- Arde tu corazón donde el espanto hiela -

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19 de abril de 2012

Tormenta de discusiones.

Al principio veías la tormenta a tu alrededor como muy lejana, ajena a ti por más que rondara a centímetros de tu cuerpo. Escuchabas los silbidos del viento, sus secuelas frente a sus ojos, pero no las sentías en carne viva. Veías a tus vecinos ser destrozados, aniquilados, atacados. Pero no era tu tormenta, no era tu desgracia. Estabas harta de escuchar esas discusiones de ventiscas, y te alejabas un paso tras cada segundo. Pero se apresuró, se adelantó y te ganó de mano. Ya no puedes escapar del torbellino, ya no puedes dejar de lado las discusiones. Ya no puedes ignorar lo que pasa a tu alrededor, es hora de enfrentarlo. Estas atrapado y la única solución es adivinar la solución.

Ser valiente.

Jamás fui la que sofoca, la que permanece serena. Nunca fui primero racional y luego impulsiva, siempre daba el paso inicial cargada de furia y el arrepentimiento venía luego. Ahora que procuro cada palabra, que opaco cada sentimiento colérico en un rinconcito oscuro de mi, que callo para no hablar de más, justo ahora que todo debería ser mejor, sólo empeora. Ahora que intento ser valiente y no llorar, que intento ser un poco inteligente, llegué a mi límite de paciencia. Me harté de intentar ser valiente. Me harté de ser fuerte, me harté de mantener la calma. Y temo por la tormenta