- Arde tu corazón donde el espanto hiela -

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31 de mayo de 2010

Las memorias de los luchadores, la pasión de los amantes.

La admiró en silencio, escuchando cada una de sus intensas y objetivas opiniones. No se notaba ni un ápice de temblor en su tono de voz, siempre dispuesta y segura en cada paso de su vida. No titubeaba, no se daba lugar alguno a dudas. Toda ella era un espectáculo digno de ver, fantástico, atrayente.
Y ella se dejó caer cansada, guardándose las palabras ante los demás idiotas que estaban allí. Pero él siempre llegaba para apaciguar todo, inclusive a sí misma. Lo observó, y se quedó prendida a sus sabias y aduladoras palabras.
"Júroles que no hay otra mujer con mejores ideales de campaña, y mayor resistencia en su interior", y dicho eso su propio corazón fue obsequiado totalmente. "Propóngoles que abran sus oídos y la escuchen, sabe como tratar este asunto. Todos queremos lo mismo en esta sala, ahora dejen que siga con su discurso sin interrupciones." Y dicho esto, todos hicieron silencio.
Un suspiro se oyó de entre sus labios antes de que aquella conversación continuara, y cada palabra que se arrancaba desde sus propios pulmones parecía llenarla de fuerza. Sabía que también los demás le prestaban más atención, gracias a la luz guiadora del otro hombre.

...

"No era necesario, pero gracias", sus modales no quedaban atrás, jamás. Le obsequió una sonrisa fresca, y triunfadora, aquellas que se esbozaban en su redondo rostro sólo cuando la situación lo apremiaba. Y como en un sueño, prestó minutos de su mente trastornada en revueltas y reformas para él, sólo a él. Y fue feliz, feliz en serio. Como llevaba escaseando hacia semanas ya.
"Ni que lo digas, amor mio. No pude evitarlo." Su aspecto cansado era notorio luego de tantas semanas de juntas, cartas, y conexiones ventajosas. Contrariado al de ella, que jamás perdía su estabilidad de potencia y extraversión.
Un sonrojo apasionado surcó sus mejillas, y bajo un álamo del patio de aquel salón de la Junta Revolucionaria, se despidieron en secreto. Más lo prohibido era sagrado, más lo indebido era lo necesario.

Inspirado en dos grandes de la historia americana.
Manuela Sáenz &; Simón Bolívar.

30 de mayo de 2010

Sunday ~

Hoy las canciones se infiltran más que nunca en la sangre de mis venas. Las melodías parecen llenar de una u otra forma, cubrir cada centímetro de piel. Cada frase, cada golpeteó de sonido, produce un estremecimiento placentero y casi surrealista.
Hoy las frases del último libro leído retumban frescas y recientes, casi vigentes en mi cabeza. Un momento, un personaje, una palabra que debió o no ser dicha. Las historias fantásticas comunican la necesidad de más y más, pero la oración seguida de la palabra final te lo prohíben.
Hoy las aguas sobre mi espalda aliviaron el cansancio, y eliminaron el sudor y la adrenalina de una quimérica guerrera. Luchando día a día, consigo misma. Y me envolvieron en ideas lejanas, que había olvidado, y que creía jamás recordar.


Debe ser que es un Domingo. La única conclusión lógica.

Aunque... no estoy tan segura ahora.

29 de mayo de 2010

Thinking of you.

Tú sabías la verdadera razón de mis noches en vela.
Tú conocías cada una de las cuestiones de mi desesperación.
Tú, si, tú. Eras la clave para mi paz, para mi ameno ambiente.
¿Dónde lo dejaste?
¿Dónde te dejaste?
¿Por qué ahora vives en un mundo de espejo, totalmente contrario al que me tenias tan acostumbrada?
No voy a quejarme. No soy quién para quejarme. Aunque, deberás saber que cada noche, a esa hora en que la noche es clara y blanca como la nieve, que estaré pensando en ti.
Y que ni tú, ni yo, podremos evitarlo.

Déjame caer ante mi último suspiro.
Déjame soñar con no despertar.
Déjame viajar, al lugar donde tú no estas. Donde tu sombra no me torturará.

20 de mayo de 2010

Ciudad de hueso.

- ¿Es ahora cuándo empiezas a romper tiras de tela de tu camiseta para vendarme la herida? – Bromeó; odiaba la visión de la sangre, en especial la suya.

- Si lo que quieres es que me arranque la ropa, deberías habérmelo pedido. – Introdujo la mano en el bolsillo y sacó su estela. - Habría sido mucho menos doloroso. -

[...]

- Ya está .– Anunció él, irguiéndose.

Clary flexionó el brazo maravillada; aunque la sangre seguía allí, la herida había desaparecido, igual que el dolor y el agarrotamiento.

- Y la próxima vez que planees hacerte daño para atraer mi atención, sólo recuerda que una charla dulce hace maravillas. -

Clary notó que la boca se le crispaba en una sonrisa.

- Lo tendré en cuenta. -


Cazadores de sombras: Ciudad de hueso. Capitulo 10.

Cassandra Clare.

5 de mayo de 2010


Un día gris, un día dorado.
Hay algo que me transforma.

Algo que me pone bien o mal.
Algo que no se que es.
Es algo que nos marca,
nos elige y nos guía.
Es algo que en los sueños no esta,
que en la realidad se pierde...
Y que en la locura vive.