- Arde tu corazón donde el espanto hiela -

__________________________________________________

25 de marzo de 2013

Para darte.

Aún no sé hacer el nudo de la corbata, ni preparar un té con gusto a decencia. Jamás tendré la elocuencia de los dioses griegos, ni la simpatía de un payaso de circo. Sé que aún me retraso para atarme los cordones, y que carraspeo con frecuencia si los nervios me atacan. Sé que mi música no mantendrá a nadie, que mi soledad perecerá y que mi necesidad de libertad terminará por sofocarme. Puedo equivocarme en esto, y en mucho más, pero nadie te dará todo lo que tengo para darte. Nadie observará tus ojos con una sonrisa tonta prendida en los labios, nadie será capaz de descifrar hasta tu última pena para convertirla en felicidad, nadie te sentirá como yo, nadie tocará tu piel y quebrantará cada pizca de serenidad. Bajaría cada una de las estrellas del firmamento, apagaría el Sol con la yema de mi dedo. Soy el único que besará tus labios cada noche antes de dormir, y que te despierte al día siguiente con un beso en la frente y tu desayuno preferido esperándote en la cama.

12 de marzo de 2013

A su lado.

Desinterés es el peor insulto. El cambio la peor bazofia. ¿Será que estoy tan negada a negarme que no me siento ni distinta ni errónea? ¿O será como yo creo, que es sólo una pequeña crisis de espacio y nada más? Siempre he sido muy independiente, muy propia de mi como para pertenecerle a alguien más. Siento que la situación no está bien, no perfecta como siempre digo, y eso me descoloca. El amor no ha cambiado, crece día a día. Es sólo que es necesito distancia. ¿Me sentiré sofocada? ¿Qué sucede conmigo? Sólo sé una cosa, identificaré la situación y seré práctica, haré todo lo que tenga que hacer. Menos una cosa: alejarme de su lado.

11 de marzo de 2013

Dawn in the borderline -

Abrázame en el invierno,
tengo una corazonada.
Entre las calles persona,
en los silencios sólo alma.
Risa de un niño casto
sonando en tu ventana,
está llamando a los ángeles
los usa como carnada.
¡Y el aura que brilla lejos
enciende una caravana!
Muchacha de ojos chiquitos
¿qué cantas por la mañana?

Soñando un sueño bonito,
cruzando grandes fronteras,
quise una motocicleta,
tengo una bici sin ruedas.
Deseos que van flotando
que mueren en las cloacas,
la rosa que azul, no rosa,
como mi afán... poca cosa.

Guardo en mi puño cerrado
el anhelo de las montañas.
Susurra un gorrión, susurra:
¡Hey, ya es de mañana!
Con los dedos atareados
divago en viejos recuerdos.
Sonrisa que va empujando
al astro rey a su cielo.


8 de marzo de 2013

Genevieve Accolti, fragmento.

Un suspiro ahogado se escapó de sus labios carnosos, mientras su mirada musgo vagaba inquieta de un lado a otro por aquella calle deshabitada. Hogsmeade era un desierto aquel último tiempo, para fortuna de la morena que detestaba la muchedumbre. Piel indigna rozando su piel, otras bocas respirando de su aire. Había dejado atrás el gentío que representaba Hogwarts y ahora se regocijaba en su definitiva y exquisita soledad. A decir verdad no estaba allí, recargada en una pared cercana aquella taberna llamada Las Tres Escobas, por puro disfrute personal. Esperaba a alguien pues se hallaba cumpliendo una misión, como siempre puntual cuando el deber lo ameritaba, cuando el deseo de justicia sangrienta le tocaba la puerta a su violencia. Genevieve ladeó el cuello formando un círculo y sonrió al oir los ruidos de sus articulaciones al moverse. El sonido del quebrantar de huesos junto a los gimoteos desesperados de quien se ahoga en su propia sangre era lo que necesitaba escuchar, una melodía que le permitiría dormir cada noche. Más de uno no la había creído capaz un año atrás, cuando su rostro no mostraba más que a una jovencita seductora y con carácter que se hacía respetar y se llevaba el mundo por delante si era necesario. Más de uno no le había creído, ¿por qué creerle si ella fingía a la perfección? Accolti relamió su labio inferior y apoyó su cabeza contra la pared, el cabello oscuro se confundía con la capucha de su túnica y el resto de la misma. La calle sin luces difundía su silueta, sólo el brillo de sus pupilas se notaba en la negra noche que rodeaba el pueblo. Un ligero sonido de pies sobre hojas secas hizo que girara el rostro automáticamente. Conocía esa figura y esa forma de andar a la perfección. - Fairfax, estas tarde. - comentó con desinterés, paladeando su nombre como quien disfruta saboreando alguna delicia exótica, como quien repite una y otra vez alguna enfermiza adicción. - Te pediría una excusa convincente, pero con sinceridad no me interesa oírte. -  Un día de perros, al parecer. La morena se distanció de su lugar y caminó hasta el rubio logrando que un farol levemente deteriorado la alumbrase. Aún con su enorme túnica se notaba su femineidad al caminar, sus pasos gráciles. Se detuvo frente a él a muy poca distancia, sin alterarse por la cercanía sino que parecía a gusto con la misma. - ¿Estás listo? ¿O seguirás haciéndome perder el tiempo? - Aquella era una pregunta con doble filo y pudo leerse su intención en la comisura elevada de su boca. Si se hacía cargo, problema suyo, no era asunto de Genevieve que Lane fuese un jodido capullo. Genevieve necesitaba acción, debía ir a por ella. Necesitaba un incentivo de energía antes de que el accionar bélico se le esfumara en las venas de sangre caliente.


Adulteradas apariencias.

Te es imposible conseguir la satisfacción absoluta, vas a seguir hasta que tu garganta desgarrada grite basta, hasta que tu cuerpo pida un descanso. Confesa la verdad, ambos sabemos que jamás pararás, que nunca dirás: "Es suficiente, mi amor", porque tu alma es imparable, consumista e insondable. Continuarás sin piedad, y yo, débil y altruista, no podré decirte que no. Ya estamos grandes para jugar a la presa y al depredador. Me cansé de estar obligado a rogar por tu piel cuando tus ojos son los que reflejan lascivia, pecar de lujuria y gula forma parte de mi tradición. Soy el carnívoro obligado a alimentarme de tu carne, y vos la liebre que brinca atrayéndome con el placentero aroma de tu sangre caliente golpeteando en tus venas. Tanta intensidad no cabe en un solo ente, te rodea un aura de energía pecaminosa ante la que quiero perecer. Dejame sucumbir a tus encantos una noche más, con esta luna blanca que alumbra tu pelaje blanco sonriéndonos desde el cielo. No brinques más, devorarte bajo este manto de estrellas es mi misión. Cerra los ojos y que el instinto nos domine. Las leyes de la naturaleza no nos rigen en lo absoluto: sos una reina impulsiva y poderosa en el cuerpo de una sierva, y yo sólo un esclavo vistiendo el disfraz de la inmoralidad.