- Arde tu corazón donde el espanto hiela -

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26 de diciembre de 2011

Perder.

Perdiste demasiado como para seguir perdiendo, es tiempo de empezar a ganar un poco. De tirar los dados y que te toque seis, no uno, no dos. Seis. Hora de medir un poco tus actos y de aprender que si los demás no miden sus actos tú no puedes hacer otra cosa. Que derrochar lágrimas no sirve por más que te sientas liberada. Que el pesar de tu alma, como siga aumentando, jamás desaparecerá. Que tienes todo y sientes que no tienes nada. Que odias dramatizar pero no puedes evitarlo. Que tienes complejos y desearías ser mucho más simple. Pero nadie es simple. ¿O si? Que te crees inteligente y eres una estúpida.

Caerse de la cuerda floja.

Es hora de darse cuenta que tu vida es un total desequilibrio, que jamás vas a tener un período de tiempo considerable en el que todo esté bien. Pensabas que todo iba bien, que ibas manejando todo como querías, que caminabas sobre la cuerda floja con total confianza y cuidado. Y te caíste.
Te caíste porque cuando comenzas a vivir en el mundo de fantasía te olvidas del real. Te caíste porque olvidas las cosas más esenciales, más tontas, y más relevantes. Te caíste porque ir formando tu personalidad es muy complejo, es complejo porque no te conformas con ser como sos, porque siempre queres ser mejor y cada cosa mala tuya es un suicidio. Te caíste porque el drama está en tus venas, porque jamás vas a dejar de tomarte todo demasiado enserio, de hacerte mala sangre por todo. Te caes, pero te caes por tu culpa.

18 de diciembre de 2011

13 de diciembre de 2011

Aferrarse a cables a tierra.

Es una cuestión de aferrarse a cables a tierra, de no fantasear, de dejar las ilusiones de lado y vivir en la realidad. Las cosas son como son, es hora de aceptarlo, pero la imaginación pisciana juega muy en contra del método sencillo de ver la vida como es. Y es que todo es muy confuso, y todo tipo de conclusión que pueda llegar a sacar de esta situación y de la cuál puedo estar cien por ciento segura, desaparece como arena entre los dedos con el pasar de las horas. Se esfuman, pierden lógica. Entonces intentar pensar no tiene sentido.
Pero también esta el nulo control sobre mis actos, actos de los que después me arrepiento. Todo está yendo demasiado rápido para alguien que jamás ha hecho nada. Es ver todo perfecto donde hay demasiadas imperfecciones. Dejar de lado a los demás, ¿para qué? ¿Qué sentido tiene? Si sabes que lo que estas viviendo ahora es eso, sólo algo que estas viviendo ahora, algo que se te va a acabar antes de lo que pensas.

Es la inexperiencia de que te pase algo así la que te deja en duda, las primeras veces de todo siempre son conflictivas. Es hora de tomar el toro por las astas y controlar la situación que te rodea, poner límites con los cuales quedes satisfecha. Todo lo que te cause vergüenza o de lo que te puedas llegar a arrepentir es algo que claramente no es bueno, o no para ti por lo menos. Y no te ilusiones, porque es sólo un juego y estas jugando con fuego. El fuego termina quemando, y no es como busques eso, ¿verdad? El compromiso sin compromiso es absurdo, a nadie le gusta, y creo que ni a mi me agrada ya la idea. Adiós a esos gestos que pensas que son adecuados o inadecuados, depende como lo veas. No, adiós no, ¿por qué? Pero que desencajan es seguro, un aferre de manos, un beso de despedida, dos palabras que no son ciertas pronunciadas de unos labios que respiran agitado. No, no tiene sentido. Es una cuestión de aferrarse a cables a tierra.

11 de diciembre de 2011

Vas a terminar descubriéndote a ti misma sobre la piel de alguien más. Sobre los labios húmedos de otra persona. Bajo la mirada nublada y perdida de otros ojos. Ante el calor de otro cuerpo que no es el tuyo.

2 de diciembre de 2011