- Arde tu corazón donde el espanto hiela -

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29 de febrero de 2012

Miedo.

Y tenes miedo de nuevo. ¿Dónde queda esa valentía de la que tiendes a hablar? Miedo de las pérdidas y de sus consecuencias, miedo a la edad, miedo al cambio, miedo a equivocarte. Miedo al amor, miedo a decepcionar, miedo a tropezar. Miedo a dejar de lado las cosas realmente importantes.
Miedo, miedo, miedo.

27 de febrero de 2012

No te ilusiones.

Como siempre, es recurrir a las palabras para ganar seguridad, para acomodar ideas desacomodadas. 

No te ilusiones. Sé que es pedirte imposibles, como rogar peras al olmo. No te ilusiones. Aunque sé que todo parece perfecto, que él parece perfecto. No te ilusiones. No apresures las circunstancias, los actos, los sentimientos. No te ilusiones. Esfuma o disimula la sonrisa cada vez que escuchas su voz. No te ilusiones. Elimina el escalofrío cada vez que pronuncia tu nombre. No te ilusiones. Recuerda que todo puede desaparecer, que las palabras de la historia se pueden deshacer. No te ilusiones. No dejes todo por una aparición. No te ilusiones. No deposites confianza extrema, conoces las consecuencias. No te ilusiones. No te iluisiones.

Después de todo eso, creo que es estúpido gritarme que no me ilusione. ¿No está hecha la ilusión ya?

16 de febrero de 2012

Fucking fear.

Estas asustada, quebrantada. Con un miedo insostenible, incalculable. La ansiedad te recorre de pies a cabeza, hambre de respuestas que son nulas, que se escapan con la brisa. Interrogantes que te carcomen el cerebro, que te destruyen las neuronas, que te maquinan segundo tras segundo, apresurada, como si tuvieses un tiempo determinado para encontrar las respuestas. Casi escuchas el caer de los granos de arena en el interior de un reloj mental. Escurridizos, tortuosos. La sangre te fluye caliente, las venas parecen explotar. Miedo a cuestiones de la vida de lo más básicas, que uno toman como si fuese sólo una sencillez. Para ti es el peor pecado del mundo. No es avaricia, no es gula, quizás esté relacionado con la lujuria pero tampoco lo es. ¿Amor? ¡Qué insulto para mis ideales! ¿Cómo estar enamorada? Es una ecuación que jamás iguala, una posibilidad de lo más hipotética, una idea que se tiene por tener, pasajera y espontánea, sin justificación alguna. Y no, no estás enamorada, son las hormonas, la necesidad de cariño, el vacío y la curiosidad hacia el sentimiento. Que los demás confundan amor con enamoramiento va más allá de mi. El amor es una relación de afecto que se construye con los años, con las experiencias, con el conocimiento de la otra persona, con las pruebas de la falta del engaño y la traición, con la atracción inigualable, con el respeto mutuo y el escaseo de rutina. Más el enamoramiento es típico de los impulsos adolescentes, del sentirse diferente y nuevo ante una experiencia moderna, de la necesidad de etiquetar todo y de creernos maduros y listos, de no poder dejar de pensar en una persona en particular, y que el mismo pensamiento nos produzca sensaciones no vividas con anterioridad. Enamoramiento, tan banal y común en la joven sociedad de ahora, hasta podría decir que lo comienzo a vivir. O quizás sea una simple jugarreta de mi sistema hormonal.

Jodidos estrógenos.

¿A dónde se fue el cariño?

Tu parte pisciana no iba a esfumarse porque sí. ¿No te extrañaba ya que ante todo lo que te rodea ni una lágrima se escapara de tus ojos? Te sorprendía, te desquiciaba. Te sentías como la peor basura: todos nerviosos, preocupados, atentos, buscando soluciones y ayudando lo más posible. ¿Y vos? Recién llegada de un viaje que lo continúas con más encuentros. ¿Dónde está tu sentido de la familia, del amor, del respeto? ¿Dónde está esa empatía por la que siempre te caracterizan? ¿Dónde quedó tu preocupón cariño? Y sí, te preocupan. Te preocupan más ellos que la causa de preocupación principal, que lleva tu sangre y se parece más a ti que el resto de tus familiares. Y aún así nada, por descender de ella debería ser mayor tu angustia principal. Forjaste una opinión errónea, te equivocaste al discernir, y ahora te cuesta de esos ideales conseguir un afecto sincero. ¿Qué te queda? Acompañar desde el punto frío, desde la lógica, y no en el sentimiento aunque es lo que más anheles, por lo menos hasta que el calor del amor caliente tu corazón de nuevo.