- Arde tu corazón donde el espanto hiela -

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7 de septiembre de 2012

La frase anhelada.

Una caricia mutua de besos que pareció infinita, un beso que se extendió y que rompió el récord de lo prolongado. Dulce, suave, como si fuera el primero y el último a la vez, el más anhelado, el más sereno. Una mano pequeña acariciando el cabello corto y oscuro, otra mano sobre la melena castaña que caía rebelde sobre los hombros, acariciando esos rizos que se perdían sobre la oreja. Un aliento a familiar corrían entre ambas bocas, el aroma de las palabras que se sofocan, de la espera por el momento indicado, perfecto. Tras aquellos minutos que parecen años las bocas se separan, los rostros se distancian para observarse mejor. Se miran a los ojos, como más de una vez. Una ve esos iris oscuros y duros que le causan tanto misterio, uno ve esos iris castaños más claros, grandes y redondos, que una vez que comienzan no pueden dejar de llorar. Las palabras salen atropelladas de su boca, el corazón le late muy fuerte y los pulmones pretenden destrozarle las costillas.

Te amo.

Y un silencio de segundos que es concluído con una sonrisa serena y de felicidad. Sonrisa de alivio que sabe al ave puesta en libertad.