- Arde tu corazón donde el espanto hiela -

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6 de julio de 2012

Sentirme orgullosa.

Me siento mal. Me siento lo suficientemente mal como para no poder usar metáforas ni frases elocuentes. No puedo, no quiero. Por primera vez en mucho tiempo voy a escribir a la criolla, quizás hasta sea mejor así, quizás hasta llegue mejor a la gente de esta forma. Quizás me exprese mejor y me saque toda la mierda de encima. Me enorgullece decir que soy sincera, que jamás me guardo algo, que digo todo lo que pienso de la manera más sutil que tengo para hablar. Pero hace unos meses esa sinceridad se me fue de las manos, propasó el límite. Hablar de mis intimidades siempre fue una vergüenza, hoy en día es como hablar del clima. En un principio era divertido, llenaba de adrenalina las arterias, sacaba sonrisas y fascinaciones en más de uno. Ahora es distinto. Quizás soy repetitiva, demasiado atrevida, desubicada, y hasta muy detallista. No tengo límites, y ahora lo noto. Nunca me limite ni pensé en hacerlo. Una campana llamó mi atención y me golpeó la frente contra una pared. "Ya es tarde para cambiar" dije, y me arrepentí. Nunca es demasiado tarde para volver al camino correcto, para hacer las cosas bien. Seguiré siendo sincera, seguiré admitiendo si me lo preguntan, seguiré siendo confianzuda con quienes merecen mi confianza. Pero me limitaré, es un buen consejo lo voy a seguir. Me voy a limitar si no quiero estar en desacuerdo conmigo misma, si no quiero que me falte equilibrio. Lo haré sólo porque quiero sentirme orgullosa.

Jamás olvidar.

Entonces, los dos concordamos en que jamás la olvidarás y jamás lo olvidaré, ¿cierto?