- Arde tu corazón donde el espanto hiela -

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26 de septiembre de 2010

Concurso de literatura. Número uno.

¿Qué es esto?
Como el nombre de esta entrada lo dice, el blog eternalsouul va a llevar a cabo un concurso de literatura. Las consignas son sencillas, pero deben de cumplirse. A continuación están escritas las condiciones para tal competición :).

Tema del escrito: A elegir.
Dimensiones del texto: Deberá tener 500 palabras.
Condiciones particulares: Deberá tener al menos un dicho entre sus palabras, uno que sea popular y conocido por todos. Para que quede en claro, ya que se han presentado algunas dudas, refiere a refranes conocidos por todos. Ejemplos: "Al que madruga, Dios lo ayuda", o "más vale pájaro en mano, que cien volando". Entiéndase que es algo muy simple, cualquier duda pueden comentar en esta entrada, o mandar sus dudas a mi mail.
Ortografía: Pedimos la mejor ortografía posible, un texto en el que se escriba con sangría, mayúscula, y punto. Pedimos comas, y las menores faltas ortográficas posibles, gracias.


¿Cómo enviar tu escrito para que concurse? 
Pasamos a explicar el asunto. Todo escrito deberá ser enviado al e-mail taati.esposito@hotmail.com, con título, nombre del autor, y fecha en el que fue confeccionado. Todos los escritos que sean enviados hasta el día 20 de Octubre {fecha límite} se irán subiendo en el blog. Este día, anteriormente dícho, se llevará a cabo una encuesta en la parte superior del blog, donde los visitantes podrán entrar y votar sobre que historia les gustó más. Lamentamos tener que comentar que el concurso no tiene premio, más que un gran reconocimiento, pero esperamos que los estimule para seguir escribiendo. ¡sí que...
¡el concurso comienza YA! 

Y no se olviden de no rendirse, THE SHOW MUST GO ON!



# Para saber cuantas palabras tienen en su escrito: http://www.enfermeriaencardiologia.com/congreso/contador.htm
# Para conocer más dichos y poder utilizarlos:

23 de septiembre de 2010

Simple, y jodido. Libre y salvaje. Amor.

Él era su complemento, quien sacaba lo mejor de ella. La hacía sonreír con facilidad, la sinceraba rápidamente. La cuidaba y protegía, abrazándola y besándola, queriéndola. Había llevado tiempo, semanas y semanas, pero al fin lo había logrado. Estaba de vuelta, sí, lo estaba. Porque esa seria, madura, y altiva imagen que mostraba a los demás no era ella, para nada. Y él lo había notado desde el primer instante. Con esa arrogancia, con esas payasadas suyas tan únicas, con esas formas de fingir ingenuidad tan crías e infantiles que ni él se creía, había logrado transformarla.
Porque no siempre había sido así; la que vivía sola en un apartamento del centro de Los Ángeles, únicamente para trabajar, estudiar, comer, y dormir, y en ese orden de prioridades, la que nos salía con amigas, y no quería que le nombraran la palabra "hombres". Claro que no, era muy diferente, aunque tal vez nadie lo creyera.
Solía ser juerguista, cargada de energía. Era responsable, pero siempre colocaba a sus seres queridos primero. Inteligente, pero no se esforzaba tanto para ello. No era obstinada ni tan terca. Divertida, cómica, social. Cariñosa, boca suelta, no tenía pelos en la lengua. De las locas amantes de los libros y películas de amor, una escritora fascinante y llena de futuro. Una cantante horrible, una bailarina pésima, y una chica delicada que sabía cuando dejar la etiqueta a un lado. Era fresca y única, con un carácter de los mil demonios; pero había dejado atrás esa brillante persona para convertirse en una opaca aficionada a la Universidad y al periodismo, su empleo.
Pero él, él había sido cautivado. Bajo ambas máscaras se destilaba una conexión quimérica, llamativa e inconfundible, perfecta. Él con sus aires de celebridad en la cabeza, que los tenía bien presumidos pero aún así eran inadecuados. Ella, tan escondida en esa casa del árbol que había fabricado a su entorno, repleta de barrotes, candados, y puertas cerradas, casi imposible de abrir.
Y ambos, que se veían bien, maravillados en su propia mentira, se demostraron que les faltaba lo más importante. Algo que los sacudiría de pies a cabeza, emanaría lo mejor de ellos, y lo más importante aún. Los harían felices. ¿Qué era lo que debían descubrir a la corta edad de veinte años?
Sé que lo saben, hay una única respuesta. Claramente, el amor. El verdadero amor.

Juntos, simple y únicamente juntos. Juntos se gritaron, se ofendieron, se dejaron, se buscaron, se rogaron, se perdonaron. Tuvieron miedo, juntos siguieron adelante, juntos se quisieron. Juntos se abrazaron, se besaron, y se acariciaron. Juntos se hicieron el amor. Juntos soportaron los traspiés y las rocas del camino de la torpeza. Se alejaron, se necesitaron, se volvieron adictos, igual que una droga. Juntos aprendieron, del otro y de sí mismos, conociendo lo que nadie tenía permitido. Juntos rompieron barreras, de orgullo, de celos, de complejos, de viejos amores. Guardaron un secreto, uno que, perfilado de la más sigilosa manera terminó saliendo a la luz, por voluntad de ellos. Juntos soportaron las críticas y las aceptaciones de los ajenos, por un solo motivo. El amor que se profesaban.

Pero, el amor puede jugar tan mal en ciertas ocasiones... Apostando todo lo que con él va, y perdiéndolo todo por no sacar un siete negro. Ellos no sacaron un siete negro, y todo en lo que habían trabajado tan arduamente, murió enterrado en las cuevas de unos abandonados acantilados.

Él, siguió su vida, orgulloso como era. Consiguió otra, la sedujo, la hizo suya, le tomó aprecio. Pero no tenía comparación, porque la usaba para llenar un vacío permanente. Ella, volvió a su vida de entrevistas y estudios, de potes de helado frente al televisor, acompañada de pañuelos descartables usados e inundaciones de dolor en el corazón.

Hubo un día, oh, ese día. Se volvieron a ver, un cruce de miradas, caoba y musgo, fama contra sosiego, fuego contra agua. Él sonrió, con pena, con dificultad, con esa típica sonrisa nostálgica, de compromiso. Ella calló, como bien sabía hacer. Con ese silencio crítico suyo, con esos labios finos presionados en una línea, con el nudo atado en el esófago y las miles y miles de vigas invisibles clavados en su pecho.
Fue una voz, fue su voz, fue una segunda voz. Y era la otra.
Ella no, no iba a soportar eso. ¿Con qué fuerza acallaría sus lágrimas? No podría, se conocía. Porque, si bien había vuelto a ser la fría e idiota ambiciosa, todo tema que lo incluyera a él la destrozaba, la torturaba lentamente. Y sus pies giraron, y sus ojos se cerraron, y el nudo se apretó más. Se fue, sin sentir las pisadas de sus pies, solamente la intensidad con la que las lágrimas escapaban de sus ojos, y el trayecto que surcaban por sus mejillas, levemente desviadas por la brisa lastimera que le daba de lleno en el rostro.

Su mirada se perdió en ella, en cómo se iba caminando sobre la acera, en cómo el cabello se movía con el viento, mientras su mente se la imaginaba llorando, recordando viejos recuerdos de ambos. Y a la otra, a la otra la ignoraba. Porque si ese no era el momento, ¿cuál sería? El cuarto de luna que se perfilaba alta y estricta en el cielo negro azabache le era reveladora, explicativa.
Un "lo siento" sin muchas sensaciones salió de los labios delgados de él, mientras miraba a la otra con ojos refulgentes de culpa. Negó con la cabeza, con una sonrisa oscilante entre la comprensión y la decepción. "Sabía que ocurriría", murmuró, y con un gesto de cabeza lo apresuró, señalando el camino por donde había desaparecido anteriormente su única meta en la vida.
Sonrió, seguro de lo que tenía que hacer por primera vez en muchas semanas, desde que se había alejado de ella. Corrió y corrió, como si fuesen cientos de kilómetros los que debía recorrer, y no una cuadra simplemente. Dobló la esquina, sin ningún resultado en su primer visión, pero luego, entre las sombras que ocasionaban la noche, la encontró.

Parecía frágil y encorvada bajo ese sauce llorón, y por un momento se preguntó qué de las dos cosas le causaba más melancolía, mas era una tonta incertidumbre. Tenía las manos pegadas al rostro, y respiraba agitadamente. Lloraba, lloraba con hipidos y pequeños gemidos que apenas se oían. Las personas que caminaban por la calle frontal buscaban de dónde salía ese lamento, pero no la veían escondida como estaba, entre las sombras del árbol y de un par de setos. Inhaló una gran bocanada de aire, como si se asfixiase. Parpadeó con fuerza y dio los primeros pasos, medio dubitativo, medio infalible. Se sentía idiota, y a la vez sabía que era la hora.

Sólo notó su presencia cuando estuvo frente a ella, cuando el perfume de hombre que él emanaba en abundancia se infiltró en sus fosas nasales, y otra vez sintió como las piernas le flaqueaban levemente, y sus labios se querían curvar hacia arriba. Pero era imposible, porque sabía que estaba allí para darle el sermón de olvidarlo todo, de que ya era tiempo de que dejaran de ser tan críos. No quería escucharlo, quería ignorarlo. Quería ser fuerte como había aprendido a ser antes de conocerlo, dejar de llorar, empujarlo de manera bruta y salir corriendo. Pero no podía, al mismo tiempo quería permanecer allí. Oír su voz masculina y compasiva, sentir su aroma a chocolate intenso, y tal vez, si tenía suerte, notar los brazos tonificados alrededor de su pequeña espalda.

"Déjalo ya, deja de llorar". No era un tono altivo ni cortante, su tono era suave y pasivo, pidiendo un favor. Con delicadeza llevó sus propias manos grandes y de tacto áspero a las suyas, de dedos delgados y finos, femenino, y se los quitó. Ahora que podía verla de cerca, veía el increíble cambio. Más allá de las lágrimas y los ojos rojos de tanto frotar sus puños contra ellos, estaba demacrada. Tenía las ojeras violáceas de quien no duerme durante días, y las pequeñas arrugas junto a las comisuras que interpretan todo lo contrario a un hoyuelo de risa. Son huecos de amargura. Estiró la manga de su camisa e intentó secar su rostro, pero las lágrimas seguían cayendo, aunque con menor frecuencia. "Sé que lamentarlo no sirve, pero es lo único que puedo hacer", una pausa monótona y atenta circuló en el ambiente. La mano que antes secaba su mejilla, estaba quieta sobre la misma, acariciando como si el contacto le fuera familiar, y claramente agradable. Lo era, esa simple caricia podía volverlo loco. "Pero puedo afirmar algo: aún te amo, preciosa, y he estado cada jodida noche pensando en ti. No sé qué me hiciste, no sé cómo lo conseguiste, pero estoy hecho un idiota". Otra pausa, pero esta vez no había miedos por lo que a continuación dijera. El muchacho había apegado su frente a la de la chica, con los párpados casi cerrados, mientras que una sonrisa invisible para él se había dibujado en la boca de ella, era alegre y demostraba que su cabeza vagaba por recuerdos felices. Que parecían tan antiguos como la infancia, y que allí se removían como una película. "Ámame, y prometo no volver a cometer errores, prometo seguir enseñándote y aprendiendo de ti como las semanas pasadas. No me dejes de nuevo, no voy a soportarlo".

Fue ella quien alzó las manos esta vez, pero con tanta lentitud y femineidad que no fueron notadas hasta ser posadas sobre su mandíbula, de forma segura y posesiva. "Yo voy a amarte siempre, porque tú has logrado que así fuera. Y temo que si vuelve a suceder algo así, caiga como una tonta como espero que sepas, haré ahora". La expresión de él irradiaba una felicidad inhumana, pero a la vez había abierto repentinamente los labios como quien va a discutir algo. No sería así, era su momento de hablar y no quería que la interrumpieran. "Sh, calla. Sé que no volverá a pasar, o que haremos lo posible para que no sea así. Y es que no quiero que se repita, estarás viéndome ahora, destrozada y lívida, y tú siempre tan apuesto". Una risa paradójica escapó de sus labios, era atrayente la cercanía con la que hablaban, y los murmullos que se dedicaban. Estaba segura que él estaba por interrumpir de nuevo, con ese sermón que le hacía siempre sobre su perfecta belleza. "Ahora, dejémonos de explicaciones. Por favor, bésame, pretendo revivir tus besos". Y el júbilo tan irónico que sólo él podía brindarle apareció en su vigente alegre voz.

Todas sus aclaraciones habían sido hundidas, por lo que no le quedaba más que hacer lo que le pedía - oh vamos, no es que se rehusara mucho a hacerlo tampoco -. La mano que en su mejilla se quedó allí, sosteniéndola firmemente mientras su otro brazo rodeaba su cintura, ahora un poco más abultada que semanas atrás. ¿Pero eso qué importaba, si después de todo, no habría ninguna forma en la que fuese más feliz? Además, ¿cómo no ser feliz con ella? Con esa muchacha que le brindaba todo sin compromisos ni límites, ella que le había enseñado lo que era el amor, se lo había hecho sentir de la manera más profunda. Ella, no necesitaba nada más que a ella. Una sonrisa de lado se dibujó en los labios de ambos, antes de caer en la rendición de un beso pequeño, amoroso, un beso que reunía lazos que habían quedado pendientes de un solo hilo, que resultaba el más fuerte de todos. Un beso que demostraba la añoranza, las noches en vela de cuerpos fríos y camas solitarias. Un beso que se profundizaba con cuidado mientras la mano de él hacía un pequeño nudo con la chaqueta de ella dentro de su puño, y ambas lenguas se enzarzaban con intensidad y desespero. Con suspiros y mordidas leves. Con cariño, y aprecio. Con amor, único e imcomprendido. Simple, y jodido. Libre y salvaje. Amor.

21 de septiembre de 2010

Novata en esto.

Es un pequeño hueco de asfixia, nada más. Una sensación de vuelco en el estómago. Una especie de temor mezclado con aquella fricción de nuevas experiencias. Tal vez sea el inicio de un error, tal vez el principio de algo de gran importancia - no, esperen, eso lo dudo mucho -. Demasiada muchedumbre a mi alrededor, ¿por qué todos se alegran? La densidad es densa, del mismo modo que el agua es mojada. Quiero hablar con ella, únicamente con ella. Después de todo conoce hasta mi más mínimo secreto, - tal vez se le escapen uno o dos - por lo que necesito una liberación expresiva. Pero, otro día será el indicado.
Ignórenme, soy novata en esto.

19 de septiembre de 2010

Hey, tonight -

Fiesta, personas, alcohol. Es peligroso. Cautivador, atrayente y peligroso. Es la forma en que te acercas con la mirada de quien tiene unos grados demás de alcohol que le queman en las venas. Porque todo es diversión, todo es furor. Hay luces que se prenden y se apagan, la música misma tiene sus altibajos, como tu estabilidad. Como su estabilidad.
Sólo se ve movimientos, brazos que se alzan y se dejan caer con ritmo, con intensidad cálida. Después de todo, es lo único que importa. Al menos un poco de contacto repentino y sudoroso, que los haga sentir acompañados, deseados. Caderas que chocan contra otras caderas, con rudeza, con ánimo.
¿Qué les importa? Por las noches pueden ser libres y no arrepentirse de nada al día siguiente. ¿Quién recordaría todo, más aún cuando la resaca y el dolor de cabeza hacen su gloriosa presencia?
La noche avanza rápido, y se hace una tortura de a momentos. Para cuando sus ojos, de párpados ligeramente sudados, se encuentran de nuevo con tu mirada, ya nada de lo que pueda hacer sirve. Los encantos se desvanecen, la magia se pierde, las piernas se desfallecen.
Olvídate, adiós, se verán otro día. En donde por desgracia va a tener que estar pensando con lógica, y no tendrá excusas para explicar sus comportamientos. Adiós, ella espera que no te olvides de su perfume impregnado en tu camisa, ni de los abrazos que le dabas con los brazos alrededor de su cintura. Porque ella no los olvidará, aunque cargue con una ebriedad mayor a la que jamás vivió.
No lo olvidará, porque no era cualquiera, eras tú. Su razón de ser, y de bailar.

17 de septiembre de 2010

Feliz cumpleaños, hermosa ♥

Hace diecinueve años, un dieciocho de septiembre lluvioso, ansiado y largamente anhelado, nació una pequeña bebé de ocho meses a quien le dieron el hermoso nombre de Florencia Giselle Espósito. Sus padres, que habían pasado por momentos difíciles y muy peligrosos durante el embarazo, comprendieron que, en el momento en que la cargaron entre sus brazos, todo había valido la pena. Y que esa alegría causaría sensaciones indescriptibles a partir de ahí en más. Porque, después de todo, ella sería su hija, su primer hija. Y ellos sus padres, sus únicos y pseudo-perfectos padres. 
Creció, de a poco, como era debido. Con los mejores consejos, con los más tiernos abrazos, y los más detallados cuidados. Se hizo conocer entre sus allegados, se hizo querer. Con sus caprichos, con sus actitudes, fue mimada, y apreciada por todos. Luego fue el momento de dejar de ser única, y regaló un poco de esa atención que atención que le brindaban a sus demás familiares. A quien amó y cuidó con toda su alma. Pero, de todos los parientes "chiquitos" que ella tenía, hubo una en particular, conocida por sus manías y en especial por sus rulos, a la cual no sólo quiso y protegió. Si no que dio todo de ella para que fuese feliz. Si, la misma que está escribiendo esto ahora.

Seamos sinceros, ¿sería yo si no estaría escribiendo algo por el estilo? No, obviamente no. 

Creo que cada día comprendo más, todo lo que haces por mi. Lo que hiciste, y lo que vas a hacer. A veces experimento un poco de ese temor de decir, "¿nos llevaremos bien siempre?", "¿nos cuidaremos y defenderemos, incuestionablemente fieles una a la otra, hasta cuando tengamos ochenta años y vos camines con bastón, y yo tenga la espalda encorvada?". No lo sé, no leo el futuro -todavía-, pero ruego a que sí y te aseguro que voy a poner toda la voluntad para que así sea. 

No sé si alguna vez te lo dije, - mentira, sí que te lo dije, pero es para darle más drama al escrito- pero sos la mejor hermana que una puede tener. Tenés un oído, hija de puta, no te das una idea de lo mucho que me sirve SABER que cuento por vos para todo, y aún así, sé que no me vas a decir lo que espero, estoy segura que es así, al menos la mayoría de las veces. Pero, ¿eso qué importa? El simple hecho de que seas mi hermana me hace necesario el obligarte a escucharme un rato. Tus consejos, puff, no es necesario decirte que encabezas la lista de mis psicólogas más inteligentes, como muchas personas te lo han dicho. Siempre práctica y sin vueltas, mi contraria, mi neceser. Tal vez dicen que los polos se atraen por el hecho de que necesitan alguien que los baje de su extremo (que quede en claro que no me atraes de ESA forma, capa ¬¬). ¿Qué quiero decir con esto? Que siempre que yo exagero, dramatizo, invento, me saco de quicio, me enojo, me idiotizo, siempre tengo a MI HERMANA, a esa que nunca me va a fallar, para bajarme del caballo y ponerme en claro cómo son las cosas. 

Y gracias, gracias por nunca dejar de ser así. Por seguir queriéndome y bancándome, y siéndome leal como muy pocas personas, después de la cantidad de veces que me porte horrible con vos. Trato de evitarlo, te juro, pero a veces es difícil luchar contra la corriente. Aún más si estas en un océano como el pacífico, tenés un huracán de agua enfrente tuyo, y un tsunami a tus espaldas. Digamos que con eso me defino, ¿ves? De nuevo exagerado yo.

¡¿Cómo haces?! (conozco todos tus trucos, y aún así me das que pensar ♪) ¿Cómo haces para que la gente te quiera tanto? ¿Qué carajo tenés, un imán? Con todas esas características tuyas, que al menos yo me veo imposible de admirar. Tu fidelidad con las personas, tu predisposición siempre a ayudar, tu afición a la igualdad de personas, tu a-s-q-u-e-r-o-s-i-d-a-d nata, tu inteligencia, tus palabras graciosas, tu locura, tus formas de hacer reír a la gente y de animar fiestas, tus bailes -quenuncapuedoseguir-, tu admiración al abuelo, y todas tus características SOLAMENTE tuyas. Especiales, y perfectas. Porque sos la hermana perfecta. ♥

Hoy, en tus diecinueve años, te prometo que voy a hacer lo posible para que disfrutes lo que tanto te mereces. Porque bien sabes que no espero a este día en particular para decirte que te amo, solamente, tal vez, es un día lindo y más emotivo que otros. Me hubiese gustado hacer una clase de párrafo de recuerdos, pero mi mente no está funcionando muy bien y querés la compu, como es lógico, porque faltan menos de diez minutos. Al fin y al cabo, todo este palabrerío era por algo, ¿no?

Feliz cumpleaños a la chica más hermosa e ídola de todas. 
Feliz cumpleaños, hermanota de la vida. 

13 de septiembre de 2010

Para saber lo que algo es, primero debes saber lo que definitivamente no es. ~

Another -ilogical and beautiful- Disney's story.

Era una paradoja. Tal cual el Peter Pan de la versión de Disney, alegre y jovial. Y no angustiado y desesperado, como debería ser ante su carencia de un hogar o de algún intenso lazo familiar.

Accidentally in love - Counting Crows!

So she says "what's the problem, baby?", what's the problem I don't know. Well, maybe I'm in love, love. Think about in every time, I think about it, can't stop thinking about it. How much longer will it take to cure this. Just to cure it cause I can't ignore it if it's love. Makes me wanna turn around and face me but I don't know nothing 'bout love, ooh

12 de septiembre de 2010

Paso tras paso se dibuja un camino.

Empecemos por el principio, ¿por dónde más sino? Terminemos por el final, ¿qué otra alternativa se te ocurre?
Las cosas son como son, y hay que seguir un orden. Ladrillo tras ladrillo se forma el muro. Paso tras paso se dibuja un camino. Pero hay ciertas cosas claves, obligatorias. Sé cuidadoso, perseverante. No es fácil el viaje de la vida. Sé sereno, paciente. Conseguirás más de lo que crees. Sé valiente, empedernido. Nadie te quitará lo que buscas, lo que necesitas. Sé tú, tú mismo. Y obtendrás un logro definitivo.

3 de septiembre de 2010

Travelling.-

Más allá de lo que se escucha.
Más allá de lo que se ve.
Una campana suena, te llama. Es la hora.
¿Qué sientes?
¿Qué sientes?
¿No puedes explicarlo? Es lógico, es ilógico.
Despídete, di adiós, hasta luego y comienza el viaje.
Vuela hasta la estación, desprende tus alas.
Se desintegran, te hacen humano un momento más.
Espera el tren, el gran, famoso, y esperando tren.
¿No lo escuchas? ¿No llega?
Parece que quieren torturarte un poco más.
El tiempo de espera se cuenta por pecados.
Segunda tras segundo, no llores.
No volverás a tu hogar, lo sabes.
No intentes vivir una mentira, no podrás.
¿Te arrepientes de algo?
Lo siento, ya es tarde.
Y mamá y papá te están esperando.


Último registro de copia: 17 - 12. Hecho: ?

Pequeña estrella de amor.

Se sostiene en lo alto, sin brillar.
Se hunde en lo profundo, sin formar parte del mar.
Estrella de amor, compañía de la soledad.
Pequeña estrella de amor, te está llamando.
Búscala, tómala. Deja que te haga efecto.
Es difícil, muy complicado.
La quieres, no la obtienes.
Espérala, ya recibirás la visita de tu pequeña estrella de amor.

F: 11-12-09

Las irreflexiones de una mente ajada.

   El mar, el horizonte, eran un misterio. Aquella roca en la que estaba de pie aparentaba moverse al ritmo de las olas. Su rostro, un enigma. Tenía la mayoría del cabello color azabache jugando con el viento sobre sus mejillas, logrando que los únicos gestos que se vieran de su expresión fueran los brillantes y jubilosos ojos grandes de un color zafiro; y la sonrisa ladeada hacia el flanco derecho; casi esculpida por ángeles.
   Cerró los párpados, sintiendo cómo la brisa aún la rodeaba, la refrescaba, la apaciguaba. Esa única e incomparable imagen desechaba todo: los maltratos que había vivido bajo ese vestido blanco, que le habían profanado la pureza y la inocencia; los gritos arrancados desde la garganta del otro, llevados a cabo en un rito de medianoche; los desmerecimientos, las desvalorizaciones, únicas en su clase.
   Aún así ella lo amaba, más allá de todo. Pero amaba al tonto enamorado con el que se había comprometido, y que en algún lugar recóndito de su ser aguardaba con calma, pero no apreciaba en lo absoluto, hasta sentía aversión por ese monstruo infame y aborrecible que había ultrajado al amor de su vida, ese que le había quitado la felicidad tan duramente perseguida.
   Las nubes embaucadoras y ágiles, gríseas ante el anterior azulado mar, se dispersaron por toda su superficie, deteniendo la brisa, las cavilaciones, la paz.
   Su cabello se inmovilizó, su cuerpo se nutrió de plena melancolía, su sonrisa se desdibujó, y se apagó igual que un foco en medio de la oscuridad; sus ojos se desanimaron, sufrieron, gritaron en silencio. Una lágrima se escapó de su retina izquierda, cayó rodando sobre su mejilla, y dijo adiós, desapareciendo por el mentón.

   Y fue todo una confusión, de ahí en más sus lágriomas se perdieron entre las gotas cesantes y ácidas de la lluvia.

1 de septiembre de 2010

Porque todo lo que concernía a Scorpius Malfoy, te llevaba a la palabra sexo.

Preciosa indecisión.

Profetas del amor, nada es lo que aparenta hoy.
Cinco arcángeles van, esparciendo el dolor.
Te pido por favor, no me dejes.
En tus sueños, no te quejes.
A tu infierno, no me lleves.