- Arde tu corazón donde el espanto hiela -

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17 de junio de 2019

I got a flight in the mornin

Dormía con la expresión tan calma que quiso fotografíarlo; al menos de esa forma podría eternizar aquel estado en sus rasgos faciales, estado que al despertar y enfrentarse con la realidad desaparecería por completo. Era temprano por la mañana. Los rayos de un Sol impío la habían despertado hacía un rato y, sin embargo, no se había movido ni un centímetro de su lugar hundida en el colchón de aquella cama matrimonial. Quería estar allí, asegurarse de que al menos en sus sueños nada ni nadie pudiera herirlo.

Apenas dos días llevaba allí con él, pero parecían una vida entera. La angustia, pensaba, tenía ese efecto de perpetuarlo todo. Se atrevió a llevar una mano hacia sus rizos castaños y enredar un dedo en el medio de un bucle despeinado. Parecía un ángel así dormido, incluso a pesar de las ojeras negras que ni las pocas horas de sueño lograban borrarle y el hinchazón de sus párpados a causa del llanto que procuraba esconderle. Tragó saliva sólo de recordar el momento en que había llegado, la situación en la que lo había encontrado. Aislado, triste, encerrado en su propio dolor.

Abandonó aquel rizo y cerró los ojos, concentrándose en la profundidad de sus respiraciones. No despertaría hasta por lo menos dentro de un rato, y de alguna forma deseaba que no lo hiciera. Tal vez allí, en su mundo onírico, la verdad era otra y el dolor no existía. Tal vez allí la realidad dolía menos, tal vez allí su madre seguía con él. Se movió suavemente prestando atención a la reacción ajena, no quería despertarlo pero ya no quería quedarse entre las sábanas. El estómago le rugía, y pronto sería la hora de que el cuerpo ajeno también pidiera por algo de comida.

Se desperezó sentada al borde de la cama, estirando los brazos por encima de su cabeza hasta que la cara interna de su codo derecho quedó apoyada sobre su cabello. Se ladeó apenas para observarlo una última vez antes de levantarse. ¿Qué podía hacer con ese sentimiento insoportable de impotencia por no poder verlo siendo feliz? Mordió levemente su labio inferior, más por manía que por otra cosa, mientras sus ojos recorrían la silueta invisible que su propio cuerpo había dejado sobre las sábanas y sólo al llegar a sus piernas, se incorporó y abandonó la habitación.

Sabía que no estaban en su mejor momento; la muerte de su madre había ocurrido en el peor momento posible y temía que algo entre ellos se hubiera roto para no recuperarse. Por supuesto que no ponía ese tema de discusión sobre la mesa: junto a los platos y los cubiertos usados había otras cosas más relevantes, por ejemplo el reciente velorio, y también la urgencia de ir a buscar las cenizas al crematorio. La pérdida de Celeste había golpeado profundamente a toda la familia de su novio y ella, ajena y desorientada, no tenía ninguna solución mágica. No la buscaba tampoco, comprendía que era cuestión de tiempo y mucho pero mucho amor.

Encendió la cafetera. En esas últimas semanas de convivencia había aprendido, mínimamente, a preparar un café relativamente decente y a tostar algo de pan sin quemarlo por completo. Se sentó en la mesa de la cocina, apoyando los codos sobre el filo de la misma. Un suspiro se le escapó de entre los labios sin ningún tipo de control, ¿y ahora qué? Era lo único en lo que podía pensar. ¿Cómo seguía aquello? Sabía que debía volver, que sus responsabilidades la esperaban, a horas de distancia, y que su novio querría quedarse en su ciudad natal para llevar a cabo el duelo como correspondía: de la manera más dolorosa, cerca de todos los recuerdos. Ella sólo podía pensar en mantener ese equilibrio entre apoyarlo y no ahogarlo, cuestión excesivamente difícil para alguien con su nivel de intensidad. Se llevó el dedo pulgar a la boca y apretó la uña del mismo entre sus dientes, a la par que perdía los ojos entre las vetas de la madera que formaba la mesa. Por más que meditara y meditara, no había manera de aliviar el malestar ajeno y lo sabía; él quería apartarla de su camino, la expulsaba en cada respuesta y en cada silencio, y aún así lejos estaba de satisfacerlo.

No voy a irme, no voy a dejarte, no me importa cuánto insistas. 

Dijera lo que dijera, aquel era su lugar. Se conocían demasiado bien como para saber cuándo mentían sólo creyendo que así protegían al otro. Recordaba el ataque de ansiedad que le había dado en el baño de su apartamento y cómo había intentado esconder las consecuencias. Recordaba los brazos ajenos rodeándola a pesar de sus gritos y sus pataleos. Esa escena sólo se repetía, pero ahora no había ni gritos y ni patadas. Sólo silencio, como si se tratara de un sueño profundo que no terminaba. Más bien, una pesadilla.

La cafetera se apagó. Quiso incorporarse pero no tuvo la energía ni la motivación para hacerlo, ¿iba a desayunar sola? No, no tenía gracia alguna. Se concentró en los sonidos de la habitación pero no le pareció que su pareja hubiera despertado. Suspiró brevemente, era mejor así. Acomodó los brazos sobre la mesa, entrelazando uno por encima del otro, y posó la mejilla derecha sobre el cruce de los mismos. Tal vez podría dormir un rato más, sólo unos minutos.

Tal vez al despertar encontraría la solución; tal vez ya no habría tanto silencio en la boca ajena; tal vez sus mimos y besos lograrían serenar la sensación de angustia que dominaba el pecho ajeno. O tal vez no, y la pesadilla seguiría extendiéndose.

El sabor de su boca continuaba siendo amargo cuando se despertó media hora después, el cuello le dolía por la pésima posición. Dio pasos pesados hasta la cama, dormida y tensionada. Una vez entre las sábanas, abrazó esa espalda desnuda que se erigía frente a ella. Conocía su respiración cuando dormía, y en ese momento no lo hacía. - Hola mi amor. - lo saludó con la voz repleta de pereza, restregando la nariz justo en el inicio de su columna vertebral. No esperó respuesta alguna antes de pegar su torso al ajeno, enredando los dos pares de piernas.

Estoy aquí, estoy aquí y no me voy a mover. No te voy a dejar.

10 de junio de 2019

Ya no le tengo vergüenza al dolor. Ya no reniego, ni contengo lágrimas, ni reemplazo un "estoy mal" por una falacia. No me oculto detrás de ninguna sonrisa, y acepto lo difícil que es quererte y no tenerte. Lejos de tratarse de una necesidad tonta, de un capricho o una rutina. Cerca del enojo por no estar de acuerdo en muchas cosas. A costas de que no hay otra decisión para nosotros. Sabiendo que tu postura es indescifrable.

No me oculto ni me callo, no me limpio las lágrimas. ¿Cómo podría avergonzarme por quererte así?

2 de junio de 2019

Panqueques.

Che, voy a hacer panqueques. Vienen mis primos también, ¿querés venir? 

La línea que titila al final de la oración me pregunta qué voy a hacer con esas palabras que elegí. La observo, le pido paciencia, como por telepatía le explico el por qué de mi incertidumbre. Parece no entender, sino todo lo contrario. Estoy casi segura de que ahora parpadea con mayor rapidez. Aparece y desaparece una y otra vez y entiendo que me corre el tiempo.

En un mundo donde la tolerancia no existe, donde la paciencia se ha perdido, donde las respuestas deben ser inmediatas pero las preguntas no importan, no sirven, no llegan a nada, en ese mundo se me ocurre hacerte una invitación que entreteje un montón de cosas que ni siquiera puedo explicitar.

No porque me falten las palabras, eso no pasa nunca.

No puedo explicitarlas porque sabemos que la invitación está mal. Sabemos que está pasada por agua, que se basa en una melancolía que busca repetir aquellos momentos en donde no existía. Finjamos un poco que total, este mundo no nos gusta. Juguemos, como niños, a que nada malo pasa, a que nada malo pasa, a que nada malo pasa.

En este juego mi invitación no le hace mal a nadie, en este juego no hay debilidades que se manifiesten ante mi pregunta. Es tan sólo eso, una pregunta.

Che, voy a hacer panqueques. Ya sé que no vas a venir, pero... 

Pero no hay respuesta porque no hay pregunta. Ni siquiera en el juego.

29 de mayo de 2019

Genuina.

¿Te acordás cuando te decía que todo cambio anímico viene acompañado con un cambio físico? Adivina quién dio vuelta la habitación, quién se hizo el piercing de la nariz, quién decidió dejarse crecer el pelo sólo porque le dijeron que le quedaba mejor.

Sí, no es muy difícil poner nombres.

Pareciera ser necesario romper la punta del iceberg, hacerla mierda, dejar que se derrita pero lejos de la estructura, para que la base - y todos sus mambos - se asomen de manera tímida a la superficie. Y sólo así, poder trabajar en eso como corresponde.

Parece que estoy parodiando a Marx.

Alejé todas las cosas que me hacían acordar a vos. Alejarlas implicó devolvértelas de manera indirecta. Estoy pensando demasiado, ¿sabes? ¿Te imaginás qué implica pensar? Bueno, en una pisciana eso también es bastante obvio.

No te estoy diciendo nada nuevo. Me importa poco.

Le dije a mi psicóloga que había ciertas cosas que no tenían sentido, que en vez de pasar las semanas y sentirme mejor, se producía el efecto contrario. Su respuesta hizo que la odiara y quisiera más de lo que ya lo hago: "Tiene sentido porque no te diste lugar a estar mal. Cuando se trata del dolor, Tati, te haces bastante la boluda."

Una copada.

Igual tiene razón. Así que todas las veces que respondo que estoy bien, estoy mintiendo. Y sí, a veces cuando se preocupan no sé cómo reaccionar. Tengo varios segundos donde quedo en shock, porque no sé qué respuesta elegir. Si mentir o decir la verdad. A fin de cuentas es lo mismo. ¿En qué cambiaría?

"¿Qué decís? Si yo siempre estoy bien."

Ahí es cuando descubro qué es la ironía y la empleo, pero es esa que no causa ningún tipo de diversión genuina. Ni siquiera aunque, por fuera, termine riendo.

26 de mayo de 2019

¿Sabes qué es triste?

Ver todos esos sentimientos increíbles siendo tirados al tacho de basura.

22 de mayo de 2019

Cristal.

A la distancia, los recuerdos parecen convertirse en crueles mentiras.

No fue mentira, no lo fue.

Las fotografías se opacan y la memoria se esfuerza en desarrollar esa capacidad dañada por las tecnologías.

No fue mentira, no lo fue.

Hay un vacío en el trascurrir de los meses. Las imágenes mentales intentan autodestruirse tomándose turnos para ello.

No fuimos mentira.

No lo fuimos.

Aunque ahora todo parezca de cristal.

12 de mayo de 2019

Empujabas.

Me empujabas hacia adelante,
siempre,
incluso con mi miedo.
Me empujabas hacia adelante,
soplabas
palabras de aliento.
Me empujabas, con las dos manos,
a veces
también con la cabeza.
Me empujabas hacia adelante,
cubrías
mi espalda de los terrores.
Me empujaste hacia adelante,
sin ver
el acantilado que me esperaba.

21 de abril de 2019

Location - Khalid.

Send me your location.
Let's focus on comunicattin'.
I just need the time and place to come through.

Llamó. Probablemente la llamada ni siquiera alcanzó a convertirse en notificación. Hay cosas de las que es mejor arrepentirse a tiempo. Está lloviendo afuera, pero en silencio. Los sonidos parecen haber sido tragados por la tierra. Hay una rama moviéndose contra la ventana, sólo se ve una sombra triste y ciertamente espeluznante. Quiere salir a buscarlo. Hablar las cosas con la claridad que no se tuvo. En vez de eso, respira y calla.

Send me your location.
Let's ride the vibrations.
I don't nothing else but you.

Aleja el teléfono. Lo mira, después lo ignora. El cuerpo le tirita ligeramente. ¿Qué pasa si la llamada se volvió notificación? Se muerde las uñas con dificultad, los dedos también le tiemblan. Sí, quiere ir a buscarlo, y escucha a sus deseos con atención aunque sepa que no va a obedecer. No va a sucumbir. Vibra, y por un momento espera que sea su teléfono pero no. Es su torso que, por consecuencia, sacude todas sus extremidades. Eso no estaría pasando si estuviera allí. Si estuvieran bajo la sombra de unos árboles parisinos.

At times I wonder why I fool with you.
But this is new to me, this is new to you.
Initially, I didn't wanna fall for you.

No tiene respuestas porque las preguntas están dirigidas a unos quince minutos de distancia. Depende del transporte, pero aproximadamente. Los recuerdos caen pero todo parece surrealista y con tiempo indeterminado. Las eternidades que se suceden en un segundo y todo pierde sentido.

Gather my attention it was all for you, so don't
take advantage, don't leave my heart damaged
to understand that things go a little bit better when you plan it

Todo cambió desde que eran un cíclope, y al mismo tiempo, nada. No el deseo de seguir siéndolo, al menos. De mirarse y convertir sus pares de ojos en uno solo. Pero el dolor... El dolor. El miedo. La decepción. Y quisieran poder adivinar el futuro, como si así doliera menos. Como si la incertidumbre pudiera ser erradicada. Y no. Quizás habría que haber planeado todo, aunque, de ser así, ¿dónde quedaba el disfrute de lo espontáneo? Lo tuvieran o no.

Nothing else.
But you.