzar, y ya me considero perdedora. El silencio del fracaso resulta aliviador, aumenta la respiración de los poros epidérmicos. Acepto mi derrota y clausuro mi visión, cierro mis ojos y le ofrendo mis pestañas a la noche, que ha ganado. Le entrego mi vigilia al descanso noctámbulo, lanzo un beso de las buenas noches al aire, y me someto sin chistar a mi querido Morfeo, mi ancestral rival, mi venerado Dios.

13 de junio de 2013

Estrella caída.

Corazón débil, mente que - inquieta - revolotea por un pavimento que tiembla. Tiembla y se derrumba, igual que tu determinación. No escuches a los cuervos que en sus graznidos ocultan penuria, que eres luz y vida, vida y luz envueltas en un halo de alegría reprimida. Canta por tus deseos, y canta por tu libertad, tengo la llave de tu jaula y te voy a liberar. Te alcanzaré una escalera para que bajes de esa cuerda floja que no puedes abandonar independientemente. Tienes el ego por el piso y la confianza en un subsuelo, siendo devorada por las ratas hambrientas de humanidad pisoteada.

Aférrate de lo que amas. Tu ilusión genuina colócala en un pedestal, venérala como se lo hace con un Dios. Piensa con pragmatismo y utiliza una balanza para dividir lo correcto de lo incorrecto, lo que viene desde tu corazón y lo que es sólo un interés vacío. No endurezcas tu propia personalidad como si fuera hielo, no te dejes manejar como un títere de madera, con hilos, con crueldad.

Veo a través de tu cuerpo, en el interior de tu pecho. Un corazón caliente escondido en una cueva, herido, magullado, pero igual de valiente que un héroe épico. Libéralo, toma fuerzas, que el poder de ti misma te guíe y te lleve afuera. Pisa la tierra, camina sintiendo el césped, respira observando el cielo, y que el mundo esté dispuesto a recibirte renovada y esplendorosa. O que no esté dispuesto, y se ve a obligado a recibirte a como de lugar. Porque nadie deberá frenarte cuando comiences tu andar, con un escudo de cartón y una espada de papel soporta las balas que vendrán, siempre siendo como eres, jamás renuncies a lo que quieres. Descúbrete, obsérvate, tócate y quiérete. Eres una estrella que ha caído, Rosario, y volverás a tu cielo donde una cama te está esperando para seguir soñando.